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Ni un retorno inmediato ni un adiós definitivo: la Venezuela que espera en Galicia

La captura de Nicolás Maduro tras la intervención militar de EEUU ha reavivado la esperanza entre los venezolanos asentados en Galicia. Sin embargo, es pronto para saber si ese giro político será suficiente para desandar un éxodo que para muchos se ha transformado ya en un proyecto de vida lejos de su país.

Un joven en la concentración celebrada el pasado domingo en Santiago

Un joven en la concentración celebrada el pasado domingo en Santiago / Antonio Hernández

Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

La situación económica, social y política que Venezuela atraviesa desde hace años ha provocado la marcha del país de casi ocho millones de personas, buscando una vida mejor desde el punto de vista económico y social, aunque también, en algunos casos, lejos de un entorno sociopolítico que podría comprometer su seguridad.

Sin ir más lejos, entre 2021 y 2023, los últimos años sobre los que el Instituto Galego de Estatística (IGE) cuenta con datos, a Galicia llegaron 16.485 venezolanos. Muchos de ellos descendientes de gallegos que, sobre todo, durante la primera mitad del siglo XX cruzaron el charco en un camino inverso escapando de la Guerra Civil y de la miseria de la posguerra.

En estos momentos, según los datos de los órganos estadísticos a 1 de diciembre de 2025, en la comunidad residen 27.586 venezolanos, de los que buena parte asistieron «con emoción» a la intervención militar llevada a cabo este fin de semana por el Gobierno de los Estados Unidos en Caracas y que ha permitido la captura de Nicolás Maduro.

«Somos conscientes de que es solo un primer paso y de que, quizás, en Europa es difícil de entender que celebremos la entrada de otro país en Venezuela por las armas. Pero claro, ¿cómo lo van a entender si no han vivido el hambre y las penurias que pasamos allí?», apunta Francisco Javier Salas, un octogenario venezolano que lleva 11 años residiendo con su esposa en Galicia, asentado en el municipio coruñés de Brión, desde donde dirige la asociación que aglutina a sus compatriotas en el entorno de la capital gallega.

La operación llevada a cabo por Donald Trump, ilegal a todas luces desde el punto de vista del derecho internacional, abre «un rayo de esperanza» para esta creciente comunidad en Galicia que desea un cambio del rumbo político de su país. Sin embargo, ¿supondría el fin del régimen chavista el regreso de estos venezolanos a su país de origen?

La respuesta no es unívoca, ya que en la diáspora venezolana asentada en Galicia conviven expectativas, cautelas y renuncias (casi) definitivas, muy condicionadas por la edad, el tiempo de residencia en la comunidad y los lazos familiares existentes a ambos lados del Atlántico. La intervención norteamericana abre un nuevo escenario, pero no borra de un plumazo los proyectos de vida reconstruidos lejos de Venezuela.

«Tengo esperanza, sobre todo por mis hijos»

Es el caso de Concepción Naveira, de 75 años y residente en A Coruña. «Yo todavía tengo mi casa allá, no la he vendido ni la he alquilado, está cerrada», explica. Sin embargo, el aciago recuerdo de sus últimos años en el país caribeño y su avanzada edad no apoyan la idea de emprender un viaje de retorno. «Regresar sin una pensión o sin un negocio, a los 75 años, es muy complicado», señala. Su ilusión está puesta en las posibilidades que se abren para sus hijos: «Tengo esperanza, sobre todo por mis hijos, pero todo dependerá de cómo se resuelva la situación. Aún es pronto».

Regina Balebona, venezolana residente en Santiago

Regina Balebona, venezolana residente en Santiago / Cedida

Esa idea de espera es compartida por buena parte de la colectividad. Regina Balebona, portavoz del grupo La Guacamaya en Santiago, pone cifras y perfiles a esa diversidad de posturas. «Entre los que llevamos más de diez años en Galicia, con hijos y nietos nacidos aquí, no existe una intención real de volver a vivir allá», señala. En su caso personal, el retorno permanente está descartado. «Mis hijas y mis nietos están aquí, también mi madre. Yo iría a Venezuela de vacaciones, para ver a la familia, pero no me veo retornando», sentencia.

