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Menos mochila y más confort en el Camino

En un nuevo año con récord de peregrinos, las pernoctaciones en los albergues públicos de la Xunta registran un descenso del 20% con respecto al 2015

Una peregrina se saca una foto en la entrada de Santiago por San Lázaro

Una peregrina se saca una foto en la entrada de Santiago por San Lázaro / Jesús Prieto

Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

En el pasado mes de octubre, el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, recibía en la praza do Obradoiro a Jairo Forero, un ciudadano colombiano de 70 años que venía de recorrer el Camino Portugués desde Baiona junto a su hijo Nicolás en memoria de su esposa fallecida. Su llegada a Compostela suponía un hito histórico para la comunidad y para la ruta de peregrinación: era el peregrino 500.000 del año.

Todavía restaban dos meses y medio para el fin de año y Galicia sabía que había batido ya el récord histórico anual de compostelas expedidas. Hasta el 31 de diciembre por las oficinas de la rúa Carretas pasarían a estampar la última credencial del Camino otros 30.000 peregrinos, alcanzando la cifra de 530.993, un 6% más que en el año inmediatamente anterior cuando ya se había rozado el medio millón de peregrinos.

Estos datos contrastan con los niveles de ocupación registrados en los albergues públicos del Ejecutivo gallego. Según los datos de Turismo de Galicia, a lo largo del pasado año, en la red de más de 70 hospedajes en las diferentes rutas de peregrinación se habían contabilizado 266.250 pernoctaciones. Esto son 12.000 más que en el año anterior. Sin embargo, si se amplía el foco —en comparación con el año 2015—, esta cifra supone un descenso del 20% en las pernoctas registradas en estos centros cuando en aquel año únicamente habían llegado 262.000 peregrinos.

¿El motivo? La popularidad que ha ganado el Camino de Santiago, sobre todo tras la pandemia, ha traído consigo una eclosión comercial alrededor del mismo con nuevos albergues privados, servicios de paquetería —que se encargan de transportar las mochilas de los peregrinos desde el inicio hasta el final de la etapa— e, incluso, clínicas de fisioterapia especialmente dirigidas a las personas que cubren la ruta de peregrinación.

El caminante busca un mayor confort y no duda en hacer noche en hoteles, viviendas de uso turístico y albergues privados cuyo coste es mayor, pero otorga unas comodidades de las que no disponen la red de albergues públicos.

Además, la creciente popularidad de la ruta en el extranjero que ha logrado atraer más del doble de peregrinos, con respecto a 2015, provinientes de países como Estados Unidos, Australia o China ha logrado atraer a un perfil de viajero de mayor poder adquisitivo que realiza un mayor desembolso mientras cubre la ruta.

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