Los rostros de la crisis del marisqueo gallego: «Este ano foi a puntilla»
Hasta abril la producción de bivalvos se ha desplomado un 88% en comparación al mismo periodo del año 2000. Detrás de estos datos que revelan la gravedad de lo que se vive en las rías hay vidas en pausa, ingresos que no llegan y un futuro que se estrecha. Las mariscadoras ya no hablan de malas campañas, sino de la necesidad de un cambio de modelo que permita a las futuras generaciones seguir viviendo del mar

Mariscadoras de A Illa de Arousa trabajando en la limpieza de bancos marisqueros esta semana / Noe Parga

El sector del mar gallego afronta la peor crisis del marisqueo en décadas. La sucesión de borrascas a comienzos de año ha alterado el ya de por sí inestable equilibrio de las rías y ha arrasado con la producción de almejas y berberechos. Los poco más de 200.000 kilos de bivalvos despachados en las lonjas gallegas en lo que va de año suponen una caída del 88% respecto a la producción registrada a principios de siglo.
Detrás de estas cifras, que evidencian la fragilidad de un sector clave para muchas comarcas de la costa gallega, hay vidas atravesadas por la angustia y la precariedad, y un temor que resuena en cada una de las rías: «Despois de todo o que levamos vivido, cada día teño máis dudas de que os nosos fillos poidan vivir do mar como fixemos nós e antes os nosos pais».
Una preocupación general que no proviene, únicamente, de la progresiva caída de la producción sino también de una concatenación de meses, para muchos profesionales del sector, con unos ingresos raquíticos. Susana Silva, mariscadora de a pie desde hace casi dos décadas en la cofradía de Cabo de Cruz habla de una «situación límite» en la que el trabajo realizado no garantiza ya unas retribuciones dignas para afrontar el costo de la vida.
Después de la crisis de 2023, la recuperación fue muy paulatina en el norte de la ría de Arousa, el producto disminuyó y los precios no terminaban de compensar el descenso de las capturas. «Veníamos de una situación muy mala. Trabajábamos e íbamos ganando pero los beneficios mensuales se movían en los 200 o los 300 euros. No llegábamos a un salario mínimo ni de lejos. De modo que esta situación ahora nos cogió sin ningún tipo de remanente», explica Silva.
Por ello, el trabajo realizado durante el mes de enero, cuando las borrascas comenzaban a arreciar sobre Galicia, fue en vano. «De todo el mes debimos cobrar tres días, como mucho», sostiene la mariscadora, y es que la falta de liquidez no afecta únicamente a las profesionales, sino también a la propia cofradía que, ante la falta de actividad e ingresos, empleó el dinero de las capturas del primer mes del año para hacer frente a los gastos.
Pese a la caída de los ingresos, los costes fijos no han desaparecido. Según afirma Silva, las mariscadoras continúan abonando la Seguridad Social sin saber cuándo volverán a contar con retribuciones regulares. «Estamos pagando un dinero que no tenemos», lamenta. Ante esta situación, la única salida pasa, en muchos casos, por depender de familiares o buscar empleos alternativos. «Las jóvenes que entraron en los últimos años ya se han buscado otra cosa, pero ¿nosotras dónde vamos ahora con 55 o 60 años?», se pregunta Silva.

