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Chisco Lema, veterinario experto en lobo: "Hay manadas especializadas en cazar perros"

La pérdida de tres canes en batidas en el rural de Santiago genera alarma entre los cazadores, pero la ciencia y la historia confirman que siempre fue así: "Es una presa fácil"

Lobo en la Costa da Morte.

Lobo en la Costa da Morte. / Chisco Lema

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Aunque el lobo (Canis lupus) y el perro (Canis lupus familiaris) comparten un antepasado y siglos de historia común, solo separados por una diferencia evolutiva (domesticación), el maridaje entre ambas especies nunca fue sencillo. Desde las grandes disputas de mastines protectores de ganado y lobos, hasta los ataques a canes encadenados para comer en tiempos de escasez, pasando por las batidas cinegéticas o el oportunismo de matar y devorar un perro de caza que vaga solitario por el monte... En el fondo, la historia está repleta de ejemplos de esa relación conflictiva.

Por eso, la reciente decisión de un grupo de cazadores del Tecor Castromaior-A Gracia, que gestiona 5.700 hectáreas en la zona rural de Santiago, de suspender sus batidas y salidas al monte tras la pérdida de tres perros por ataques de lobo en lo que va de año tampoco debe sorprender tanto. No son los primeros perros que devora el lobo ni serán los últimos, como reconocen los propios cazadores, que sin embargo detectan un incremento de esos ataques y, sobre todo, de su proximidad a las viviendas. Y esa es la alerta que lanzan a las autoridades.

Lo que ocurre es que este viejo debate alrededor del lobo, en tiempos de polarización extrema y redes sociales, deja de ser una discusión de taberna para convertirse en un auténtico incendio social. Un exceso de ruido que no ayuda a nadie y que para apagarse necesita voces expertas y autorizadas, informes científicos y datos rigurosos. Y en el caso del lobo en Galicia, una de esas voces es la de Francisco Javier 'Chisco' Lema.

Collar de un perro devorado por un lobo en O Deza.

Collar de un perro devorado por un lobo en O Deza. / FDV

"Abaten un pastor alemán"

A este veterinario de Corcubión le gusta definirse como "aficionado al lobo", aunque en realidad es todo un experto tras años de seguimiento y estudios sobre el terreno, especialmente centrados en las poblaciones de la Costa da Morte. Bajo su experiencia, afirma con rotundidad que este fenómeno de lobos comiendo perros de caza no es nuevo ni reciente.

"Los perros están en el espectro alimentario del lobo desde siempre", asegura. "Lo que es nuevo es que tenemos más capacidad para tener datos de esos ataques", añade. Por un lado, porque los perros de caza están geolocalizados con collares, "así que los pueden encontrar después de los ataques y así se tienen evidencias de que fueron presa de los lobos". Tiempo atrás esto no era así: cuando faltaba un perro de caza en una batida, simplemente se asumía que desparecía en el monte. Sin más.

"Hace diez años, haciendo seguimiento de lobos en la Costa da Morte, ya encontré indicios de esta práctica de los lobos en esas zonas perirrurales. Incluso mataron perros del tamaño de pastores alemanes", relata Chisco Lema, que recuerda que un lobo con año y medio o dos, tras aprender con la manada, "no tiene ningún problema en abatir perros del tamaño de un pastor alemán". Así que un beagle, un sabueso o un grifón son presa fácil.

Perro atacado por lobos en Santiago.

Perro atacado por lobos en Santiago. / Cedida

"Hay cierta especialización"

Para entender bien este comportamiento del lobo hay que pisar el terreno. "En los montes hay una especie de autopistas que utilizan los animales para desplazarse. Si pasan jabalíes o corzos, los lobos suelen ir detrás. Al final, los perros de caza siguen estos rastros y pueden acabar entrando en el territorio de un lobo", dice el veterinario de Corcubión. Cuando un perro se interna en esa zona de descanso del lobo, que de día suele estar escondido, pues aprovecha y puede depredar al perro porque se activa ese instinto. "Que sea de día y un lobo esté escondido no significa que no vaya a cazar un perro si entra en su terreno. No le va a tener miedo". Y eso es lo que ocurre con los perros de caza. "El lobo es un cazador oportunista que incluso no tiene problema en comer carroña".

Pero la verdadera pregunta que hay que hacerse en este contexto es la siguiente: ¿Es el perro ya una presa habitual del lobo en Galicia?

La respuesta es muy gallega: no y sí. No, porque el porcentaje que puede representar el perro en la dieta del lobo es testimonial, casi ridículo. Pero ojo, porque en determinadas zonas de Galicia, sí puede tener más peso, hasta el punto de que las manadas hayan adquirido ya cierta especialización en matar y devorar a sus primos domésticos.

"Creo que sí existe una especialización de determinados individuos o manadas de lobos en la caza de perros", zanja Chisco Lema. "Hace años hice un seguimiento y corroboré esa especialización, en este caso sobre potros porque era una zona donde había caballos en el monte. E incluso abatían caballos adultos. Así que en una zona donde pasan perros con frecuencia, los lobos se habitúan y se especializan en su captura".

Así lo relatan algunos cazadores, que aseguran que hay lobos que siguen a los perros a una distancia prudencial y esperan a que, al final de la jornada, estén más cansados para darles caza.

"Y también hay casos de ataques a mascotas, perros que paseaba gente", recuerda Lema desde Corcubión. Es algo que se puso sobre la mesa en un reciente congreso sobre el lobo en Países Bajos. "En algunos sitios de Europa preocupa esa especialización alimentaria. En Galicia se relataron varios casos. Sobre lo que sí hay confirmados casos es sobre los perros que permanecen atados en el rural, porque son presas más fáciles".

Lobos en Galicia.

Lobos en Galicia. / Chisco Lema

"Es más fácil un perro que un jabalí"

Chisco Lema hace otra aclaración relevante. "La especialización del lobo en la caza de perros es algo que depende sobre todo de la zona y la época". "La alimentación de las manadas depende de lo que tienen en el monte; hai zonas donde se especializaron en comer restos de animales que tira el ser humano en el monte y supone el 60% de su comida. En determinadas zonas son hábitos que pueden estar relacionados con un descenso del ganado por el abandono rural: sin ganado, siempre es más fácil cazar un perro que un jabalí o un corzo en plenitud de forma física", explica. Y esa práctica pasa de generación en generación. Lo que puede empezar como una acción de un lobo a nivel individual un día, por pura casualidad, puede acabar convirtiéndose en un modus operandi de todo el grupo.

"Cuando un ejemplar caza por azar u oportunidad un perro, está en cierto modo aprendiendo algo y enseñando también al resto de la manada. Los cachorros, que nacen entre finales de abril y junio, ya salen en otoño con los adultos a cazar y van asimilando todo. Si están dentro de un territorio de caza y son frecuentes los perros, van a adquirir esa costubre de cazarlos", concluye.

Y eso es posiblemente lo que está pasando en algunos sitios de Galicia y España. Lo que ocurre es que hoy, en el mundo de la hiperconexión, todo está grabado en algún móvil y difundido por la redes sociales, lo que convierte en extraordinario algo que seguramente no lo es. Y además, hay otro factor que amplifica casos como los recientes de Santiago. "Hoy, tanto cazadores como particulares tienen un sentimiento más profundo hacia sus animales. Los perros, sean de caza o mascotas, son una parte más de la familia". Su pérdida genera un gran impacto sentimental y pone en el punto de mira al lobo, que en el fondo, lo único que hace es lo que lleva haciendo toda la vida: comer y sobrevivir.

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