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RAÍCES

Elvira, vendedora de grelos en la N-550 a sus 86 años: "Son los mejores del mundo"

Decenas de vecinas 'invaden' los márgenes de la carretera entre Sigüeiro y Ordes para despachar su verdura en una campaña en la que la lluvia echó a perder parte de la cosecha

Durante meses, pasan todo el día a pie de asfalto: "Esto da mucho trabajo"

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Junto a la curva de Guindibó, en Santa Cruz de Montaos (Ordes), Elvira presume de grelos: "Son los mejores del mundo". Es el mismo calificativo que les aplica Celsa a los suyos, apenas 30 metros más adelante en dirección a Santiago. Y también Aurora, que a cuatro kilómetros de allí, en Deixebre (Oroso), no escatima elogios hacia su verdura. Y como ellas, otra docena de vendedoras que se agolpan en los márgenes de la carretera Nacional 550 entre Sigüeiro y Ordes, los doce kilómetros con más vitamina K de la red viaria gallega. La ruta del grelo.

Ahora, en tiempo de Entroido, la campaña llega además a su punto álgido. "Somos muchas en esta época vendiendo en la carretera", explica con tono de queja Aurora, que desvela que incluso pone puestos ambulantes "gente que viene de bastante lejos, que no es de aquí".

Así prepara Celsa los grelos para vender en la N-550

Martín García Piñeiro

Y es que vender grelos en la N-550, la vieja nacional que une Santiago y A Coruña, es toda una tradición que sobrevive a los tiempos del comercio online, las grandes superficies y la IA. Aquí no hay más tecnología que una carretilla, un cuchillo y un poco de ingenio para reciclar en mostrador cualquier objeto: desde una caja de cervezas a una silla de playa o un andador. Pura exhibición de economía circular y producto de kilómetro 0.

Eso sí, también hace falta voluntad. "Esto da mucho trabajo", confiesa Celsa. "Antes de las nueve de la mañana ya estaba en la huerta recogiendo los grelos, luego hay que limpiarlos, hacer los manojos, atarlos...". Y después, pasar horas al pie del asfalto. La mayoría lo hacen a diario, mañana y tarde, llueva o haga sol y sin más banda sonora que coches y camiones. Incluso las semanas anteriores, en medio de los temporales, había grelos disponibles en la N-550, porque la mayoría montan el puesto delante de casa y se pueden refugiar en ella.

¿Y no temen que les roben? "Alguna vez me robaron, pero hace ya mucho tiempo". Hoy ni los ladrones quieren grelos, "porque dan trabajo" para limpiar y cocinar, explica Celsa sin dejar de preparar manojos. Acaba de recibir un encargo de 36, admite. Y ya despachó antes otro de doce. Con esas cifras parece un negocio redondo, pero no siempre es así.

"Esto da para unos cafés y poco más", se apresura a decir otra vendedora próxima al núcleo de Oroso para despertar a cualquiera que tenga el sueño de llegar a rico a base de vender grelos. Ella prefiere el anonimato, porque en realidad solo fue a cubrir unas horas el puesto de una familiar. En la ruta del grelo, el negocio no cierra nunca.

Elvira tiene 86 años

Elvira tiene 86 años / M.G.P.

"Llevo más de 50 años vendiendo"

Elvira es toda una institución del arcén de la N-550. A sus 86 años, ya ni recuerda cuándo empezó a vender grelos, pero asegura que lleva más de 50 años. "En Carnaval vendí bien, unos 60 manojos al día", dice. El resto del tiempo "voy vendiendo", con días de 50 y otros de menos. Pero en general, en esta campaña todas coinciden: "Se vende algo menos que el año pasado". Y eso que el precio se mantiene estable. Los grelos de la N-550 no acusan la inflación generalizada y se pueden conseguir manojos entre 2 y 3 euros. "La vida subió, pero nosotros mantuvimos el precio", dice Aurora en Deixebre.

La culpa de esta irregular campaña es, como casi todo estas semanas, del mal tiempo. En medio de los temporales, se viaja menos en coche, da más pereza bajarse a comprar y, además, el producto también sufre. "En algunas fincas los grelos se estropearon por la lluvia", dice Celsa. En otros puntos, relata Aurora, "se perdió casi toda la cosecha", sobre todo en fincas mojadas donde la planta (el nabo) acabó pudriendo.

"Se pusieron marrones y feos y en muchas fincas tiraron con todo por la lluvia, que no los dejó crecer", explica otra vendedora. Los grelos necesitan frío y heladas para reforzar su buen gusto, pero no lluvia. "Pero es el clima que tenemos aquí, ¿qué le vamos a hacer?". Por suerte, muchas vendedoras ya trabajan por encargas con clientes conocidos.

IXP Grelos de Galicia

El grelo es una verdura que goza de enorme tradición en Galicia, especialmente en comarcas como Terra Chá, Eume, Ortegal y Ordes. Desde el año 2009, una Identificación Xeográfica Protexida (IXP) ampara este producto del rural, que genera una importante economía familiar, a nivel de autoconsumo, pero también de complemento doméstico, como ocurre a lo largo de la N-550.

Según los datos oficiales de la Consellería do Medio Rural, 2025 empezó con 185 productores inscritos que gestionan más de 700 hectáreas habilitadas para plantar grelo con IXP Grelos de Galicia. Produjeron 135.470 kilos que aportaron un valor de venta de 271.000 euros.

En todo caso, todavía queda campaña. Lo bueno de los comercios de la N-550 es que el almacén está a pie de carretera, en forma de huerta. Y cualquiera que circule estos días puede ver que hay grelos aún para alimentar a media Galicia a base de cocido. Jugando con la época de plantación y la variedad, "hay grelos incluso hasta principios de abril", dice Elvira. Una buena campaña teniendo en cuenta que entre octubre y noviembre ya hay puestos vendiendo nabizas, los primeros brotes de la planta, así que el negocio se alarga varios meses, confirmando que este reducto del interior de A Coruña es una auténtica potencia nabal. Ya lo cantaba años atrás Kastomä, un grupo de rock de Ordes. "De A Coruña a Santiago, entre Ordes e Sigüeiro vou de compras pola estrada, ando na ruta do grelo".

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