Drones para llevar comida a zonas rurales o la reutilización de palas eólicas como flotadores de batea, la FP gallega exhibe proyectos punteros
La Cidade da Cultura acoge hasta el viernes más de 70 iniciativas vanguardistas de 38 centros de toda Galicia en una nueva edición de FP Innova, con proyectos que van de la alimentación funcional al precoz diagnóstico del automóvil o la conservación del patrimonio

El profesor José Manuel Carbia junto a alumnos del CIFP Politécnico de Santiago. / Xoán Álvarez

La octava edición del Congreso FP Innova arrancó este martes en la Cidade da Cultura de Santiago con una muestra de más de 70 proyectos de innovación y emprendimiento elaborados por 38 centros de Formación Profesional de toda Galicia. La feria, abierta al público y con entrada gratuita hasta el próximo viernes, reúne propuestas que mezclan tecnología, sostenibilidad y aplicación práctica. Unas propuestas que muestran la evolución en la comunidad de una FP cada vez más vanguardista y con una clara orientación a dar respuesta a las necesidades existentes en el territorio.
Comida llegada en dron al rural
Esta tendencia a tratar de aportar soluciones prácticas con una mirada amplia de Galicia es claramente perceptible en el proyecto VoaComida, coordinado por el CIFP Manuel Antonio de Vigo junto a otros seis centros de las cuatro provincias: CIFP As Mercedes (Lugo), CIFP Audiovisual de Vigo, CIFP Fontecarmoa (Vilagarcía), CIFP Valentín Paz Andrade (Vigo), IES O Ribeiro (Ribadavia), IES Ramón Menéndez Pidal (A Coruña) y IES Chan do Monte (Marín).

Alumnos del CIFP Manuel Antonio posan con los drones y la comida preparada del proyecto VoaComida / Xoán Álvarez
Su objetivo, según explica el profesor coordinador Óscar Álvarez, es el reparto de comida mediante dron en zonas rurales. «Vivimos en Galicia, una comunidad que está muy dispersa. Hay parroquias con una persona de 90 años viviendo sola y esta podría ser una solución práctica para ellas. Además, somos una comunidad con un gran volumen de excursionistas, con el Camino como referencia, que también se podrían beneficiar».
La innovación no se queda únicamente en el transporte, ni en el desarrollo de una aplicación de pedidos o en los envases especiales para su transporte aéreo, cada uno de estos detalles desarrollado por un centro diferente. «Estas soluciones innovadoras empiezan en la misma cocina y orientadas al público al que nos dirigimos», explica Inmaculada García, una de las alumnas. Desde platos enriquecidos con algas para mejorar la absorción de calcio hasta mermeladas enriquecidas con fisalis para aumentar la carga vitamínica.
Del eólico a la acuicultura
El objetivo de uno de los proyectos presentados por el CIFP Valentín Paz Andrade de Vigo da respuesta a un reto planteado por Naturgy en la edición del pasado año: la reutilización de las palas eólicas. Este es uno de los grandes problemas del sector. Tal y como explica el profesor Alberto Fernández, «los materiales de las palas son los únicos que no se pueden reciclar en materia eólica».
Así, su propuesta las convierte en flotadores para bateas, sustituyendo a los tradicionales barriles metálicos que, en caso de rotura, se hunden sin remedio. Aquí entra una ventaja material. Los alumnos del ciclo de Fabricación Mecánica plantean el sellado y rellenado de las palas, lo que, en caso de fisura, reduciría en gran medida la entrada de agua y, por tanto, el riesgo de hundimiento.

El coordinador del proyecto Pás Eólicas, Javier Fernández, posa junto a una alumna con la maqueta del flotador. / Xoán Álvarez
«Se me ocurrió viendo un catamarán; los cascos son muy similares a las palas eólicas», explica el profesor, que añade que, si bien el proyecto se centra en la acuicultura, la aplicación de estos componentes podría extenderse a otros usos flotantes.
Fernández asegura que pese a las pruebas realizadas, «el proyecto está todavía en fase beta, queda mucho por probar», por ejemplo, la capacidad de carga. Según los cálculos realizados por el profesor «una pala flotador de 150 litros, que pesa 50 kilos, tiene una capacidad de flotación de 100 kilos».
Detectar averías antes de que aparezcan
El CIFP Politécnico de Santiago propone introducir la termografía infrarroja en el diagnóstico del automóvil. Esto es, usar una especie de termómetros para localizar problemas antes de que se conviertan en averías serias. «Podemos saber qué circuitos están activos sin necesidad de realizar pruebas que requieren más carga de trabajo o procesos más sofisticados», explicó el profesor coordinador del proyecto José Manuel Carbia.
Un cable que se calienta más de lo normal puede indicar una sobrecarga o un fallo interno. La ventaja es clara: rapidez y prevención. «En un primer vistazo podemos detectar que hay un problema», señala. Después vendría el diagnóstico tradicional. Es decir, no sustituye al mecánico, pero le ahorra tiempo y disgustos: «La detección temprana de anomalías en componentes a través de su temperatura permite anticiparnos antes de que se encadenen averías graves».

Alumnos y profesores del IES Monte Neme de Carballo. / Xoán Álvarez
Preservar y difundir el patrimonio
El IES Monte Neme de Carballo pone la tecnología al servicio del patrimonio cultural gallego en un proyecto con dos patas bien definidas. Por un lado, la sensorización: medición de humedad, CO₂, salinidad, pH o partículas en suspensión para prevenir el deterioro de bienes culturales. «Medimos parámetros ambientales que pueden provocar el deterioro de estos inmuebles», explican los profesora Rosario Couto y Óscar Balsa.
Una línea que conecta con la creciente apuesta institucional por la conservación preventiva impulsada por la Xunta, con iniciativas como el Observatorio de la Innovación de Patrimonio puesto en marcha en octubre del pasado año. Por otro lado, el proyecto aborda la divulgación de estos espacios mediante drónica, reconstrucción 3D y videojuegos. En este sentido, los alumnos de los ciclos de Electricidade e electrónica, Madeira e moble y Vidro e cerámica tomaron la Real Fábrica de Jarcia y Lona de Sada, desaparecida físicamente, para recrearla en una maqueta madera y en entornos virtuales como el videojuego Minecraft. «La idea es transmitir a los más jóvenes un patrimonio que desconocen», señaló Balsa.
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