LA LUCHA DE UNA MADRE CORUÑESA
Una coruñesa, en huelga de hambre ante la Xunta para que atienda a las necesidades especiales de su hijo: "Estaré hasta que le den una plaza, es su derecho"
El chico, con un alto grado de discapacidad intelectual, salió del centro Agarimo por motivos de seguridad, pero sigue escolarizado en él
El Gobierno gallego considera que las alternativas que propone la familia en A Coruña no son viables y propone enviarlo a un centro en Santiago, pero su madre señala que no está preparado para casos como el suyo
Un auto judicial señaló que el menor necesita una educación que le permita habilidades para ser autónomo, y la familia indica que, aunque la tutela es del Ejecutivo autonómico, son ellos y un asociación los que están sufragando terapias de refuerzo

La coruñesa María Carmen Villar, abrazada a su hijo, B. / La Opinión
Enrique Carballo
"Mi hijo tiene una edad cronológica de 15 años, pero mental de tres o cuatro", cuenta la madre coruñesa Carmen María Villar. Acogió a B. hace más de una década, y desde entonces le ha estado dando, con amor y atención, los mejores cuidados que puede, pagando de su bolsillo los refuerzos que necesita por sus necesidades especiales, pero pide a las administraciones que hagan su parte. El chico salió en febrero del año pasado del centro especial Agarimo por motivos de seguridad. Tras pasar por un espacio para menores con problema de conducta en Rábade que no tenía personal para atender a sus necesidades, un auto judicial determinó que debía salir de allí, e indicó que lo mejor para él sería un espacio educativo "donde se sienta más integrado y comprendido".
Villar reclama que se le dé plaza en el centro de Aspronaga o el María Mariño, pero la Xunta, denuncia, lo envía de vuelta a Agarimo sin garantizarle los cuidados que necesita. Este lunes, a las 09.00 horas, se colocará en huelga de hambre delante de la sede de la delegación coruñesa de la Consellería de Educación, dispuesta a seguir allí, durmiendo en un coche, hasta que el Gobierno gallego le dé una solución para su hijo. "Realmente es muy triste para mí tener que llegar a esto", lamenta, pero está decidida a no echarse atrás. "Estaré hasta que me reciban y me den una solución, hasta que el niño tenga una plaza escolar, que es su derecho", promete. La Xunta responde que las alternativas que pide la familia no son viables, y le ofrece enviar al chico a un centro de Santiago, pero su madre indica que "no se ajusta, pues es un centro para trastornos de conducta, no de discapacidades".
Problema de seguridad
Si B. salió de Agarimo, explica su madre, no fue por capricho. El chico, con un alto grado de dependencia y discapacidad, "necesita un adulto constantemente con él", algo que no puede proporcionar el centro, con un profesor por cada cinco alumnos. "Cuando está muy nervioso, sobre todo después de la pandemia, necesita ir al baño, lavarse las manos, y una profesora no puede acompañarlo, deja a los otros cuatro, y él no puede ir solo, se pone a jugar con el agua, si se pone nervioso abre una ventana y tira cosas", pone como ejemplos.
El psiquiatra que lo atiende aconsejó cambiarlo de centro, y la familia visitó las instalaciones de Aspronaga, en A Coruña, pero "no había plaza". En febrero de 2025 hubo un incidente muy grave en Agarimo, y el centro adoptó un acto de medidas cautelares "para salvaguardar la integridad del niño, de sus compañeros y del equipo educativo". Sin la rutina educativa, la situación de B. empezó a empeorar, y la Xunta, que es tiene la tutela de B. (la familia tiene la guarda) lo envió al Santo Anxo de Rábade.
La Justicia reconoce necesidades especiales
Pero este es un centro de menores que no está preparado para atender a los problemas de B., que era el "único niño con discapacidad intelectual". Separado de su familia durante la semana, sin personal específico para atenderlo, no se adaptó. La Fiscalía solicitó cesar el internamiento, considerando que no era beneficioso para el menor, y, tras consultar varios informes, el Juzgado de Primera Instancia nº6 de Lugo acordó en noviembre que saliese de inmediato y se tomasen "las medidas oportunas de forma inmediata respecto de la situación del menor". De acuerdo con el auto, lo mejor para el chico sería "regresar a su entorno familiar" y tener plaza en un centro especial "donde puedan aportarle herramientas que le permitan comprender lo que le ocurre, desarrollar estrategias para adquirir autonomía, habilidades socioeconómicas y de comunicación y donde se sienta más integrado y comprendido".
