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«Las primeras medidas para reducir las bajas laborales irán este mes. Estoy seguro de que bajarán las cifras»

«El Noroeste no ha sido tan reivindicativo como otros lugares, pero no debe ser solo un acuerdo de políticos; debemos implicar a los empresarios, a la sociedad civil»

Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, el martes en Vigo / Marta G. Brea

Alfonso Rueda, presidente de la Xunta de Galicia, el martes en Vigo / Marta G. Brea / Pedro Fernández

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Irene Bascoy

Irene Bascoy

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, está convencido de que la unión hace la fuerza y por ello defiende la alianza estratégica de Galicia con Asturias y Castilla y León y reclama más peso para el Noroeste. Y por ello también participará este 19 de mayo en el II Foro del Noroeste, organizado por Prensa Ibérica en Oviedo, convencido de que será una buena plataforma para reivindicar las potencialidades de este territorio. Alfonso Rueda advierte de que está en política para intentar «solucionar problemas» y así prepara ya las primeras medidas para intentar reducir las bajas laborales en Galicia, una bajas que merman la productividad de las empresas y la economía gallega. También reconoce que su Gobierno «no para de trabajar» para captar grandes proyectos industriales para Galicia y que los inversores le piden «acortar plazos, seguridad y estabilidad másque subvenciones». «Tenemos cosas potentes que pueden fructificar», afirma con optimismo.

Galicia, Asturias y Castilla y León suman seis millones de habitantes y representan el 12% del PIB. Hace justo un año, con motivo del I Foro del Noroeste, usted declaraba que era el momento de «pegar un acelerón» y que al Noroeste tenían que «tenerlo más en cuenta». Doce meses después, ¿ha pegado ese acelerón? ¿Le tienen más en cuenta?

Yo espero que nos tengan más en cuenta y algún acelerón hemos pegado. Es verdad que ha sido un año complicado, era un año electoral para Castilla y León, pero creo que, a diferencia de lo que había pasado en muchos años anteriores, ahora sí actuamos conjuntamente en una serie de cosas fundamentales, y eso se ha notado. Espero, en todo caso, que se note mucho más a partir de ahora.

Cuando usted habla del Noroeste, ¿piensa en una alianza defensiva frente al eje del Mediterráneo o de Madrid, o en una plataforma ofensiva para crecer?

Hay alianzas que son muy ofensivas y tienes que decir: «Oye, aquí estamos, aquí estamos todos». Y, por lo tanto, lo que digo siempre: no hay que ser más que los demás, pero tampoco menos. A veces, cuando ves ese empuje, tienes que poner pies en pared. Pero yo prefiero decir que miramos hacia adelante, que simplemente proponemos aquello que a estas alturas ya nos merecemos y que durante mucho tiempo algunos entendían que solo tenía que ser para ciertos territorios.

Barbón, Mañueco y usted pertenecen a partidos distintos. Adrián Barbón milita en el PSOE, Alfonso Fernández Mañueco y usted, en el PP. ¿Hasta dónde puede llegar una alianza territorial por encima de las siglas?

Yo creo que hasta muchísimo. Aquí influye mucho el talante y la forma de ser de cada uno. A Mañueco y a Barbón los he conocido y creo que ponen sus territorios por encima de cualquier otra cosa. Son valientes en ese sentido, porque siempre hay gente que cree que vamos a molestar y yo nunca los vi así. Ser de partidos políticos diferentes, que ha llamado bastante la atención porque no es muy común en otros frentes de este tipo que hay en España, nunca nos ha supuesto un impedimento. Yo les he oído decir cosas que pensé: «Uy, esto a lo mejor puede molestar a alguien», y las dicen igual. Yo intento hacer lo mismo.

De las tres comunidades, solo hay una donde VOX aún no ha entrado en el Parlamento, que es Galicia. En Asturias el partido de Abascal tiene cuatro diputados y en Castilla y León, catorce. Viendo el ascenso de VOX, ¿teme usted que termine entrando en Galicia?

