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El busto de Fraga en Vilalba que fue pintado, derribado, disfrazado y robado: "La estatua más perseguida de Galicia"

En más de medio siglo de historia, la pieza de bronce de la localidad natal del político sobrevivió a todo tipo de ataques, el último de ellos con pintura por parte de un grupo comunista vasco

Busto de Fraga vandalizado días atrás

Busto de Fraga vandalizado días atrás / Cedida

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

De todo el legado que dejó Manuel Fraga en su localidad natal, Vilalba (Lugo), el enorme busto de bronce que preside la Alameda es sin duda el más visible. Pocos sabrán que fue decisión suya el desvío de la autovía A-8 desde A Mariña para pasar por la localidad, así como el impulso del Parador de Turismo. Sin embargo, si figura está omnipresente en el centro de la localidad a través de una estatua que, pese a no tiene mucho valor artístico ni económico, sí que constituye un auténtico imán para el vandalismo.

"Debe ser la estatua más perseguida de Galicia", bromea Agustín Hernández. "Hasta vinieron del País Vasco para vandalizarlo", dice el expolítico del PP, hoy retirado, que fue alcalde de Vilalba casi dos décadas. Pocos conocen como él la historia del busto, que le dio más de un dolor de cabeza estando en el Concello.

Al busto de Fraga lo pintaron varias veces, lo robaron al menos en tres o cuatro ocasiones, lo derribaron, lo 'ahogaron' en el río y lo disfrazaron. Hubo ataques para todos los gustos. Nada que ver con las estatuas de Valle-Inclán a las que siempre les roban las gafas... El busto de Fraga sobrevivió a todo tipo de experiencias. La última, un ataque con pintura roja días atrás reivindicado por el grupo comunista vasco GKS.

Robo del busto en 2007, cuando tuvo que ser respuesto

Robo del busto en 2007, cuando tuvo que ser respuesto / Cedida

"Pensaban que era macizo y estaba hueco"

El busto fue inaugurado en 1970, en plena dictadura franquista. Fue fruto de una especie de campaña popular de homenaje a Fraga en la que los vecinos aportaban cada uno 50 pesetas de la época para sufragar la obra, que se encargó al artista extremeño Fernando Mayoral. La hizo en bronce y la colocó sobre un enorme pedestal de piedra.

Durante muchos años se pensó, de hecho, que era una enorme mole de bronce de cientos de kilos, pero curiosamente escondía una sorpresa, que se descubrió precisamente con su primer robo.

"En el año 1992 fue la primera vez que lo llevaron", recuerda Baamonde. Para sorpresa de todos, Vilalba amaneció sin la estatua y nadie se explicaba quién podría haber acometido una operación de tal calado. "Había unas obras de construcción justo al lado, con una grúa, y pensamos que se habían valido de ella para levantarla y depositarla en algún vehículo", añade quien después fue alcalde.

Cuando apareció, tirado en el río Magdalena, la sorpresa fue mayúscula: "Resulta que no era macizo, sino una lámina de bronce de un centímetro de ancho o así", desvela Baamonde. De pesar 300 kilos a apenas pasar de 20. Y hueco por dentro. En ese momento cobró más sentido que nunca aquella frase de Felipe Gonzálezde que "a Fraga le cabe el Estado en la cabeza".

Disfrazado por el 8.M

Disfrazado por el 8.M / Cedida

"Pusimos un sistema antirrobo"

Los ataques al busto de Fraga en Vilalba comenzaron en realidad cuando desembarcó en Galicia como presidente de la Xunta. Lo pintaron varias veces y también lo robaron otra vez, que apareció en una zona cercana de la localidad. "Entonces decicimos asegurarlo a la piedra", explica Baamonde, ya cuando era alcalde. Pero ni así.

"En 2007, las cámaras grabaron a una persona con una carraca y una llave inglesa soltando los tornillos para llevarse el busto". La investigación de la Guardia Civil no logró dar con el autor y el busto de Fraga desapareció para siempre.

"Como pasaron varios meses y no apareció, pues encargamos una reproducción en bronce", porque por fortuna el molde original de la obra se había quedado en el Ayuntamiento. Y ahí sí "se colocó a prueba de cacos", con traviesas y sistemas antirrobo. "Por eso los últimos ataques siempre son con pintura", detalla Agustín Baamonde.

Hubo pintadas para todos los gustos, como una de aficionados del Deportivo de A Coruña en 2011, cuando el equipo hacía la pretemporada allí; en 2016 lo derribaron con la pilastra de piedra y todo; en 2017 le pintaron la bandera republicana; en 2019 lo disfrazaron con un delantal feminista del 8-M; en 2024 le pusieron pegatinas independentistas.... Y ahora, más recientemente, lo llenaron de pintura roja. La novedad es que lo hizo por primera vez un grupo llegado de fuera, algo que en el fondo fastidia tanto a la derecha como a la izquierda domésticas. A los primeros, porque no le pueden echar la culpa a los de aquí. Y a los segundos, porque quedan en evidencia al tener que venir alguien de fuera a hacerles el trabajo sucio. Cosas de la política.

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