Distinta es la percepción entre quienes llegaron más recientemente. «Las personas que llevan uno, dos o tres años aquí sí tienen deseos de regresar», asegura Balebona. Según su relato, muchos de ellos atravesaron procesos de asilo, trabajos precarios y falta de permisos laborales, lo que alienta el retorno: «Han pasado situaciones muy duras y su familia allá les pide que regresen». El freno, en su opinión, sigue siendo el mismo: la seguridad. «El temor a que los detengan si vuelven mientras siga el gobierno actual es inmenso».

«Si hay una apertura económica y democracia, los venezolanos van a regresar en masa»

Más allá del tiempo que llevan en Galicia, la variable generacional también pesa. Balebona destaca la situación de los gallegos retornados de edad avanzada. «Muchos trabajaron toda su vida en Venezuela y hoy tienen una pensión ridícula, de uno o dos dólares. Allá no hay sistema sanitario. No se atreven a regresar porque aquí, al menos, tienen una pensión mínima y cobertura sanitaria», reflexiona.

Fernanda Ruiz, venezolana residente en Vigo

Fernanda Ruiz, venezolana residente en Vigo / Cedida

Fernanda Ruiz, presidenta de la Asociación de Pensionados de Venezuela en Galicia y residente en Vigo, ratifica este diagnóstico. «Nuestro colectivo es casi en un 80% de gallegos retornados de edad avanzada. Esa gente ya no regresa», afirma con rotundidad. «Las condiciones sanitarias y sociales no están dadas y van a tardar muchos años en reconstruirse», vaticina. Sin embargo, su pronóstico cambia con los venezolanos más jóvenes residentes en la comunidad: «Vinieron para poder comer y mandar comida a su familia, esa gente sí regresaría, yo diría que casi en un 90%». Eso sí, para que ese panorama sea viable quedan muchos pasos todavía por dar, ya que «ahora han capturado a Maduro, pero tiene que salir todo el régimen para que sea una opción».

Ruiz está convencida de que, en términos generales, si se consolida el cambio político, el retorno será masivo. «Venezuela es un país riquísimo, con petróleo, minerales, turismo... Si hay una apertura económica y democracia, los venezolanos van a regresar en masa», opina. En su caso personal, con 55 años y 15 residiendo en Vigo, tampoco cierra la puerta: «No puedo decir de este agua no beberé. Amo mi país, mi clima. Probablemente mi vejez la pase en Venezuela».

Rocío Ruiz, venezolana residente en A Coruña

Rocío Ruiz, venezolana residente en A Coruña / Cedida

Rocío Ruiz, residente en A Coruña desde hace 18 años, introduce un matiz clave: el tiempo. «La captura de Nicolás Maduro es solo el inicio del proceso de transición. Debemos esperar a ver cómo concluye», apunta, ya que existe en el país caribeño «una red muy compleja en la que están involucrados ejército, narcotráfico, guerrilla y potencias extranjeras. Maduro es una pata importante, pero no la única».

En su caso, a priori, el regreso definitivo no está en sus planes. «Mi hijo hizo su vida aquí, es ingeniero, trabaja en Zaragoza. Yo volvería de visita». Si bien con su pasado como trabajadora petrolera en el país caribeño, asegura que ese sector podrá terminar siendo el billete de vuelta para muchos jóvenes venezolanos: «Una persona que lleva dos o tres años aquí, sin terminar de encajar laboralmente, en cuanto vea que la industria petrolera se levanta, está armando maleta».

Pese a las diferencias, todas las voces coinciden en un punto: sin democracia real no hay retorno posible. «No vamos a esperar a que el país esté reconstruido», resume Fernanda Ruiz. «Con que se restablezca la democracia, que no te metan preso y haya un mínimo de seguridad, la gente va a empezar a regresar», sentencia.

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