Susana Silva, mariscadora a pie de Cabo de Cruz. / Cedida
«Veníamos de una situación muy mala. Trabajábamos e íbamos ganando pero los beneficios mensuales se movían en los 200 o los 300 euros. No llegábamos a un salario mínimo ni de lejos. De modo que esta situación ahora nos cogió sin ningún tipo de remanente»
Una crisis que viene de atrás
Así, el devastador impacto de las borrascas de este invierno no puede entenderse sin el contexto previo. El sector ya arrastraba una crisis profunda desde 2023, cuando episodios similares de lluvias intensas provocaron cierres prolongados y una fuerte caída de la producción.
En aquel momento, muchas zonas permanecieron inactivas durante meses, y la recuperación posterior fue parcial y desigual. La combinación de menor disponibilidad de recurso, topes más restrictivos y precios a la baja redujo significativamente la rentabilidad de la actividad.
Para muchas mariscadoras, como Susana, esa recuperación nunca llegó a consolidarse. «Tú antes sabías que podía haber temporadas malas, pero luego veías que se recuperaba. Ahora no lo ves», explica. La sensación compartida es que el sector ha entrado en una dinámica de deterioro continuo, en la que cada nueva crisis agrava la anterior.
En la ría de Noia, de hecho, la crisis se ha tornado ya estructural. Rosa María Martínez, mariscadora de a pie desde hace 34 años, describe un cambio profundo en las condiciones de vida vinculadas al sector. «O marisqueo xa non é un modo de vida», afirma con rotundidad.
Las mariscadoras de Noia, dado su plan de extracción, hablan de una buena campaña cuando pueden trabajar en la extracción de bivalvos durante cinco meses al año. «Fai dez anos, nese periodo podías facer 12.000 euros e con iso ías tirando. Agora é impensable facer esos cartos nunha campaña», asegura Martínez.
Y es que así las cosas, tras la crisis de 2023, la cofradía de Noia ha sufrido una reducción de la actividad totalmente drástica. «No 2024 traballamos nove días. No 2025, un mes e este ano xa nada», afirma Martínez.
Ante esta situación, el pluriempleo se ha convertido en una necesidad. En su caso personal, Rosa combina el marisqueo con trabajos en hostelería como camarera de habitaciones. «Se puidera vivir disto, non tería que buscar nada fóra», señala.
Pero incluso esa salida tiene límites. Las propias condiciones del sistema obligan a mantener el marisqueo como actividad principal para conservar bonificaciones y derechos, algo cada vez más difícil cuando los ingresos del mar son cada vez más bajos. «Se non gañas no mar, non podes cumprir coas condicións», resume.
A esto se suman unos costes fijos difíciles de asumir en ausencia de ingresos regulares. La cotización a la Seguridad Social —condición sine qua nom para acceder al cese de actividad— puede alcanzar los 3.000 euros anuales. En la práctica, muchas trabajadoras se ven empujadas a buscar soluciones en la economía informal para poder mantener su actividad en el mar con unos ingresos dignos. «Ao final, estás facendo trampas para poder vivir», reconoce.

Rosa María Martínez, mariscadora a pie de la cofradía de Noia / Cedida
«No 2024 traballamos nove días. No 2025, un mes e este ano xa nada»
Más allá de la lluvia
Aunque las intensas lluvias actuaron este año como detonante, los propios trabajadores del mar apuntan a una combinación de factores que llevan años afectando al equilibrio de las rías. Entre ellos, la contaminación derivada de vertidos, el funcionamiento deficiente de las depuradoras, el aumento de la temperatura del agua o la pérdida de capacidad de regeneración natural del marisco.
En la ría de Arousa, el mariscador a flote de la cofradía de Vilanova Berto Martínez señala también la gestión de los embalses como un factor clave. «Non é só que chova moito. É que botan millóns de litros en pouco tempo. Baixa a salinidade a cero durante días e iso destroza todo», explica. En su opinión, la acumulación de estos factores ha debilitado la capacidad de recuperación del ecosistema.
«É un proceso que ven tirando para abaixo a produción progresivamente durante anos. De feito, non nos afecta só aos mariscadores, é un problema de toda a ría. O mexillón tamén está morrendo e podes falar cos compañeiros que se dedican ao camarón, por exemplo», apunta Martínez, que considera que la situación de los bancos marisqueros es tan solo la punta del iceberg de un problema que engloba a todos los profesionales del mar.
Cambio de modelo
Es por ello que Martínez, con 25 años de experiencia como rañeiro, percibe la crisis de este año como un desenlace a ese proceso de deterioro que, en su opinión, empezó hace más de una década: «Este ano foi a puntilla».
La reducción del número de trabajadores en el marisqueo a flote de esta cofradía ilustra a la perfección el progresivo desgaste de los profesionales. «En 2010 éramos 150 socios, neste momento quedamos 15», asegura. Para Berto, el modelo actual, basado en la dependencia del desove natural y en limitaciones para la gestión directa de los bancos, ha quedado obsoleto. «Por que calquera industria pode modernizarse e nós traballamos igual que hai oitenta anos? Estamos moi limitados. Non podemos facer o que fai falta para producir», explica.
En opinión de Martínez, el marisqueo necesita un «cambio de enfoque». Los últimos tiempos han demostrado que la reproducción natural no es suficiente, por ello propone la adopción de un modelo similar al de los parques de cultivo de Carril. Esto implicaría que cada mariscador tuviese sus propios metros de terreno para trabajar, sembrar, arar, limpiar y regenerar. «Un modelo parecido ao da acuicultura», explica.
Aunque reconoce que este año incluso en Carril hubo muchas pérdidas, Martínez cree que esta es la única manera de avanzar, ya que la recuperación natural de la ría es un proceso a muy largo plazo.

