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Galicia duda, pero algunos creen

Aunque el catolicismo se mantiene como identidad cultural para buena parte de la población y parece popularizarse entre los jóvenes, la secularización avanza de forma silenciosa: casi la mitad de los gallegos no acude nunca a ceremonias religiosas y solo 4 de cada 10 son creyentes

Dos jóvenes en una iglesia catalana.

Dos jóvenes en una iglesia catalana. / Marc Asensio Clupes

«Para mí ser católica significa saber que no estoy sola. La fe me da la certeza de que mi vida tiene un propósito, que no es casualidad. Me ayuda a confiar y a entregarme». La que habla es Fátima Vilar, una compostelana de 22 años cuyas palabras hoy o cobran sentido o lo pierden. Son tiempos difíciles en los que cada vez más jóvenes abrazan la religión y se evaden de lo que ocurre fuera, aunque sea un poco.

El cada vez más evidente auge de una corriente neocatólica, del enaltecimiento de la estética sacra, católica, apostólica y romana para vender y para visualizar, de la búsqueda de paz y de estabilidad, choca con la naturaleza agnóstica de Galicia. Mientras que en el resto del mundo los templos se llenan de rostros joviales, aquí cada vez hay menos católicos. Según el informe del Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC), publicado por primera vez por el Observatorio del pluralismo religioso en el Estado, en 2025 en Galicia el 44% de los encuestados se consideran católicos. Mientras, un 54% o es ateo, o es agnóstico, o le resulta indiferente. El 2% restante profesa otra religión.

Galicia, en el top 3 de ateísmo

Precisamente, según los datos del BREC, Galicia está muy por debajo de la media estatal en cuanto al sentimiento católico. Presenta uno de los porcentajes más altos de ateísmo, solo superada, casualmente, por las otras dos nacionalidades históricas: Euskadi y Cataluña. La profesora titular de Sociología en la Universidade da Coruña (UDC), Belén Fernández,lo achaca «a los niveles educativos, a la transmisión de la tradición y a que la juventud gallega, mayoritariamente, es de izquierdas».

Casi la mitad de los encuestados jamás ha asistido a alguna ceremonia religiosa y solo 1 de cada 10 participa en la comunidad eclesiástica. Además, de la población creyente solo un 33% es joven, diez puntos menos que la media nacional. Y aún siendo la comunidad con más fiestas populares de Europa, la que más celebra a los santos y a las vírgenes, presenta un alto proceso de secularización. Según los barómetros que ha realizado en años anteriores el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre el sentimiento religioso en el Estado, Galicia mantiene desde hace años unos valores similares a los actuales, al igual que los vascos y los catalanes. Por ello, en el contexto actual, cabe preguntarse: ¿existe realmente un acercamiento de los jóvenes gallegos a la religión?

«Creo que uno de los motivos por los que la fe parece tener más presencia entre los jóvenes es la búsqueda de algo estable en un mundo cada vez más incierto. Ofrece una sensación de seguridad y orientación», apunta Fátima Vilar, que a través de sus redes se confiesa abiertamente practicante y comparte sus valores espirituales. «Las redes sociales han cambiado la manera de mostrar la fe. Plataformas como X permiten dar visibilidad al catolicismo y compartir la espiritualidad de forma cotidiana», indica. Vilar, que se crió en una familia creyente, percibe «un cambio en la actitud y en la expresión de la fe, en la que los jóvenes buscan sentido, seguridad y pertenencia en un contexto social muy distinto al de generaciones anteriores».

Y justamente en las antípodas se encuentra la pontevedresa Carla Tilve, de 22 años. Para ella, atea, este nuevo auge de la religión en una época tan marcada por la ciencia y la tecnología, y en la que cada vez se destapan más abusos de la Iglesia, no es sorprendente. «Primero, el conservadurismo parece estar ganando en la batalla cultural y situándose en una posición hegemónica. Luego, porque la necesidad de creencia, de fe, en algo más allá es algo muy humano».

Después de años en los que la religión parecía un tema del pasado, en los que lo revolucionario y lo juvenil era el escepticismo, el fenómeno de Lux —el nuevo álbum de Rosalía—, con un imaginario repleto de misticismo, pone sobre la mesa lo que las estadísticas insinúan en el resto del Estado y que en Galicia sigue siendo residual. La generación Z redescubre, «remasteriza», la fe en la deidad católica. Pero, ¿por qué?

Ideología y estabilidad

«Las nuevas generaciones están sintiendo una mayor conexión con lo espiritual, con las creencias religiosas, también en el caso gallego, aunque en menor medida», indica Belén Fernández. «Los jóvenes gallegos, junto con los vascos, son mayoritariamente de izquierdas, y esa cosmovisión ideológica influye en la forma de vivir la espiritualidad que juega dentro de este espectro neoliberal actual», apunta. Es decir, el auge de ideas conservadoras a nivel mundial va de la mano con esta búsqueda de estabilidad en la fe. «En este contexto de descontento con el gobierno actual, el conservadurismo y la fe ofrecen una estructura y una comunidad clara y estable», considera Vilar. «La fe también influye en cómo los jóvenes nos posicionamos frente a la política», concluye.

Tilve lo critica desde el otro prisma, desde lo que hace una década era lo revolucionario, y desde la opinión imperante en Galicia. «Siento que estamos un poco desmovilizados como sociedad por el auge de la individualidad a la hora de tener que afrontar los problemas», asevera.

«Ir a un colegio religioso me hizo cuestionarme muchas cosas y volverme más atea»

Carla Tilve nació en el seno de una familia con abuelos que de vez en cuando van a misa y se sirven del santoral para expresar sorpresa por algo. Estudió hasta los 16 años en un colegio religioso de Pontevedra porque coincidió así. Y sin sorprender a nadie, ella se considera atea, como la mayoría de los jóvenes en Galicia. «En mi caso, ir a un colegio religioso hizo justamente lo contrario: acercarme al mundo de la fe y el catolicismo me hizo cuestionarme muchas cosas y volverme más atea con los años», explica. Preguntada sobre si este neocatolicismo le parece una moda, aprecia una importante estrategia por parte de la Iglesia: que aprendió a comunicar a través de las redes. «Estamos en un momento ‘bisagra’ entre rechazar lo heredado y sin posibilidad cierta de imaginar alternativas políticas». La religión acaba siendo una respuesta política para muchos jóvenes «Estamos un poco desmovilizados como sociedad y la lucha política es incapaz de activar el sentido».

«Para mí, la oración no es repetir frases, sino una conversación y un momento de reflexión»

La compostelana Fátima Vilar no recuerda el momento exacto en el que comenzó su relación con Dios, que ha formado parte de su vida «desde siempre». Ella creció rodeada por la fe cristiana que profesa su familia, pero reconoce que los múltiples casos de abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia y otros tantos escándalos financieros pusieron en jaque sus convicciones. «Esta crisis también me llevó a pasar de una fe heredada a una fe elegida. Tras cuestionarlo todo frente a los escándalos, decidí quedarme por lo que considero verdaderamente valioso como la Eucaristía o la labor social que muchas parroquias realizan», añade. «En lo cotidiano, la fe me ayuda a superar la sensación de soledad. No significa que no tenga problemas o cargas, pero no los llevo sola sobre mis hombros», explica. «Para mí, la oración no es repetir frases, sino una conversación y un momento de reflexión. Es tiempo para mí».

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