La década de transformación del nacionalismo gallego con Ana Pontón: "O auxe do BNG veu para quedar"
Hace diez años Ana Pontón asumió el liderazgo del Bloque, que ha experimentado un notable crecimiento electoral y político, consolidándose como segunda fuerza en Galicia

Ana Belén Pontón Mondelo (Sarria, 1977) / Antonio Hernández

Si en política el éxito se mide siempre en clave electoral, el de Ana Pontón parece incontestable. En una década recogió a un partido hecho trizas y lo llevó al mejor resultado de su historia. Y por mucho que el contexto le echase una mano, con la espiral autodestructiva de PSdeG y mareas, sería injusto sacar méritos a su liderazgo y a lo que supuso su irrupción para el Bloque Nacionalista Galego.
Como pasó bastante tiempo y la memoria es frágil, ahora cuesta imaginar que aquel BNG de 2016 era un solar. Las heridas de la derrota del bipartito en 2009 y de la fractura de Amio en 2012 desangraron a una formación que deambuló por la política gallega bajo los liderazgos efímeros de Guillerme Vázquez y Xavier Vence, perdiendo poder institucional en las urnas, llegando a renunciar a sus marca —concurrió como NÓS a las generales de 2015— y sostenido únicamente por la potente estructura de la CIG y la fe de una militancia que ejerce 24 horas.
En pleno ciclo electoral, el BNG venía de perder sus dos escaños en el Congreso y las encuestas más pesimistas para las autonómicas de ese año no solo lo dejaban sin grupo propio en el Parlamento, donde resistía con siete escaños tras dejarse por el camino cinco en 2012, sino que algunas hablaban directamente de su desaparición. Todavía hoy, Pontón recuerda aquel como el peor momento, o al menos el más delicado a nivel político en esta última década.
"Na primeira campaña electoral á que me presentei como candidata á presidencia en 2016, aínda que o meu sentimento persoal era outro, as enquisas dábannos 0 escanos moitos días, 2 no mellor dos casos", recuerda. Y desvela una anécdota: "Tanto é así que lle dixen ao meu equipo que non me pasará información sobre trackings nin enquisas". "O resultado final veu darme a razón", respira ahora con el paso del tiempo. Seis escaños y grupo propio.

Pontón, hace diez años en la Asemblea Nacional que la eligió / V.E.
"Máis que un cambio de líder, foi de xeración"
Ese cambio en la inercia nacionalista se produjo hace este sábado justo diez años, el 28 de febrero de 2016, en la XV Asemblea Nacional del BNG en A Coruña.
De ella no solo salió el nuevo liderazgo de Pontón en sustitución de Vence, sino que supuso en cierto modo "un cambio xeneracional no Bloque", reflexionan desde de la dirección. La lucense se rodeó de un núcleo de confianza —muy al estilo del que tenía Feijóo en el PPdeG— en el que ganaron protagonismo nombres como Rubén Cela, Xavier Campos, Olalla Rodil, Noa Presas, Goretti Sanmartín, Luis Bará... Son los mismos que la han acompañado en esta década y que le han dado un aire nuevo al BNG, más moderno y acorde a unos tiempos más propicios para ejercer la política en las redes sociales que a golpe de mitin y sermón.
La palabra soberanía le ganó terreno a independencia y las propuestas de programa se formularon siempre en clave positiva y con un buen envoltorio. ¿Quién dice no a tener una luz más barata? Pues tarifa eléctrica gallega. ¿A quién no le gustae gestionar más dinero? Pues cupo financiero. ¿Quién no quiere mejor sanidad? Pues 200 millones de euros para Atención Primaria... Era otra forma de dirigirse a los gallegos, los mismos ciudadanos a los que no hacía tanto tiempo atrás algunos dirigentes nacionalistas abroncaban en los mítines por "no votar bien".
Hoy, a Pontón hay quien le echa en cara que solo le dio un barniz o le puso una máscara al BNG de siempre, otros hablan de pragmatismo electoral, hay quien dice que suavizó el mensaje. Y a los politólogos les gusta usar el término aggiornamento para definir la nueva etapa del nacionalismo gallego. Pero lo que es indudable es que, si se compara el Bloque de 2016 con el actual, la fórmula Pontón funciona. De 120.000 votos y 6 escaños en su primer asalto a la Xunta a 467.074 y 25 escaños en las últimas elecciones de 2024, consolidándose como segunda fuerza política gallega. Además, gobierna dos de las siete grandes ciudades, suma casi 600 concejales y recuperó sus asientos en las Cortes. La política no es una ciencia exacta, pero las matemáticas sí.

