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Encontrar piso en Galicia siendo migrante: "Si no tengo una vivienda digna, ¿cómo voy a rendir en mi empleo o a tener salud mental?"

La población migrante crece de manera exponencial en Galicia, pero la llegada no siempre es fácil. Encontrar una vivienda digna es todo un reto en un sistema que acepta la existencia de discriminación hacia colectivos vulnerables

Una pareja viendo el escaparate de una inmobiliaria en Santiago

Una pareja viendo el escaparate de una inmobiliaria en Santiago / Jesús Prieto

Belén Teiga

Belén Teiga

Santiago

El desajuste entre la demanda y la oferta de vivienda, acompañado de un incesante incremento de los precios, hace del mercado inmobiliario un escenario inhóspito para muchos. No solo permite el avance de una discriminación basada en el poder adquisitivo, sino que sirve también para incentivar otros tipos de exclusión e incluso los discursos de odio contra colectivos vulnerables. Así lo sufren, entre otros, los migrantes.

Los ejemplos personales se suman a datos como los que arroja el Informe sobre exclusión residencial de los hogares de personas extranjeras en España, realizado por Provivienda, asociación que ayuda a dar respuesta a las necesidades residenciales de personas en situación de vulnerabilidad social. Su análisis desvela, sin ir más lejos, que el 99% de las inmobiliarias españolas aceptan la existencia de discriminación.

«El acceso a la vivienda es complejo para todos, pero hay algunos perfiles que sufren más estigmas», explica la responsable de Provivienda en Galicia, Ana Pardo, quien desgrana que las situaciones a las que se enfrenta la población migrante son muy diversas. «Vemos en las inmobiliarias que las familias procedentes de América Latina suelen encajar mejor, mientras que si los que intentan acceder son jóvenes negros, generan más rechazo, poniendo excusas como que en la comunidad no van a ser bien recibidos», relata.

La lista de ejemplos es infinita: «A veces llaman ellos y les dicen que el piso ya no está disponible. Al rato llamamos nosotras, las técnicas, y no ponen ningún problema». Desde las inmobiliarias a los propietarios de las viviendas, puntualiza, cada caso es un mundo. Todo esto ocurre, además, en un contexto en el que la población extranjera no para de crecer en la comunidad, con más de 158.000 foráneos al término del pasado año, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, lo que se traduce en cerca del 9% de la población.

Parte del equipo de Provivienda en Monforte de Lemos

Parte del equipo de Provivienda en Monforte de Lemos / Cedida

Provivienda cuenta con sedes en varios puntos de la comunidad gallega, entre ellos Vigo, Santiago o Monforte de Lemos, donde «tenemos inmobiliarias con las que ya hay un trabajo muy colaborativo porque saben que somos una entidad social que los acompaña, e incluso ellos mismos recomiendan a sus clientes que alquilen a los migrantes», relata, a la vez que apunta que «inevitablemente en Galicia existe una conciencia con la migración».

La parte más complicada, detalla, se la llevan «las familias monomarentales, las mujeres solas con menores, porque propietarios e inmobiliarias entienden que van a tener menos poder adquisitivo y que, en el caso de que no paguen, van a tener dificultades para generar su salida del piso». El último análisis de Provivienda arroja datos demoledores en este sentido y es que seis de cada diez hogares encabezados por mujeres extranjeras se encuentra en situación de pobreza severa después del pago de la vivienda.

«Vivimos situaciones de todo tipo buscando piso»

De esta discriminación sabe bien Yasseyda, venezolana residente en Vigo desde hace casi nueve años. Ella es clara: «Mi primera complicación a la hora de encontrar vivienda fue mi origen, ser migrante». «Llegas con una documentación provisional y, al no tener empleo fijo, no tienes nóminas para dar para firmar un alquiler. Si no tienes empleo, no puedes dar una fianza. Si no tienes vivienda, no tienes paz mental para centrarte en buscar un empleo», relata, señalando que es «como la pescadilla que se muerde la cola».

«Mi primera complicación a la hora de encontrar vivienda fue mi origen, ser migrante»

Yasseyda

— Venezolana residente en Vigo

Yasseyda vive desde hace años en el mismo piso junto a sus dos hijos, pero también con otra unidad familiar, la de su hermana: «Nos hemos mantenido en el mismo piso porque no ha sido posible encontrar otro». Y es que conseguir su vivienda actual, apunta, no fue fácil. «Vivimos situaciones de todo tipo buscando piso. Una vez, fuimos a ver una vivienda con el chico de una inmobiliaria y la propia dueña. La propietaria, al escucharme hablar, con mi acento, fue cambiando su imagen corporal y empezó a gritar que ella no quería ‘unas putas venezolanas’», relata, al tiempo que destaca, en este caso, el buen comportamiento del hombre de la inmobiliaria, quien les explicó que él era gallego, pero que toda su familia procedía de Argentina, por lo que conocía de cerca el problema de la discriminación.

Más allá de las ciudades, Provivienda cuenta a sus espaldas con multitud de experiencias en concellos pequeños. «En pueblos más pequeños, en ocasiones, son los propios alcaldes quienes se ponen en contacto con nosotros, por ejemplo, porque van a cerrar un recurso que no quieren perder. Lo que quieren en el concello es fijar población y ayudan, incluso, a que estas personas migrantes encuentren empleo», explica.

Yasseida, una mujer venezolana que reside en Vigo desde hace casi nueve años

Yasseida, una mujer venezolana que reside en Vigo desde hace casi nueve años / Cedida

Añade, además, que son muchos los migrantes que vienen de entornos rurales en sus países de origen «y a los que las ciudades los abruman», por lo que moverse en entornos más pequeños «es facilitador». «Un ejemplo de todo esto es una familia que se fue a Taboadela. El concello necesitaba niños para que no se cerrara la escuela y la familia tenía un pequeño con TDH que requería de una buena atención. El niño mejoró mucho, al tener una atención más personalizada y la escuela no se cerró», declara.

La salud mental, en juego

«La vivienda es el punto de inicio de cualquier proyecto vital. Si no tienes un espacio de seguridad, va a ser muy difícil que puedas empezar a plantearte otras necesidades o inquietudes», insiste Pardo, quien habla de la detección de casos de depresión, ansiedad o estrés «vinculados con estar obligado a vivir con personas con las que no tienes buena relación o en las que no estás en un espacio cómodo o seguro». Sobre una de estas cuestiones, la del hacinamiento, el informe de Provivienda revela que uno de cada cuatro extranjeros que viven de alquiler sufre esta situación. A esto, añade, se le añade la presión «porque cada vez se esté exigiendo pagar más, con subidas constantes de los precios del alquiler».

«Si no tengo una vivienda digna, ¿cómo voy a rendir en mi empleo o a tener salud mental?», se pregunta Yasseyda, quien habla de una discriminación sistémica. «Muchas veces te escuchan hablar y ya te descartan. Te descartan en el empleo, en la vivienda. Eso te va minando porque tú no puedes regresar al país del que viniste. Hacen falta campañas de empatía, conocer estas situaciones para concienciarse», zanja.

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