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El alza del precio del alquiler, freno a la emancipación de los jóvenes: «Si no viviese con mis padres, me sería imposible ahorrar»

Casi 150.000 jóvenes gallegos viven con sus padres pese a tener trabajo

Es la cifra más elevada desde 2010, en plena crisis económica mundial tras la caída del banco Lehman Brothers

Un grupo de jóvenes realiza una mudanza en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra)

Un grupo de jóvenes realiza una mudanza en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) / Iñaki Abella

Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

«Si no viviese con mis padres, para mí sería imposible ahorrar». Quien habla es Eva Otero, una joven de 26 años que, a pesar de tener un trabajo estable en una gestoría de Pontevedra, a diario cubre el recorrido que separa la ciudad del Lérez de Cangas, donde reside en la casa familiar. Su situación no es una rara avis en la sociedad gallega, o al menos así se desprende de la Enquisa Estrutural de Fogares publicada ayer por el Instituto Galego de Estatística (IGE) que apunta que más de la mitad de los jóvenes gallegos de entre 18 y 34 años continúan viviendo con sus progenitores a pesar de percibir ingresos por su trabajo.

Concretamente, al cierre del pasado año, 146.534 jóvenes se encontraban en esta situación, según las cifras del órgano estadístico, la mayoría de ellos —90.000— después de haber estado trabajando y, por tanto, percibiendo un sueldo durante todo el año. Esto supone la cifra más elevada registrada en la comunidad desde 2010, cuando en plena crisis económica mundial tras la caída del banco Lehman Brothers más de 150.000 gallegos de entre 18 y 34 años residían en casa de sus padres pese a contar con un contrato laboral.

A pesar de que en estas cifras existe cierta influencia cultural del sur de Europa, donde a diferencia del norte los padres no tienen tanta prisa porque sus hijos se emancipen, vienen muy marcadas por la situación en la que se encuentra el mercado residencial del alquiler en este momento. «Compartí piso en Pontevedra casi dos años, pero cuando mi compañero se marchó tuve que volver a casa. No podía asumir yo sola el precio del alquiler», explica Otero, que asegura que cuando se vuelva a marchar será ya con una vivienda en propiedad: «Estoy pensando en comprar. Cuando me dé para pagar la entrada de un piso me marcharé, hoy en día es más barato pagar una hipoteca que un alquiler en una ciudad como Pontevedra».

Según las cifras del Observatorio Galego da Vivenda, entre 2020 y 2024, el precio medio de un arrendamiento en la comunidad se incrementó un 26,4%. Vivir en la casa familiar, en la mayoría de casos, exime a los jóvenes de tener que abonar rentas y reduce significativamente los gastos en alimentación. Así, según se desprende del análisis del IGE, la tasa de riesgo de pobreza —que representa el porcentaje de personas con un ingreso equivalente o inferior al 60% de la mediana de ingresos— es siete puntos inferior para los jóvenes que residen con sus padres (13,2%) que para los que ya se han emancipado (20,6%).

Así, más del 40% de los jóvenes en este rango de edad reportan «dificultades» o «muchas dificultades»para llegar a final de mes.

En términos generales, al margen de que tengan trabajo o no, el 62% de los jóvenes gallegos de entre 18 y 34 años reside en casa de sus padres. 261.322 personas de este rango de edad no han abandonado todavía la casa familiar, según reporta el órgano estadístico. Así las cosas, a lo largo del pasado 2024, la edad media con la que los jóvenes gallegos dieron el paso de independizarse rondó los 30 años.

Los hogares envejecen

A tenor de los datos del IGE, estadísticamente, existe casi la misma probabilidad de que estos jóvenes que no logran emanciparse convivan, además de con sus padres, con algún abuelo que con un hermano menor de edad.

Así, en el 43% de los hogares de la comunidad reside alguna personas mayor de 65 años, si bien en el 25% de ellos todos los convivientes se encuentran en este rango de edad. De este modo, en el 18% de las viviendas gallegas conviven diferentes generaciones, al menos padres y abuelos, mientras que en el 19% de los hogares reside al menos un joven menor de 16 años. Un dato que da fe del proceso de progresivo envejecimiento en el que se encuentra la población de la comunidad y del, cada vez, más escaso número de menores de edad.

Otra variable que corrobora esta situación es la de la edad media de la persona que económicamente sustenta el hogar. En 2024, este individuo promediaba los 57 años, durante la crisis económica de 2008 era cinco años inferior.

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