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Del único teléfono en la aldea a las clases de móvil en Galicia: «Nací sin él en casa y ahora me hace mucho servicio»

Afundación estrena la estrategia 'Igualdade Dixital', una herramienta en línea, gratuita y de acceso público que pone en marcha para apoyar la formación de las personas mayores en materia de digitalización y reducir la brecha competencial, tras una década enseñando a usar las nuevas tecnologías a casi 42.000 gallegos

Una persona mayor con un smartphone.

Una persona mayor con un smartphone. / E.P.

Iria D. Pombo

Iria D. Pombo

Circulan innumerables historias del interior de Galicia sobre la llegada del teléfono a las casas, casi tantas como las de la Guerra Civil. En muchas aldeas solo había uno público, instalado en alguna vivienda, lo que convertía los minutos de conversación en un ritual. Cuando Telefónica llevó la conexión a cada domicilio del rural gallego, la historia cambió. Para ese entonces, en torno a 1994, Carmen López, vecina del concello de Folgoso do Courel (Lugo), tenía 50 años. A ese teléfono de cable, de color blanco hueso y teclas redondas, que se hizo con el privilegio de tener un mueble para él solo, le separa menos de una década desde el nacimiento de sus nietas, quienes ahora le enseñan a utilizar el móvil y las nuevas tecnologías.

«Gústame moito o Facebook ou ler as noticias, tamén chamar á xente cando hai cobertura, pero se nos deran aquí unhas clases, iría de boa gana», confiesa Carmen a este diario. Unas lecciones de teléfono a las que otros mayores de 65 años, como Teresa Frades, sí que pueden asistir a partir de los cursos organizados por Afundación bajo su estrategia de digitalización, que se imparte en once centros de Espazos +60 de la entidad, distribuidos en buena parte de la geografía gallega. «Me parece que es una forma también de cuidarnos a las personas mayores, es decir, para no quedarnos arrinconadas, porque cuando estás activo y cuando estás bien hay que aprovechar», reflexionó Teresa este martes durante la presentación del proyecto 'Igualdade Dixital' en Santiago.

Desde que se pusieron en marcha en 2015, casi 42.000 personas mayores de toda Galicia han asistido a estos cursos, «evolucionando desde la necesidad de apoyo para incorporarse a Internet hasta el uso habitual de smartphones, mensajería o videollamadas», tal y como explicó Miguel Ángel Escotet, presidente de la Obra Social de Abanca en la jornada de 'Igualdade Dixital' celebrada este martes. En 2025 participaron un total de 1.631 mujeres y hombres de la tercera edad.

En esa línea y tras una década de formación, la entidad lanza 'Igualdade Dixital', una herramienta en línea, gratuita y de acceso público que pone en marcha para apoyar la formación de las personas mayores en materia de digitalización y para «reducir la brecha competencial». Escotet quiso incidir en la importancia y en lo «imprescindible» de abordar las cambiantes revoluciones tecnológicas «desde la perspectiva del principio de igualdad y no discriminación minimizando en la medida de lo posible la brecha digital que puede surgir».

Miguel Ángel Escotet (centro) rodeado por Teresa Frades y Augusto Bruyel, entre otros, durante la presentación de 'Igualdade Dixital' este martes.

Miguel Ángel Escotet (centro) rodeado por Teresa Frades y Augusto Bruyel, entre otros, durante la presentación de 'Igualdade Dixital' este martes. / Cedida

El proyecto advierte de la «segregación y discriminación» que suponen las carencias en lo que respecta al acceso digital y a las nuevas tecnologías para las personas mayores de 65; una situación que se acrecenta más a medida que aumentan los kilómetros a la redonda fuera de las grandes ciudades gallegas. La rapidez con la que las competencias y herramientas digitales han ido avanzando en el mundo y la parsimonia con la que se han ido instalando en Galicia, sobre todo en el rural —donde llegan a cuentagotas—, provoca que buena parte de la población que supera la edad de jubilación se haya quedado anclada en ese primer teléfono fijo gallego de los noventa.

Es más, un 7 % de las personas de 65 a 74 años en España no ha adquirido nunca ninguna habilidad digital, en comparación con el 0'6% de la población de entre 25 y 34 años que carece de estas competencias, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Un 44% de los mayores de 65 reconoce que sus habilidades son «limitadas, reducidas o bajas» y que desconoce cómo actuar para busca información con los nuevos dispositivos, cómo comunicarse, cómo crear contenidos, cómo protegerse frente a amenazas o cómo resolver problemas, según el INE.

Llamadas, noticias, linternas y mapas

«Prefiero perder la cartera antes que el teléfono móvil», confesó el zaragozano asentado en Galicia Augusto Bruyel, uno de los alumnos de estos cursos. Al igual que a su compañera de pupitre Teresa Frades, las «clases de teléfono» le han abierto un nuevo abanico de posibilidades al que antes accedía con la ayuda de sus descendientes.

Hoy mismo pagan a través del teléfono; revisan el consumo de luz y a qué hora es más barata; fotografían; comprueban su cuenta bancaria; recurren a básicos como la linterna, la calculadora o el mapa; escanean documentos; buscan alojamiento para un viaje; o apoquinan el importe del combustible para que les salga más barato. «Nací sin teléfono en casa y mi primera experiencia con el móvil no fue hasta hace relativamente poco. Ahora me hace mucho servicio», recuerda Teresa.

Según el INE, en 2015 solo un 20% de la población de entre 65 y 74 años usaba diariamente Internet; en 2025, la media fue del 75%. Sin embargo, ir a «clases de teléfono» en la comunidad no es la realidad de todos los jubilados. De forma autodidacta, con los hijos o los nietos de mentores, con apuntes en una libreta o con explicaciones de otros vecinos es la forma en la que miles de personas mayores en Galicia logran, poco a poco, enfrentarse al edadismo tecnológico iniciado antes de que se instalara el teléfono fijo en los noventa.

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