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Las prisiones gallegas, al borde del colapso: la población reclusa crece en cinco años más de un 20%

Son diez puntos más que la media en el conjunto del país

¿Qué hay detrás de este aumento? Reincidencia, aumento de delitos patrimoniales, contra la seguridad vial y la violencia de género, junto con el traslado de presos de otras comunidades a los penales de Galicia

De los más de 3.600 internos en la comunidad gallega, casi 900 son extranjeros: se trata de un perfil que aumentó un 80% en un lustro

Instalaciones del centro penitenciario de Teixeiro.

Instalaciones del centro penitenciario de Teixeiro. / Carlos Pardellas

R. Prieto

A Coruña

Pasillos más ruidosos, módulos más tensos, funcionarios más desbordados. Las prisiones gallegas vuelven a estar al límite. Tras una década de descenso, la población reclusa se ha disparado desde la pandemia y ha devuelto a los centros penitenciarios a un escenario de saturación, tensión y violencia creciente. Galicia cerró 2025 con más de 3.600 internos, un 20% más que hace cinco años, muy por encima del repunte nacional (12%), que suma más de 62.600.

La presión es ya estructural. Detrás de esta tendencia está el incremento de los delitos contra el patrimonio, la seguridad vial y la violencia de género en los últimos años, así como la elevada reincidencia, lo que implica más ingresos en prisión. Y también es notorio el aumento de la población reclusa extranjera trasladada a Galicia desde otras comunidades autónomas.

El cambio más abrupto en los penales gallegos lo protagonizan precisamente los internos extranjeros: un 80% más que al cierre de 2020, según el análisis de los datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Hoy representan uno de cada cuatro presos en Galicia (casi 900), cuando hace cinco años eran poco más del 17%. A modo de ejemplo, en Teixeiro, seis de cada diez traslados desde otras comunidades corresponden a reclusos de otros países.

El perfil delictivo también se endurece: casi la mitad de los internos son reincidentes, muchos con trayectorias cronificadas en delitos patrimoniales, tráfico de drogas a pequeña escala, seguridad vial o violencia de género.

Evolución por centros

En la red penitenciaria gallega, A Lama y Teixeiro concentran el 70% de toda la población reclusa en la comunidad, con más de 1.300 y 1.200 internos, respectivamente. En estos dos centros, el aumento de la población reclusa en estos últimos cinco años fue del casi el 30% en el penal pontevedrés y de un 13% en el coruñés.

Monterroso y Bonxe, en Lugo, son los centros donde el incremento ha sido más explosivo, con subidas del 70% y 60% respectivamente, pero con un volumen de internos mucho más bajo: más de 350 en el primer caso, y casi 340 en el segundo. La prisión de Pereiro de Aguiar es la excepción, al reducir en cinco años su población reclusa un 40% -en la actualidad tiene 180-. Y el CIS de A Coruña, tuvo un aumento de internos del 60%, hasta superar al cierre del año pasado los 200.

Impacto

La saturación tiene efectos inmediatos: menos espacio, más tensión y más agresiones. Las plantillas, envejecidas y menguantes por el paso a segunda actividad —la situación en la que un funcionario, por edad o limitaciones físicas, deja de desempeñar tareas operativas y pasa a funciones administrativas o de menor riesgo—, no acompañan el crecimiento de internos.

El aumento de incidentes regimentales es ya una constante. El último episodio en Teixeiro, ocurrido este jueves, ha encendido todas las alarmas. Un interno, en plena pelea con otro recluso, destrozó la tibia a un funcionario que intervino. En medio de la trifulca, el trabajador que intentaba separarlo recibió una fuerte patada y cayó al suelo y sufrió una lesión que le causó la rotura de la tibia por siete puntos. Tras ser intervenido quirúrgicamente el viernes en Ferrol, fuentes penitenciarias detallan que la lesión es seria y podría dejarle secuelas. El incidente en el penal coruñés ha reavivado las denuncias sindicales sobre la falta de personal, la sobrecarga de módulos y la creciente peligrosidad derivada de la saturación y los traslados de reclusos “más conflictivos” de otros penales del país.

Reinserción

La reinserción por esa sobrecarga de internos entre rejas también se resiente. Los programas educativos, laborales y terapéuticos no crecen al mismo ritmo que la población reclusa. La atención psicológica y psiquiátrica es insuficiente en un contexto donde aumentan los perfiles con adicciones y problemas de salud mental. Las infraestructuras, aunque modernas, no permiten ampliar talleres ni espacios de tratamiento. "La plantilla es la que es, y la infraestructura lo mismo", detalla un funcionario de Teixeiro.

Si la tendencia continúa, Galicia podría rozar los 4.000 internos este año. El sistema penitenciario gallego encara un escenario de presión creciente que, según advierten fuentes penitenciarias consultadas por este periódico, exige reformas: más personal, más recursos y una estrategia real para frenar la reincidencia. De lo contrario, advierten, la saturación seguirá comprometiendo la seguridad, la convivencia y la reinserción.

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