Berto Martínez en un día de faena en Vilanova / Cedida
«Por que calquera industria pode modernizarse e nós traballamos igual que hai oitenta anos? Estamos moi limitados. Non podemos facer o que fai falta para producir»
Ayudas insuficientes
Frente a esta situación, la Administración han activado mecanismos como el cese de actividad o ayudas vinculadas a trabajos de regeneración. Sin embargo, entre los mariscadores predomina la percepción de que estas medidas son insuficientes y no responden a la urgencia del momento.
En Noia, con un cese de actividad por mortandad en vigor y con afectación desde el pasado 16 de febrero, las prestaciones previstas rondan los 700 euros mensuales, según explica Rosa Martínez. Su crítica no se limita a la cuantía, sino también al enfoque de las medidas. «Non queremos unha axuda para estar parados. Queremos traballar», insiste.
En el caso del marisqueo a flote en Vilanova, los rañeiros siguen a la espera de tener noticias de la Consellería de Mar y saber si contarán con «algunha liña de axudas ou de crédito» para poder hacer frente a la crisis productiva. «A ver se nos din algo pronto», implora.
Mientras, en Cabo da Cruz, se ha solicitado el cese de actividad con fecha de 1 de abril, de modo que ya no percibirán ningún tipo de ingreso por los meses de febrero y marzo. Además, la precaria situación de la cofradía ha hecho que mariscadoras acordaran un pago mensual de 100 euros para sostener económicamente el pósito.
Más que un sector
El impacto de la crisis del marisqueo se extiende más allá de quienes trabajan directamente en el mar. El sector sostiene una red económica que incluye depuración, transporte, comercialización y hostelería, y que resulta fundamental para el equilibrio de muchas economías locales.
En la ría de Noia, alrededor de 1.500 familias dependen directa o indirectamente de esta actividad. «Aquí o marisqueo é o único que hai», señala Rosa. La caída de la producción no solo afecta a los ingresos de los mariscadores, sino que en mayor o menor medida repercute en todo el tejido económico de la zona. Y es que, como recuerda Susana, el marisqueo «da vida a muchos pueblos», por eso su debilitamiento plantea un riesgo que trasciende el ámbito estrictamente sectorial.
Más allá de la incertidumbre sobre el futuro cercano, en las rías existe voluntad de resistir al desgaste. «Nós solo queremos traballar», asegura Rosa, que reitera que lo que buscan los profesionales es mantener una forma de vida y un sector económico que ha sido fundamental para la vida local de muchos concellos del litoral gallego.
Suscríbete para seguir leyendo
- Las granjas grandes crecen imparables en Galicia: ordeñar más de 500 vacas ya no es una excepción
- Galicia afronta un nuevo episodio de calor extremo: la Xunta activa la alerta roja por temperaturas de hasta 38 grados
- Detectives contra los talleres mecánicos ilegales en Galicia: las largas esperas abren mercado al negocio clandestino
- Avistan ballenas, delfines y orcas en la costa gallega e identifican a la abuela Toñi, disparada hace semanas
- Feijóo quiere la fábrica china de Ferrol, pero no el modelo de financiación autonómica de Sánchez
- La historia de cuatro profesores que llegan con plaza a las aulas gallegas: 'As ganas superan o medo
- «Non damos feito»: por qué los talleres están colapsados en Galicia y las esperas pueden llegar a meses
- Galicia se enfrenta a una nueva jornada de calor extremo: la Xunta mantiene la alerta roja por temperaturas de 40 grados