La primera parte se cumplió, y B. volvió con su familia, que, señala Villar, le da apoyo con un psicólogo y un educador especializado en crianza terapéutica sufragado por la asociación Manaia. "Menores no se ha responsabilizado de sus terapias", señala la madre, que explica que "necesita herramientas que le ayuden a socializar, que le ayuden a regular cuando él está triste o cuando está nervioso, a regular la frustración". Y también "habilidades sociales, porque a él le cuesta socializar, porque tiene muchas dificultades a nivel intelectual".
Vuelta al centro
Pero falta la escolarización. En diciembre, de acuerdo con Villar, le llamó un técnico de Menores para explicarle que su hijo saldría de Rábade. "Yo digo que por supuesto que sí que lo vamos a buscar, pero le digo, por favor, prométeme que va a tener escolarización, porque el niño terminó en donde lo metiste vosotros por la falta de escolarización, y me promete que sí", relata, pero "al día siguiente ya no me coge el teléfono y no me vuelve a llamar hasta febrero".
Antes de Semana Santa, Villar recibió una llamada de Agarimo diciendo que el chico volvería al centro, aunque ella misma, afirma, no recibió el aviso. Siempre según la madre, desde el centro han informado de que no hay medios para atenderlo, y se les ha respondido que "abran un protocolo de emergencia". "La persona que lo escolariza sabe que el niño no está bien, pero su argumento es que no hay plazas y dónde lo meto: si sucede algo, que llamen a la ambulancia", protesta.
"No vamos a ser eternos"
Villar explica que Aspronaga sería el mejor centro para su hijo, y que también le serviría acudir al María Mariño: ambos están en A Coruña y podría acudir con más facilidad que a Agarimo cuando el chico la necesite. Y añade que "hubiese aceptado" si le hubiesen planteado alguna alternativa para que volviese al centro de Arteixo con algún tipo de apoyo de un cuidador, "lo que dure la jornada escolar, y si no puede ir la jornada completa, pues tres o cuatro horas". Pero no está dispuesta, insiste, en que la Administración se desentienda de su hijo y lo envíe a Agarimo sin adoptar medidas, sin ayudarle a conseguir la educación que necesita para ser lo más autónomo posible el día de mañana.
"Nosotros no vamos a ser eternos", señala, y no quiere que cuando los padres de B. falten sean sus hermanos los que tengan que hacerse cargo de "un adulto con un grado de dependencia elevadísimo porque no ha estado escolarizado". "Es como si fuesen los años setenta, cuando veías a padres mayorcísimos con hijos con síndrome de Down y eran eternos niños, no habían ido al colegio, a lo mejor no sabían ni leer", indica. Y para evitar ese futuro, hará huelga de hambre, advierte, el tiempo que haga falta.
"El caso está siendo debidamente atendido"
Fuentes del Gobierno gallego aseguraron a este diario que el caso del chico está siendo "debidamente atendido" por parte de los técnicos de la Administración autonómica, con "toda la sensibilidad que requiere" y buscando "en todo momento lo mejor para su bienestar, cuidado y atención". La Xunta indica que está siendo escolarizado en Agarimo, pero, ante la necesidad de un cambio, se propuso que pase al centro de educación especial O Pedroso, de Santiago. Este es público y "de referencia", además de estar especializado en estos casos con "problemas graves de conducta" y que necesitan una "seguridad extraordinaria" para abordar situaciones violentas.
Para el Gobierno gallego, este es el sitio "donde mejor puede ser atendido" y las alternativas que propone la familia "no son viables". El centro concertado de Aspronaga, afirma el Ejecutivo autonómico, tiene "las mismas características de Agarimo", no dispone de plazas y "no se ajustaría a lo que el menor precisa actualmente". En cuanto al María Mariño, este público, "no se ajusta a las necesidades extremas del menor". Villar insiste en que no se le ha informado formalmente de la escolarización en Agarimo y que hay informes que argumentan que sería bueno para B. estar en Aspronaga o en el María Mariño. O Pedroso, considera "no se ajusta" al perfil de su hijo, pues defiende, tendría que estar interno y no está pensado para casos de discapacidad.
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