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Moción de censura: ¿Por qué puede salir adelante en Lugo lo que en Santiago no prosperó?

Aunque Santiago y Lugo tienen gobiernos en minoría y ediles resentidos, el cóctel ideal para una moción de censura, la realidad de fondo es muy diferente en ambas corporaciones

Pleno ordinario de Santiago

Pleno ordinario de Santiago / ECG

Martín García Piñeiro

Martín García Piñeiro

Santiago

En el siglo XIX, el criminólogo italiano Cesare Lombroso hizo un estudio para comprender las motivaciones criminales, llegando a la conclusión de que respondían principalmente a impulsos internos o a la búsqueda de beneficios. Una teoría que con el paso del tiempo se simplificó todavía más: detrás de los grandes crímenes siempre hay cuestiones pasionales (amor, ambición o venganza) o económicas (dinero).

Evidentemente nada tiene que ver un asesinato con una moción de censura en cuanto a su gravedad y consecuencias. Sin embargo, lo que no es tan distinto es el combustible que alimenta ambos actos. Porque aunque se escribieron cientos de manuales de política teorizando sobre ello, la expriencia del día a día confirma que detrás de un cambio forzado de alcalde suele haber un interés económico o una razón más pasional, habitualmente la venganza política. Y en algunos casos hasta se mezclan ambas motivaciones.

Galicia tiene un largo historial de mociones de censura, sobre todo porque fue pionera con la que movió los cimientos en la Xunta en 1987, hace casi ya 40 años, cuando Fernando González Laxe (PSOE) le arrebató el Gobierno gallego a Gerardo Fernández Albor (AP). Fue la única moción de gran calado hasta la que en 2018 coronó a Pedro Sánchez, un movimiento que no fue en Galicia pero sí llevaba ADN gallego, ya que implicó a Rajoy. Y entre una y otra, decenas de cambios de alcaldías a través de estas mociones, un mecanismo tan legal como polémico.

Pero sin duda fue la sentencia del Tribunal Constitucional de junio de 2025 sobre la ley electoral (LOREG) la que abrió la puerta a más mociones, ya que facilitó que pudiesen prosperar con el apoyo de tránsfugas. Esta barra libre agitó el mapa municipal gallego, donde las censuras empezaron a proliferar como las setas tras una tormenta de finales de verano. En este mandato ya van trece (O Irixo dos veces, Muxía, Outes, Viveiro, Forcarei, Noia, Touro, Fisterra, Viana do Bolo, Carral, Ribeira y Manzaneda). Y ahora asoma la de Lugo en el horizonte.

María Reigosa, ex del PSOE, saluda al alcalde de Lugo

María Reigosa, ex del PSOE, saluda al alcalde de Lugo / Cedida

La realidad lucense

Una moción de censura en Lugo no es una operación política cualquiera. El sillón municipal de la cuarta ciudad gallega es caza mayor para el PP, que lleva 27 años sin sentarse en él, desde que lo hiciera Joaquín García Díez. A Elena Candia se le abre ahora la puerta, a un año de las elecciones, gracias al apoyo de la exsocialista María Reigosa. Todo parece ya cocinado, más allá del suspense que mantiene en público la tránsfuga. De confirmarse el cambio de alcaldía, sería el broche que le faltaba a un mandato extremadamente accidentado en la ciudad romana, con tres muertes en las filas socialistas: la alcaldesa Paula Alvarellos y los ediles Pablo Permuy y Olga López. Precisamente estas circunstancias luctuosas fueron las que provocaron la entrada de María Reigosa en la corporación y el desembarco de Miguel Fernández en la alcaldía. Quién sabe hasta cuándo...

