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Galicia cuenta con un déficit de más de 1.000 agentes de la Guardia Civil: «Una sola patrulla puede estar al cargo de siete, ocho o nueve municipios»

La asociación profesional mayoritaria en el Cuerpo apunta que el despliegue territorial, diseñado en los años 50, supone un exceso de acuartelamientos

Una patrulla de la Guardia Civil, en una imagen de archivo.

Una patrulla de la Guardia Civil, en una imagen de archivo. / Europa Press

Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

La falta de efectivos en la Guardia Civil se ha convertido en un problema estructural en Galicia, donde asociaciones profesionales sitúan el déficit por encima del millar de agentes. A pesar del aumento de plazas anunciado por el Gobierno para 2026, los representantes provinciales advierten de que la realidad sobre el terreno sigue marcada por la escasez de efectivos, la sobrecarga de trabajo y un despliegue territorial que no se adapta a las necesidades actuales.

En la provincia de A Coruña, el delegado de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), Pedro Mariscal, describe una preocupante situación en el ámbito de la seguridad ciudadana. «Entre Vilasantar y Sada, un territorio del tamaño de la isla de Ibiza, hay habitualmente solo dos patrullas», señala. Esta limitación implica que, ante incidencias graves como una alarma del sistema Viogén, «quede únicamente una patrulla para todo ese territorio». Se trata de un caso concreto que, según explica Mariscal, ejemplifica una situación que se extiende en otras comarcas de la provincia como A Costa da Morte.

La falta de personal también repercute en la atención al público. En toda la provincia coruñesa, únicamente cuatro cuarteles mantienen servicio 24 horas, lo que evidencia la reducción operativa en el medio rural y semiurbano. El delegado de AUGC estima que solo en la provincia serían necesarios unos 500 agentes en el ámbito de la seguridad ciudadana para garantizar un servicio adecuado.

Desde Lugo, Óscar Fustes, delegado de AUGC para la provincia comparte el diagnóstico. «Una sola patrulla puede estar al cargo de siete, ocho o nueve municipios del interior», sostiene. Una escasez de efectivos que no afecta exclusivamente al ámbito rural. En la Mariña lucense, este déficit acucia especialmente en verano, donde el aumento poblacional por la llegada de visitantes no se traduce en un refuerzo proporcional de efectivos: «Hay días en los que podemos tener una única patrulla para cubrir un municipio en el que hay 35.000 personas».

Además, la provincia lucense arrastra un problema de envejecimiento de la plantilla y reposición suficiente. Según explica Fustes, los agentes de la provincia registran una de las medias de edad más elevadas del conjunto del Estado y las vacantes que van surgiendo, mayoritariamente por jubilaciones aunque también por cambios de destino, pueden llegar a tardar más de un año en cubrirse, lo que cronifica el problema de la falta de personal. Según los cálculos del delegado provincial, Lugo necesitaría entre 200 y 250 agentes adicionales para alcanzar niveles operativos adecuados.

Este diario ha tratado de contactar sin éxito con el delegado territorial de Ourense, Emilio José Freijedo. Sin embargo, sus compañeros relatan que la situación en la provincia termal es similar y el déficit de la plantilla se mueve en torno a los 250 agentes.

Modelo territorial anticuado

Según relatan los delegados provinciales de la principal asociación profesional de la Guardia Civil, más allá de la falta de efectivos, el servicio cuenta con un problema heredado: un despliegue territorial diseñado en la década de los 50. «En la costa de Lugo hay un cuartel cada 12 o 15 kilómetros que puede estar abierto, pero sin patrulla, o incluso cerrado», explica Óscar Fustes.

El delegado de AUGC en Pontevedra, Manuel Novoa, subraya que aunque efectivamente en su provincia existe también un déficit de personal, el principal problema radica en la distribución de los recursos. «Hay un exceso de acuartelamientos», afirma, señalando casos como los de Cangas y Moaña, separados por apenas cinco kilómetros, donde se duplican servicios. «Puedo tener a cuatro personas prestando atención ciudadana haciendo lo mismo pero en dos cuarteles diferentes», resume. Novoa cita también los cuarteles de O Porriño y Mos, separados por solo siete kilómetros, o la existencia de un cuartel en Vigo: «¿Por qué existe ese acuartelamiento, cuando hablamos de una demarcación de la Policía Nacional?». «Te podría poner mil ejemplos», lamenta Novoa.

Para el delegado pontevedrés, el modelo territorial heredado no responde a la realidad actual, marcada por mejores infraestructuras y nuevas formas de relación con la administración. A su juicio, una reorganización permitiría optimizar los recursos existentes sin necesidad de incrementar de forma significativa las plantillas.

Sin embargo, coincide con sus compañeros en que la presión estacional es uno de los grandes desafíos. En verano, la población en zonas costeras como la comarca de O Salnés se multiplica, mientras parte de los agentes se encuentra de vacaciones. «Si en febrero tienes la plantilla al 100%, en agosto puedes tener un tercio menos de efectivos justo cuando la población se multiplica por diez», explica. Una situación que, en su opinión, motiva la presencia de más agentes en la costa que en las zonas rurales de la provincia.

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