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Plantar un huerto como vía para aprender en prisión

‘Sembrar educación, cosechar futuro’. Con este proyecto multidisciplinar que pone la naturaleza y la enseñanza en el centro, la escuela para adultos de la prisión de Teixeiro, con en torno a 500 alumnos, se hizo con el primer premio que otorga cada año la Associação Portuguesa de Educação nas Prisões

El 13 de octubre el alumnado se puso manos a la obra con la plantación

El 13 de octubre el alumnado se puso manos a la obra con la plantación / Cedida

Belén Teiga

Belén Teiga

Santiago

Tras los cuatro muros del Centro Penitenciario de Teixeiro, los reclusos levantan con sus propias manos un huerto. No es una plantación al uso, pues allí no solo se aprende a cosechar o cuidar las plantas. El latín, la economía, la comunicación, las matemáticas, la historia o la informática se cuelan también entre la tierra y las semillas para fomentar la educación, la cooperación y el trabajo en equipo.

Con el inicio del curso escolar presente, el pasado mes de septiembre, el equipo docente del Centro Público de Educación y Promoción de Adultos (Epapu) de Teixeiro recibió una singular propuesta. La Unesco los invitaba, al ser la única prisión de España miembro de su Red de Escuelas, a presentar un proyecto para celebrar el 13 de octubre, fecha que se quiere establecer como día internacional de la educación en prisión, coincidiendo con la efeméride en la que en el año 1989 el Consejo de Europa adoptó una recomendación pionera sobre la educación en las prisiones.

El director del centro, Carlos, comentó la oportunidad a sus compañeros y Ana tomó la iniciativa —no facilitan su apellido por cuestiones de seguridad—. Así fue como, con el apoyo de todo el resto del claustro, formado por doce personas, empezó Sembrar educación, cosechar futuro, «un proyecto interdisciplinar entre todas las materias en el que el eje central sería la creación de un huerto urbano». «Se convirtió en un recurso educativo en el que participaron todas las materias», explica Ana, a la vez que detalla que en el proyecto está involucrado todo el alumnado de la Epapu, en torno a 500 estudiantes, un número que va variando en función de las distintas situaciones que pueda vivir la población reclusa.

«Es un proyecto interdisciplinar entre todas las materias en el que el eje central sería la creación de un huerto urbano»

Ana

— Docente en la Epupa de Teixeiro

Mientras que en las asignaturas científicas el alumnado elaboraba infografías sobre las distintas verduras y en latín estudiaban su nombre científico y evolución, en las enseñanzas básicas conocían las diferentes partes de las plantas y decoraban macetas. El trabajo aún iba más allá. Desde un estudio de viabilidad económica del huerto al diseño, por parte de los estudiantes de TIC, de una aplicación a través de la que podían comprobar cómo evolucionaba el huerto, midiendo la temperatura o la humedad.

Con la mente puesta desde un inicio en el 13 de octubre, día en el que tenían que llevar a cabo la actividad principal del proyecto, los estudiantes juntaron esfuerzos para, en esa señalada fecha, ponerse manos a la obra con el huerto. Las semillas, las macetas, las regaderas y, por supuesto, ellos mismos se convirtieron en los protagonistas. «Pusieron las plantas y se encargan de regarlas, cuidarlas y demás, algo que les encanta. Siempre están preguntando cuándo pueden salir al huerto y cuándo les toca. Al final, es un día diferente para ellos» relata Ana.

Un estudiante aprende las partes de una planta

Un estudiante aprende las partes de una planta / Cedida

Lo que no sabían por aquel entonces era que el huerto aún les iba a traer más cosas positivas. Con motivo del 13 de octubre, la Associação Portuguesa de Educação nas Prisões (APEnP) convocó, como cada año, el concurso DIEP, y Sembrar educación, cosechar futuro consiguió el primer premio. «Reafirma la educación como camino de libertad, dignidad y futuro», señala la entidad otorgante, que destaca «el mensaje inspirador que hace florecer de dentro para fuera los muros de la institución penitenciaria».

El proyecto per se ha concluido, pero Ana apunta que «el huerto continúa». «Funcionó muy bien y los anima. Quién sabe si a lo mejor el año que viene se complementa con alguna cosita más que ya tenemos en mente», declara a EL CORREO GALLEGO.

Un centro referente

Este no es el primer premio que gana la Epapu de Teixeiro, que está situada, dentro de la prisión, en un módulo que se utiliza solamente para cuestiones socioculturales. Ya se hicieron con otros dos reconocimientos, el Miguel Hernández —con el proyecto Anoca —y el Vicente Ferrer, que busca conocer de primera mano la situación de la educación para el desarrollo en el ámbito de la educación formal.

Esta escuela, explica su director, ofrece dos tipos de educación: la reglada y la no reglada. De la primera forma parte la educación básica, la ESO y el Bachillerato. En la segunda, detalla Carlos, destaca el español para extranjeros, donde «siempre hay matriculado bastante alumnado». Además, el pasado año, junto a la Escuela Oficial de Idiomas de A Coruña, comenzaron a ofrecer cursos para poder obtener titulaciones oficiales de inglés. Aprobaron todos los reclusos que se presentaron.

En los pasillos de la Epapu luce un corcho explicativo sobre distintas cuestiones del huerto

En los pasillos de la Epapu luce un corcho explicativo sobre distintas cuestiones del huerto / Cedida

Ahora, esperan poder conseguir un aula mentor, un programa de formación flexible y con tutorización que solicitaron hace cuatro años y que, parece, el Ministerio de Educación ha retomado ahora. «Es algo que nos gustaría mucho tener», señala el director de la Epapu.

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