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El juicio por profesor de música de Lugo acusado de abusar de sus alumnas: Fiscalía y defensa chocan por la validez de los testimonios de las niñas

Las versiones de las menores coinciden, aunque la Fiscalía solo estima la credibilidad de una de ellas al considerarla «consciente y detallada»

La defensa del docente, basándose en informes de peritos, argumenta sobre la ausencia de «indicios claros de daño psicológico significativo» que, a su razón, descartarían la existencia de abusos

El acusado, durante la celebración del juicio, el pasado lunes.

El acusado, durante la celebración del juicio, el pasado lunes. / Carlos Castro/Europa Press

La lectura de conclusiones en el juicio contra el profesor de música del colegio de Albeiros de Lugo ha puesto fin a tres días de juicio en la Audiencia Provincial lucense, marcada esta última sesión por la confrontación entre la Fiscalía y la defensa en torno a la credibilidad de las declaraciones de las menores y la interpretación de las mismas. El profesor, de 49 años, es acusado de realizar presuntamente tocamientos a una de las niñas —de entre 9 y 10 años— en el pecho y en la zona genital, en algunas ocasiones incluso por debajo de la ropa, durante sus clases y en presencia del resto del alumnado de 4º curso de Educación Primaria. Los hechos se conocieron en mayo de 2024.

Inicialmente, se hablaba de cinco niñas de esa edad como presuntas víctimas y denunciantes, pero al final la Fiscalía solo valora la de una de ellas, aunque las otras cuatro también se personaron como acusiación particular. Por eso, la fiscal solicita una pena de 5 años y medio de prisión para el docente por el caso de la única niña a la que se admitió su declaración como válida, mientras que las acusaciones particulares la elevan a 6 años por cada menor y 6.000 euros de indemnización por los daños morales.

No es que las otras cuatro denunciantes mientan, ya que la representante del Ministerio Fiscal ha centrado su argumentación en la validez de los testimonios de las niñas, a los que ha otorgado «plena credibilidad», especialmente en el caso de la única menor cuya declaración fue considerada «consistente y detallada».

La fiscal ha rechazado que determinados comportamientos del docente, como sentar a las alumnas en su regazo, pudiesen tener una finalidad pedagógica, calificándolos como «inadecuados». «Es el único docente de España que lleva a cabo esta acción como medida de corrección», ha puntualizado. Además, ha subrayado que no existen razones espurias que justifiquen las denuncias y ha destacado que varias menores ya habían mostrado rechazo a acudir a las clases antes de que se hicieran públicas las acusaciones.

Coinciden todas las versiones

Además, la fiscal niega que se hubiesen producido dilaciones indebidas en el proceso e incide en que los relatos de las menores presentan elementos comunes, tanto en las descripciones de los hechos como en su actitud durante las declaraciones. En este sentido, ha puesto en valor la «espontaneidad y la naturalidad» de los testimonios, así como la «coincidencia entre distintas versiones», lo que, a su juicio, refuerza su veracidad.

La defensa ha basado su estrategia en la presunción de inocencia del acusado, insistiendo en que las hipótesis deben interpretarse siempre a favor del reo. Sus argumentos se han apoyado, en buena medida, en los informes psicológicos del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga), en los que se apuntan «posibles influencias entre menores» y la ausencia de «indicios claros de daño psicológico significativo». Según la defensa, este hecho debilita la consistencia de las acusaciones. Sostiene que existe un «patrón» definido en las conductas denunciadas y que incluso los peritos reconocen la existencia de «dudas», recalcando la presencia de «componentes de lealtad».

«Ninguna de las menores presenta una huella psicológica importante, lo que podría ser un elemento objetivo para apuntalar la versión de las menores», ha defendido el abogado del profesor, quien también ha recordado la disposición del acusado a declarar desde el primer momento, «aun no siendo consciente de la denuncia».

Las acusaciones particulares defienden la coherencia y constancia del testimonio principal de una de las niñas, respaldado por relatos coincidentes de las demás menores, y consideran que ciertas conductas del profesor eran una excusa. Las abogadas de las menores rechazan los informes periciales realizados por el Imelga por posibles errores y sostienen que la credibilidad debe valorarla el tribunal, no los peritos, rechazando también la supuesta «contaminación» entre testimonios y subrayando que la ausencia de secuelas no descarta abusos, ya que los menores pueden no ser conscientes del daño hasta tiempo después.

Con las conclusiones ya expuestas, el juicio queda pendiente de la deliberación del tribunal, que deberá valorar el conjunto de las pruebas y testimonios para emitir sentencia. El acusado se remitió a lo dicho en su declaración del lunes, sin hacer más comentarios. En ella había atribuido la denuncia a una «fabulación colectiva».

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