Abonar, sembrar y fumigar desde el aire: así funcionan los drones llamados a revolucionar el campo en Galicia
Estas aeronaves no tripuladas ofrecen ventajas como trabajar donde no puede entrar la maquinaria por exceso de agua u optimizar la aplicación de fitosanitarios

DJI Agras T100, con un depósito de abono, en Boqueixón / M.G.P.

Aunque la jornada de exhibición de maquinaria de ensilado de forraje del Centro de Formación y Experimentación Agroforestal (CFEA) de Sergude, en Boqueixón, tenía como protagonistas a los grandes tractores, rotoempacadoras y segadoras, al final fue la más pequeña de las máquinas, un dron, la que acaparó buena parte de las miradas y el protagonismo. Y no es para menos, porque estas aeronaves no tripuladas no tardarán mucho en verse en los expositores de las empresas de maquinaria agrícola o sobrevolando las fincas de cultivo.
Suena a ciencia ficción, pero ya es el presente. "Empiezan a verse por otros puntos de España y también por Galicia", explicaban en Sergude los responsables de las empresas que desplazaron la maquinaria para la jornada de demostración, principalmente Maquinaria Agrícola O Rubio de Santa Comba y Maxideza de Lalín. Por ahora no es una tecnología generalizada ni mucho menos, principalmente porque las restricciones legales con los fitosanitarios autorizados para drones limitan su uso. Pero todos, desde la Consellería do Medio Rural a la propia escuela de Sergude, las empresas o los alumnos, dan por hecho que es cuestión de tiempo que el dron suponga para el trabajo en el campo una revolución como la del arado hace 4.000 años en Mesopotamia.

M.G.P.
Demostración en Sergude
En las fincas da la escuela de Sergude, ante la mirada de varias decenas de alumnos, se empleó un dron multiespectral con cámaras térmicas y de análisis del cultivo para estudiar el estado vegetativo de las plantas de la parcela. Con toda esa tecnología a su servicio, el agricultor o ganadero obtiene una radiografía precisa de las necesidades del terreno a nivel de abono, por ejemplo.
Con los datos en la mano, entra en acción un segundo dron: un Agras T100 de la marca china DJI, referente en el sector. Cargado con un depósito para sólidos de 150 kilos (aunque su carga máxima autorizada son 100), puede usarse tanto para abonar el terreno como para cargarlo de semillas y sembrar. Tiene boquillas con anchos intercambiables y una autonomía de unos 20 minutos, con carga ultrarrápida, pero tal y como avanza la tecnología de las baterías, esta autonomía "ya será mucho mayor en el plazo de un par de meses", admite Víctor Quindimil.
Con los pies bien puestos en la tierra, este empresario, CEO de Murat, fue el encargado de pilotar el dron en la exhibición de Sergude. Lo levantó, abonó con él, lo movió de lado a lado de la finca, lo elevó más y menos... "Una exhibición de nuevas forma de abonado", explicó. Todo con una pequeña pantalla y un par de botones en las manos. De hecho, el Agras T100 es un prodigio tecnológico que no despega si hay cerca gente cerca o que es capaz de detectar obstáculos como cabledo a aéreo.
Un juguete agrícola que cuesta, eso sí, del orden de 30.000 euros.

El dron, una maquinaria agrícola más / M.G.P.
Principales ventajas
Quizás sea el precio el que impide que se generalicen los drones en las tareas agrarias, o tal vez sea la desconfianza hacia lo desconocido. Pero lo cierto es que el uso de drones en el campo es muy útil en determinados contextos.
El principal es que un dron puede trabajar en terrenos mojados, donde durante el invierno, la primavera o el otoño la maquinaria pesada no puede acceder o, si lo hace, destroza el propio suelo. De eso sabe mucho Galicia después del último invierno pasado por agua. "La única limitación que tiene el dron para trabajar es el tiempo, sobre todo el exceso de viento", explica Quindimil.
Otras de las ventajas de los drones es la efectividad a la hora de fumigar. Cuando se dota la máquina con un depósito para líquidos en lugar de sólidos, puede cargarse con fitosanitarios. Pero a diferencia de una fumigadora tradicional, que deposita el producto en la capa superior de las hojas, el dron pulveriza mucho más fino y, además, con sus hélices agita las plantas bajo él, lo que permite que el fitosanitario llegue a toda la planta. "Es mucho más efectivo, ya que hay especies que se esconden bajo las hojas y sobreviven a la fumigación convencional", detallan.
Y todavía hay más ventajas. Casi tantas como aplicaciones le pueden dar en el campo a un dron, que para el sector agroganadero acabará siendo algo así como un milagro caído del cielo.
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