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El fuego, un aliado en la prevención de las llamas: «Reduce la carga de combustible y nos da margen de seguridad para actuar en caso de incendio»

La Xunta prevé ejecutar cerca de 2.000 hectáreas de quemas prescritas en Galicia antes del verano, una herramienta clave para anticiparse a incendios cada vez más intensos y mejorar la preparación de los equipos de extinción. Este diario pudo observar ayer en Vimianzo uno de esos trabajos.

El fuego, un aliado en la prevención de las llamas: Reduce la carga y nos da margen de seguridad

Jesús Prieto

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Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Vimianzo

Día completamente primaveral en la parroquia de Baíñas (Vimianzo). Pese a que el sol amenaza tras las nubes, la temperatura es suave, y el nordés que acostumbra arreciar en esta zona de Terra de Soneira ni está ni se le espera. «Las condiciones son ideales», resume Guillermo Acebal, jefe del servicio de prevención de incendios forestales de A Coruña, mientras una veintena de hombres y mujeres se equipan para efectuar una quema prescrita en una parcela de cuatro hectáreas con abundante matorral y, por lo tanto, combustible ante un hipotético incendio durante el verano.

«Más allá del desbroce o las franjas secundarias, esta es una de las actuaciones de mayor importancia en materia de prevención», explica Acebal, que cifra en 300 las hectáreas en las que su equipo ha realizado incendios controlados para contar con franjas de discontinuidad en el monte de cara al verano. Todo ello, a pesar de que las condiciones meteorológicas no han ayudado. «Date cuenta que con lluvia no podemos hacer este trabajo y con condiciones de vientos fuertes tampoco», asegura. Dos circunstancias, difíciles de combatir en un territorio como el gallego. Con todo, según los datos de la Consellería de Medio Rural, los servicios de extinción trabajan con la previsión de realizar 244 quemas prescritas en casi 2.000 hectáreas de toda la comunidad este año y a principios del que viene.

Para ello es necesaria la existencia de una solicitud previa. En este caso, la ha realizado el tecor de San Vicente de Vimianzo. Su presidente, Juan Amado, explica que más allá de la labor de prevención contra el fuego, las quemas prescritas son beneficiosas para la caza menor, sobre todo para el conejo y la perdiz. «Al quemar la maleza, quedan las ramas y el tronco, y eso dificulta que las aves rapaces, los zorros y otras alimañas cacen en esta zona», relata. «Así el conejo aguanta y cría mejor y a nosotros nos va de maravilla», añade, convencido de que esta práctica ayuda tanto al monte como a la fauna cinegética.

Amado señala que desde hace tres años, cuando asumió la presidencia del tecor, han solicitado quemas cada campaña en distintas parcelas de las 19.000 hectáreas de gestión cinegética. «Tenemos bastante apoyo de la Consellería y del Distrito Quinto de Vimianzo, y eso nos permite actuar todos los años en los puntos que vemos más necesarios», explica. En su opinión, la utilidad de estas intervenciones va más allá de la caza menor: también sirve para cerrar el paso a quienes, de forma intencionada, prenden fuego al monte. «Aquí es una zona propensa a incendiarse. Si ya está quemado, no van a venir aquí a tocar», resume.

De este modo, la ubicación de la parcela no es casual. «Es estratégica», insiste Amado. «Con el nordés, si alguien prende fuego al pie de la carretera, las llamas podrían subir la ladera muy rápido y del otro lado hay viviendas y alguna explotación ganadera».

En el monte, los efectivos ya trabajan a pleno rendimiento. Participan 22 personas entre brigadistas, motobombistas, agentes ambientales y técnicos, entre los que se encuentra la jefa de distrito, Sara Romero. Acebal detalla que en el plan se fijan parámetros muy concretos para que todo salga según lo previsto. «Las llamas, por ejemplo, no deben superar los cuatro metros según el baremo que tenemos estipulado. Mientras unos compañeros queman con las antorchas de goteo, otros refrescan el terreno adyacente con las mangueras para que, si el viento vira y saltan pavesas, el fuego no se salga de control», explica.

Un riesgo que está ahí y que refuerza la importancia contar con una planificación milimétrica. «A todos nos ha pasado alguna vez. Son contingencias, pero precisamente por eso hay un plan de acción previo. Siempre que hemos tenido alguna, ha sido controlable», describe Acebal sobre casos en los que una quema prescrita casi se descontrola.

Un campo de ensayo

El jefe del servicio de prevención en la provincia de A Coruña recuerda que este tipo de actuaciones tienen también un fuerte componente formativo. «Durante los meses de menor riesgo, las quemas prescritas permiten que el personal combatiente mantenga el contacto con el comportamiento del fuego y con el manejo de los equipos», señala. Algo especialmente importante para los brigadistas que acaban de acceder al servicio y precisan entrenarse en condiciones reales antes del inicio de la campaña de máximo riesgo.

La experiencia del pasado verano pesa todavía sobre los hombros del personal que, a pesar de estar destinados en A Coruña —donde la actividad incendiaria no alcanzó cotas tan elevadas—, percibe un cambio de patrón en el comportamiento de las llamas. «Fue un año extraordinario, no es lo normal que tengamos todos los veranos así, pero sí se vio que los fuegos son cada vez más violentos, más rápidos y más peligrosos», asegura Acebal.

En ese contexto, la estrategia de prevención cobra todavía más relevancia. Así lo ha percibido también la Xunta que en el Pladiga 2026 incrementó en un 50% los fondos destinados a la previsión. Una estrategia en las que las quemas prescritas son, tan solo, una herramienta más a disposición del servicio: «Nos ayudan a reducir la carga de combustible, a crear discontinuidades en el territorio y a ganar margen de seguridad para actuar en caso de incendio», resume.

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