Sobre el papel, siguiendo el manual de teoría política, Reigosa ve necesaria la moción de censura para dar un giro al Concello. En la práctica, sus detractores la acusan de actuar por interés y por venganza. Ella, que nunca se sintió del todo integrada en el grupo socialista, aspiraba a que el partido la premiase con algún cargo como la Confederación Hidrográfica Miño-Sil (CHMS) o la Subdelegación del Gobierno, apuntan fuentes del propio PSOE. O incluso a tener más protagonismo a nivel municipal. Pero al no conseguirlo, habría movido ficha, con cierta sensación de traición y seducida por una Elena Candia que ya demostró que sabe exprimir al máximo los líos internos de sus rivales políticos. De hecho, la popular había llegado a la presidencia de la Diputación, aunque acabó siendo efímera, por un desencuentro similar en las filas socialistas.

Marta Álvarez, Gonzalo Muíños, Mercedes Rosón y Mila Castro

Marta Álvarez, Gonzalo Muíños, Mercedes Rosón y Mila Castro / Cedida

¿Y en Santiago?

Lugo puede ser la primera ciudad gallega que cambia de alcalde con una moción de censura en el actual mandato, pero no es la primera en la que se explora esta posibilidad. Ese honor lo tiene Santiago, donde la moción fue durante algún tiempo una nube negra sobre Raxoi. Todo comenzó con la crisis interna del PSOE, que dividió al grupo municipal. Ahí empezaron los rumores, que se amplificaron con la implosión del grupo en mayo de 2025. Con la expulsión de los cuatro ediles díscolos, hoy no adscritos, se abría una ventana para Borja Verea, que necesitaba dos votos para ser alcalde.

Pero en Santiago nadie confirmó ni desmintió nada, así que el asunto quedó reducido a la categoría de anécdota. Si hubo alguna conversación, que dan por hecho que la hubo, quedó entre sus protagonistas, que llegaron a ironizar en algún pleno sobre ello. El amago más serio se produjo en octubre del año pasado, cuando en medio den runrún los no adscritos abrieron la puerta a apoyar esa censura si esta llevaba a la alcaldía a su compañera Mercedes Rosón. Pero era un tiro al aire, ya que el PP aceptó y ellos recularon. Y así hasta hoy.

Aunque Lugo y Santiago comparten algunas circunstancias, como la existencia de un gobierno en minoría y algún cabreado en la corporación, que es el cóctel ideal para una moción de censura, hay diferencias determinantes que posiblemente son las que marquen este desenlace diferente.

Por un lado el número, ya que es más fácil negociar y convencer a un solo edil, en este caso María Reigosa, que a todo un grupo de no adscritos. Al fin y al cabo, Gonzalo Muíños, Mercedes Rosón, Mila Castro y Marta Álvarez siempre actuaron con cierta coherencia interna, lo que dificultaba que Verea pudiese convencer a dos de ellos dejando el resto al margen.

Además, la trayectoria política también pesa. Al fin y al cabo, perfiles como Rosón o Muíños ya casi tienen la categoría de históricos de Raxoi y del propio PSOE y, de hecho, llegaron a pelear hasta los tribunales para mantenerse en un partido que quizás algún día les vuelva a abrir las puertas. En los no adscritos existía un afecto a las siglas y al programa político que María Reigosa nunca llegó a exhibir, pese a proceder de una familia de tradición socialista.

Y por último, y quizás lo más importante, es la motivación de la moción de censura. Porque el cabreo de los no adscritos de Santiago era con su propio expartido, el PSOE, no con Goretti Sanmartín ni con Compostela Aberta. De este modo, apoyar al PP en una moción de censura perjudicaría a BNG y CA, pero el impacto de la maniobra en el PSOE sería nulo, de forma que no existiría una razón clara para sacudir Raxoi, cuando lo pueden hacer cada mes en los plenos con sus cuatro votos.

Por contra, María Reigosa está dolida con el PSOE y, si apoya la moción de censura en Lugo, consumará su revancha, ya que dejará a los socialistas sin una alcaldía potente y tocados en un bastión político donde además sostienen la Diputación con alambres por el caso Tomé. El BNG es un daño colateral, pero el principal damnificado será el Partido Socialista, lo que confirmaría que en las mociones de censura, como en los crímenes, también hay mucho trasfondo pasional. Porque quizás lo de Lugo no sea una venganza... pero se le parece mucho.

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