Pontón con su hija Icía, una habitual en sus actos / Antonio Hernández
"Na noite electoral de 2024 demostramos non ter teito"
En diez años pasan muchas cosas. Por ejemplo, en 2020 Pontón fue madre de Icía. "Unha auténtica revolución persoal que marcou un antes e un despois", dice. Desde entonces, "todo pasa a ser secundario menos compartir tempo con ela".
En el plano político, Pontón se queda con un par de momentos. "Na primeira campaña galega de 2016 o debate electoral na TVG, porque foi un auténtico estímulo para a militancia e permitiu demostrarlle aos galegos e ás galegas que o BNG tiña un proxecto de futuro que ofrecerlles, un proxecto para mellorar as súas vidas, fronte a todos aqueles que daban ao Bloque por amortizado». El segundo momento top fue la noche electoral de 2024. "Obtivemos o mellor resultado da historia, con 25 escanos e un 33% do voto". "Demostramos que o auxe do BNG veu para quedar, que non tiñamos teito electoral e que a alternativa real de Goberno era o Bloque".

Pontón, la noche electoral de febrero de 2024 / Arxina
El complejo equilibrio entre el mensaje interno y externo
Como portavoz nacional, Ana Pontón jamás cambió el ADN del BNG. Ni tuvo la más mínima intención de hacerlo. El secreto de su éxito tuvo más que ver con otro aspecto: la comunicación.
Un volantazo en la estrategia para poner el foco en las cosas de comer del día a día de los gallegos y, de ese modo, enredar menos en los estériles debates ideológicos, muy lucidos para asambleas pero de nula utilidad para el ciudadano de a pie, que al final es quien mete la papeleta en la urna.
El Bloque se fundó en 1982 en A Coruña con sensibilidades nacionalistas, de izquierdas, socialistas, marxistas, independentistas, laicas, republicanas, obreras... Y así sigue siendo. Solo que, al asumir el liderazgo, Pontón interpretó que el partido no perdería su esencia por no repetir a diario cuatro mantras, sino que era mejor dedicar esos esfuerzos a construir un mensaje que llegase a más gente. Se habló entonces de transversalidad.
Fruto de esa estrategia el BNG ganó músculo social y electoral. Ensanchó la base y salieron campañas frescas y con impacto, una de las más recordadas la que la llevó a abrir las puertas de su casa de aldea en Chorente, donde a Ana la llaman Belén. Pero el nuevo modus operandi también le dio a Pontón algún que otro dolor de cabeza, ya que no todo el mundo dentro del partido, ni siquiera de su propia corriente, la UPG, comulga al 100% con esa transversalidad. Fueron los que criticaron, por ejemplo, su visita a Inditex en 2022, bajo el argumento de que al gran capital, ni agua. Convivir con algún discurso controvertido o protesta incendiaria de los suyos le va en el cargo. Pasa en todos los partidos. Pero si algo hace bien el BNG con respecto al PSdeG es ser hermético: lo de dentro se queda dentro.
Sin duda, ese es uno de los riesgos debe que asumir la líder del BNG: que en la política, un ecosistema que conoce a la perfección por habitar en él desde su militancia en Galiza Nova con 16 años —cumple 49 en julio—, el fuego amigo es el peor. Y cuanto más se ensancha la base del partido, como sucede en el Bloque bajo su liderazgo, mayores son las sensibilidades y voces que caben dentro y que pueden erosionar o incluso dinamitar un proyecto. Esa historia la conoce bien el nacionalismo.
Pese a ello, en el BNG nadie pone en duda que el objetivo colectivo prioritario es conquistar la Xunta de Galicia en 2028. Y Ana Pontón está convencida de que el camino para lograrlo es el que empezó a recorrer hace hoy diez años. De su capacidad para mantenerse en él, sin tropezar con las piedras que le vayan poniendo tanto sus rivales como sus camaradas, dependerá el éxito del Bloque.
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