La presidencia contra reloj de Carmela
La alcaldesa de Burela abre una nueva etapa al frente de la Diputación de Lugo que es a la vez una oportunidad y un reto: en solo un año de mandato debe convencer a propios y ajenos de que ella puede ser el futuro del socialismo lucense

Carmela López (Burela, 1982), toma posesión en Lugo. / Carlos Castro

El PSdeG parcheó ayer el primer agujero del caso Tomé: la presidencia de la Diputación de Lugo. En el fondo, era el problema más sencillo, una vez hubo cierto consenso entre socialistas y nacionalistas —y el propio Tomé— en que Carmela López era la opción ideal. La alcaldesa de Burela recibió los nueve votos del PSdeG, los tres del BNG y el de Tomé, un total de 13 frente a los 12 de la alternativa del PP. Hasta ahí la parte sencilla de la operación.
Porque ahora falta por cubrir el otro boquete que abrió el escándalo de los acosos en el socialismo lucense: el liderazgo orgánico —es decir político—. Es cierto que el regidor de Monforte no fue un barón omnipresente ni todopoderoso al uso como Cacharro o en menor medida Besteiro, pero lo cierto es que, como veterano de la política, Tomé sí supo usar los resortes de la Diputación para mantener cierto control sobre la provincia. Su caída deja al partido sin timón en el territorio, lo que puede agravar la guerra de guerrillas en la que están inmersas las distintas corrientes socialistas: los besteiristas, los críticos y los de Tomé, a los que habría que sumar algún que otro verso suelto.
Carmela López tiene ahora las herramientas para, cuando menos, evitar la implosión del PSdeG en Lugo y abrir una nueva etapa. Suyo es el bastón de mando de San Marcos, y de él cuelga la llave de una caja con un presupuesto de 135 millones de euros.
En su entorno afirman que tiene capacidad para asumir el reto y llevarlo a cabo con éxito. Pero los plazos en política son caprichosos y la alcaldesa de Burela tiene que hacerlo en tiempo récord. Entre el aterrizaje y la adaptación, a Carmela López le queda un año para convencer a la provincia, especialmente a los suyos, de que se puede convertir en la nueva referente del socialismo lucense. Si es que quiere.
Pero si no lo logra, su aventura en la política provincial puede pasarle factura, incluso a nivel municipal, un ámbito que no puede descuidar en estos meses que tiene por delante ya que gobierna Burela en minoría y con la marca PSOE a nivel gallego y estatal en horas muy bajas. De su trabajo dependerá que su paso por la Diputación deje huella en la provincia o, simplemente, un retrato colgado en la pared del Pazo de San Marcos.

Foto de familia de la nueva etapa de la Diputación. / Carlos Castro
Política de la nueva hornada
A favor de Carmela López Moreno (Burela, 1982) juegan su ilusión, sus ganas y la fuerza que da la juventud. Titulada en informática, madre de dos hijos, es una política de la nueva hornada, capaz de sentirse más cómoda en las redes sociales que en el salón de plenos, lo que la conecta con el voto joven. De hecho, cuando ganó las elecciones en Burela en 2023 se tatuó el número de votos logrados, 1.635, como un "recordatorio diario del apoyo" recibido de su pueblo. Porque Carmela López también tiene un gen populista, en el sentido orozquiano del populismo, que le permite moverse con mucha naturalidad entre la gente y ganar en las distancias cortas. Es más de calle que de despacho.
Llegó a la política desde la empresa privada, en concreto una firma local del sector pesquero, puro ADN burelés. Tiene fama de trabajadora y de dialogante, pero también de ser una persona con carácter, algo vital para el liderazgo pero peligroso en política.
En su contra juega, además del calendario, su poca experiencia en política, ya que debutó en 2019 como concejala de Servicios Sociales y de Mar de la mano de Alfredo Llano. Eso sí, fue el mandato de la pandemia, lo que supuso un máster acelerado de gestión pública.
De arranque, ella no era favorita para ser candidata local en 2023, pero cuentan voces del partido que fue Tomé quien medió y confió en Carmela López. Algo parecido a lo que ocurrió ahora en la Diputación, donde al principio nadie contaba con ella, pero ser la tercera vía, ajena a los dos bandos más enfrentados, la situó como opción de consenso. Ahí, Carmela López exhibió otra de sus armas: una capacidad casi innata para sortear los grandes charcos de la política.
Ahora, igual que ocurrió en su día en Burela, Carmela López también tuvo el aval de su predecesor Tomé para presidir la Diputación. Y ese factor puede ser a la larga otro dolor de cabeza para ella: que la vinculen demasiado a una figura tan cuestionada como la de Tomé, de cuyo voto dependerá para todo en su gestión diaria. Y si él tiene aspiración de volver algún día a ser algo en la provincia, tampoco dejará que se consolide su sucesora tendiéndole una alfombra roja.
Y así, en esa jungla en la que lleva tiempo convertido el PSOE lucense, empieza la nueva era de Carmela. Hoy es el día 1 de su presidencia contra reloj.
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