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RAÍCES

Manuel Méixome, apicultor gallego, ante los primeros ataques a colmenas esta primavera: "Tendremos velutina y tendremos mucha"

La actividad de la avispa asiática se reactiva con la llegada del buen tiempo y su impacto en el sector de la miel en este 2026 dependerá mucho del clima de abril y mayo

Control de velutinas en un colmenar gallego

Control de velutinas en un colmenar gallego / Cedida

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Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

Llega la primavera y con ella, fieles a su cita, las velutinas. El fin de los temporales y la irrupción del calor resucita a las avispas asiáticas que tanto traen de cabeza al sector apícola. De hecho, hay zonas de Galicia donde ya se registraron ataques a colmenares, lo que confirma que las velutinas están plenamente activas, como se ha constatado en prácticamente toda la comunidad, desde la zona de litoral a las cumbres más altas del interior. Ahora, será la climatología de abril y mayo la que marque si 2026 será un año de alta intensidad de esta plaga invasora o si, por contra, habrá poca avispa como en 2024.

"Tendremos velutina y tendremos mucha", vaticina Manuel Méixome. Este apicultor del proyecto Aluariça cuenta con centros de producción muy repartidos por el territorio, desde la Serra do Candán a los Ancares o la Ribeira Sacra, una amplitud territorial le da una visión privilegiada sobre el terreno. "Cuando paró de llover ya empezaron a moverse por las zonas de costa, después en el interior y ahora ya se vieron volar las primeras en Piornedo", a 1.300 metros de altura en las cumbres lucenses. "Su actividad ya es total".

Cuando en 2024 se constató una reducción de esta invasora asiática, se alumbró la teoría de que es un animal con ciclos de tres años en los que crecen y despuntan para, después, pegar un bajón durante otro año debido a su saturación. Méixome no duda de las aportaciones científicas, pero su experiencia le dice que es la climatología la que más impacta en la velutina.

"Este fue un invierno de temporales, pero no de frío ni heladas, que es al final el que más las controla", explica. "Y ahora esta combinación de días de lluvia y calor es bueno para ellas". De hecho, están saliendo las reinas tras la invernada desde hace un mes. "Las primeras reinas buscan azúcar, alimento rápido que les dé energía para empezar a preparar los nidos primarios", para lo que usan mucho antiguas cuadras vacías y galpones que les garanticen calor y cobijo, un tipo de infraestructura que abunda en Galicia. En cuanto salgan las primeras obreras, empezará la construcción de los nidos más grandes, unas siluetas ya muy reconocidos en los árboles y tejados gallegos. "Y a partir de ahí, la reina se muda a él y empieza su puesta potente".

Manuel Méixome, en una alvariza de O Candán

Manuel Méixome, en una alvariza de O Candán / Cedida

"Combatir la velutina es caro"

Esa es la fase en la que está ahora la velutina. Los apicultores ya empezaron con el trampeo para eliminar esos nidos primarios y esas obreras, que es una de las claves, pero la campaña oficial de la Consellería do Medio Rural no arrancó. Y tampoco la de Presidencia, encargada de la retirada de nidos una vez empiecen a proliferar, generalmente a finales de marzo. Ambas consellerías están ultimando la preparación de la campaña, indican.

"No hay mucho interés", lamenta Méixome, que cree que el problema ahora es que los gallegos ya están habituados a la velutina. "Ya ni siquiera hay temor o preocupación, porque de unos años para aquí ya asumimos lo que va a pasar: habrá velutina y su impacto dependerá del clima más que de cualquier otra cosa".

El año pasado, por ejemplo, una primavera muy lluviosa castigó a la avispa asiática, pero no la eliminó sino que lo que hizo fue retrasar su explosión. "En lugar de a finales de agosto o principios de septiembre, fue en octubre". Por un lado, da un respiro al sector de la miel de ese año porque a esas alturas del año ya está lista y envasada. "Pero por otra parte, si salen en octubre también afecta a la preparación de las colmenas para pasar el invierno, lo que las debilita", añade Méixome, que pone también sobre la mesa el problema que supone a nivel de salud pública. El año pasado fallecieron tres personas en dos semanas en la comunidad por picaduras de avispa asiática, que ya es la principal fuente de alergia por veneno animal en el Sergas.

Así que en el fondo es una cuestión de calendario. "Si salen en una época, afectarán más al viñedo; en otra, a los frutales; en otra, a los apicultores...". Pero al final, "el volumen de velutina es el mismo". Igual que su impacto, que poco a poco mina la moral de muchos pequeños apicultores o incluso particulares que mantienen cinco o seis colmenas para autoconsumo de miel. "A la vuelta e cinco o seis años desaparecerán la mayoría, porque combatir la velutina es caro". Y así ya solo quedarán los apicultores profesionales, en un proceso de concentración del sector similar al que se vivió y se vive en el lácteo. Igual que casi no quedan casas con dos o tres vacas, tampoco quedarán las que tengan dos o tres colmenas, a pesar de su alto valor ambiental.

Esther Ordóñez, presidenta de la IXP Mel de Galicia

Esther Ordóñez, presidenta de la IXP Mel de Galicia / A. Villar

"Ojalá este invierno tan largo nos ayude"

Desde la Agrupación Apícola de Galicia y la IXP Mel de Galicia, Esther Ordóñez constata ese inicio de la actividad de la velutina y, de hecho, "ya registramos los primeros ataque sen colmenares", revela. Por ello, el sector "está trampeando desde finales de febrero".

Sin embargo, esta veterinaria quiere ser más optimista que Méixome. "Esperamos que la climatología adversa del invierno nos ayude y que salgan menos reinas de la invernada; ojalá este invierno tan largo nos ayude".

Y sobre la capacidad que tenga la primavera para regular la velutina, la presidenta de la IXP es clara: "Esperemos que venga una buena primavera, porque si hay mal tiempo y es mala para las velutinas también lo es para las abejas", algo que no desea, sobre todo después de que se haya perdido ya parte de la floración del eucalipto por el mal tiempo. Por ello, Esther Ordoñez asume que "no queda otra" que convivir con la nueva invasora. "Nos gustaría decir otra cosa, pero es así".

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