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RAÍCES

Antonio Souto, veterinario de Hipra experto en gestión de personal: "Las granjas gallegas ya compiten con otros sectores por la mano de obra"

La gestión del personal es el principal reto del sector lácteo de Galicia, incapaz de atraer y retener a los trabajadores, lo que pone en peligro explotaciones rentables

Alimentación de vacas en una explotación de Trazo

Alimentación de vacas en una explotación de Trazo / Antonio Hernández

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Que las granjas tienen problemas para encontrar mano de obra no es ningún secreto, como tampoco lo es que cada año que pasa la situación se complica un poco más. Lo que quizás sea más novedoso es que ese sector concreto del campo tenga mayores dificultades que otros ya no solo para encontrar personal, sino también para retenerlo una vez contratado. La falta de trabajadores es un problema global de todo el mercado laboral, pero por una tormenta perfecta de factores, se agrava especialmente en la ganadería. De ahí que el lácteo ya esté compitiendo hoy con otros sectores por ese personal, en un pulso muchas veces desigual que casi siempre acaba penalizando al rural por sus problemas estructurales: mala imagen, baja autoestima, poco prestigio social, aislamiento, falta de vivienda, escasas alternativas de ocio y, además, una nula experiencia en la gestión de personal.

"El sector de las granjas es menos atractivo para los jóvenes que otros como la hostelería o la paquetería", reflexiona Antonio Souto. Veterinario del servicio técnico de rumiantes de la empresa Hipra y especialista en el área de comunicación y personal tras toda una vida metido en granjas de Galicia, España y México, este experto aprovechó su participación en unas jornadas técnicas organizadas por la Central de Frades para ofrecer su diagnóstico en Galicia: "La gestión del personal es hoy el problema más importante que tienen las granjas lácteas".

Y el primer paso para resolverlo es reconocerlo. "Muchos titulares de granjas y equipos veterinarios no son conscientes de este problema", lamenta Souto, que cree que la solución pasa por elaborar un plan. "Si no lo tienes, las cosas van saliendo por azar. Por eso lo mejor es trazar un plan de gestión de los trabajadores en la granja, para buscarlos, formarlos y motivarlos". En Galicia no hay empresas que cubran ese nicho y lo poco que avanza en la materia viene de la mano de las gestorías. "Ahí los veterinarios podrían ser un sector clave".

Antonio Souto Ferraz, veterinario de Hipra

Antonio Souto Ferraz, veterinario de Hipra / Cedida

"El problema no es de salario, es de mentalidad"

El problema de la escasez de mano de obra en las granjas tiene una parte común y otra específica. La común la comparte con muchos otros sectores económicos que están desesperados por dar con gente. "Es una cuestión demográfica que hay que asumir: se jubila más gente de la que ingresa al mercado laboral", zanja Antonio Souto. El propio perfil del trabajo, "al aire libre y expuesto a frío y lluvia", tamén es común en otros oficios.

Sin embargo, el lácteo posee singularidades y, entre ellas, una realmente compleja porque no existe una varita mágica que la arregle: la mentalidad. "Muchos ganaderos tienen edad avanzada y ven la situación bajo la óptica de su generación, cuando había empleados a patadas", argumenta Souto. Hoy los operarios escasean y, además, los pocos que hay tienen muchas ofertas donde elegir.

Ni siquiera el salario es ya un atractivo suficiente para fichar trabajadores. En el caso de las granjas y salvo "excepciones", el sueldo no es un problema porque siempre está por encima del mínimo. "Hay granjas en Galicia pagando 1.800 euros al mes", revela el representante de Hipra. Pero hoy el trabajador demanda otras cosas: horario y motivación.

El salario no es hoy un problema en el campo; hay granjas pagando 1.800 euros al mes

De puertas para adentro, Souto comprende en parte a esos ganaderos. "En la mayoría de granjas más grandes y tecnificadas están sobrepasados", relata. "Visito granjas por toda Galicia y veo que aun siendo titulares jóvenes de explotaciones, andan de un lado para otro con la lengua fuera porque tienen mucha burocracia, el trabajo de la granja... Y claro, no les queda tiempo para prestar atención al personal".

Las consecuencias de esta realidad son visibles. Muchas granjas que quieren ampliar no pueden hacerlo por falta de mano de obra. Pero hay casos peores: cierres de explotaciones rentables. "Habrá granjas, ya las hay, que no tendrán relevo", porque las dificultades para encontrar personal hartan a los actuales propietarios, que disuaden a sus hijos de seguir ese camino en las mismas circunstancias. "Ocurre lo mismo que en la hostelería: cierran locales rentables porque sus dueños están aburridos de pelear y no quieren eso para la siguiente generación".

"En Galicia hoy sabemos gestionar vacas, pero lo más difícil es gestionar personas"

"Hay que hacer el sector más atractivo"

"Hay que hacer el sector más atractivo", reflexiona Antonio Souto. La cuestión es... ¿cómo? En la pasada Navidad, visitó un ejemplo de éxito en Zamora, XL Roncero, una granja con gente joven que tenían muy claro desde el principio que la gestión del personal era la clave. Para ello, habilitaron una sala de descanso o diseñaron protocolos para evitar la carga de pesos elevados.

"Muchas veces se comete el error de contratar a un empleado y ponerlo en la granja sin formarlo de forma adecuada". Puede ser un inmigrante de Senegal o Perú, sin experiencia, con problemas con el idioma... Y a lo mejor ni siquiera tiene el perfil para el trabajo que se busca. "Por eso lo primero es definir a quién quieres y para qué", explica Souto. Entrevistas de trabajo y puestos bien definidos para acotar la oferta, porque no es lo mismo ordeñar que conducir maquinaria que ser peón. Una vez se contrata, hay que formarlo y, finalmente, motivarlo para retenerlo.

Granja en Friol

Granja en Friol / Carlos Castro

Además, como la mayoría de los trabajadores que llegan al sector primario son inmigrantes, debe conocerse su realidad. Souto expone casos en Cataluña donde hubo problemas por mezclar a indios y pakistanís, que tradicionalmente se llevan mal, o incluso problemas por cuestiones de religión o la gestión del Ramadán. No atender hoy a esa realidad y esa diversidad de los empleados es condenar a la granja a quedarse sin mano de obra.

"Y en el campo se tarda mucho en formar a un buen trabajador de una granja: un camarero en una semana se defiende, pero en una sala de ordeño o con la maquinaria, no". Por eso una vez se forma, una explotación no puede permitirse el lujo de ver como ese trabajador se va a otro sector o a la granja de enfrente. Y ahí entran factores como los horarios, los salarios y, sobre todo, la motivación.

"Hay que hacer ese plan en las granjas", insiste. "Sé que es difícil y que cuesta, pero manejar personas es más difícil que ordeñar: puede ordeñar un robot, pero gestionar a la gente no". "Y en las granjas gallegas sabemos gestionar vacas, pero no personas". Pero Souto está convencido de que el campo de Galicia aprenderá. "Es inexorable", concluye. "Podemos darnos cabezazos contra la pared, pero eso no va a traer trabajadores a las granjas".

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