No, temor no tengo ninguno. Aquí no existe VOX, afortunadamente. Muchas veces nos preguntan cómo es posible que VOX no tenga ni siquiera un concejal en Galicia. Creo que el sentidiño de los gallegos al final les lleva, o nos lleva, a decir: «La gente que confía en nosotros, la vamos a seguir apoyando». No han visto motivos para buscar alternativas en otros sitios. Yo pretendo seguir así. La identificación que tiene el Partido Popular de Galicia con la mayoría de la gente de Galicia creo que es lo que nos lleva a esta situación, que ahora mismo es una excepción en España. Y yo trabajo para que siga siendo así. No es fácil, porque es verdad que ya es la única comunidad que está así, pero creo que tenemos razones para pensar que VOX tiene muy difícil tener una presencia en Galicia, por lo menos una presencia más allá de algo testimonial, como tiene en la mayoría de los sitios. Creo que en Galicia VOX lo tiene especialmente difícil. Nosotros emigramos durante muchísimo tiempo, fuimos un pueblo emigrante y sabemos lo que es la necesidad de que te acojan, de poder integrarte y trabajar en otros sitios. Eso lo tenemos muy interiorizado. La gente viene a Galicia sabiendo a dónde viene, con ganas de integrarse, y somos un pueblo muy abierto. Por lo tanto, esos discursos que por sistema pueden intentar rechazar a cualquiera que venga de fuera tendrían aquí muy difícil entrada, vengan de donde vengan.

En Castilla y León, VOX está negociando su voto a favor de la investidura de Mañueco. Si el partido de Abascal entrara en ese gobierno, ¿cree que sería más difícil el entendimiento de Galicia y Asturias con Castilla y León?

No, porque creo que Mañueco tiene claro que Castilla y León está por encima de todo. Eso no le va a condicionar. Yo no lo entendería. Sinceramente, no me da ningún temor.

Uno de los problemas que comparten las comunidades del Noroeste es la falta de mano de obra. ¿Es buena la regularización de inmigrantes que está impulsando el Gobierno central para ayudar a paliar ese problema?

Como solución general, sinceramente, no. Además, no creo que el Gobierno con esta regularización esté buscando solucionar problemas tan concretos como la falta de mano de obra. Responde a una consigna política, por muchas razones que no ha explicado. Para solucionar el problema de la mano de obra creo que es mucho más eficaz lo que está haciendo Galicia: dirigirse a gente que tiene un arraigo, que tiene mucho más fácil trabajar aquí; pedir al Gobierno central la competencia para dar permisos de trabajo, y facilitar que esas personas puedan hacer una nueva vida. La gente que viene aquí, estoy convencido de que la inmensísima mayoría, siempre hay excepciones, viene con ganas de empezar una nueva vida, de esforzarse y de integrarse, como hicimos nosotros. Todo eso hay que facilitárselo desde el principio. Es mucho mejor hacer un proceso racional que abrir la mano muchísimo y empezar a provocar conflictos con los que ya están aquí, o no prever los servicios sociales que hay que darles a esas personas, que merecen atención. Yo no creo en regularizaciones masivas. Creo mucho más en un proceso ordenado, que se puede hacer con agilidad, y que es lo que estamos intentando hacer en Galicia.

¿El Noroeste español debe mirar a Portugal y menos a Madrid?

Durante mucho tiempo parecía que todo se decidía en Madrid, y se desaprovecharon las oportunidades que tiene el norte de Portugal, donde por razones de idioma, de cercanía y de relación existen muchas posibilidades. Creo que Madrid y Portugal son complementarias. Tenemos el enorme privilegio en el Noroeste de España de tener una relación con Portugal muy fluida, probablemente mucho más que la que existe si bajamos más hacia el sur.

¿Esa cooperación de Galicia con Portugal se podría ampliar a Asturias y Castilla y León dentro de una gran fachada atlántica?

Sí. De hecho, ya hubo ideas. En su momento se planteó una macrorregión. No para todo, pero para asuntos muy estratégicos, como grandes redes de comunicación o alianzas comerciales, sí tenemos que aprovecharlo. Yo ofrezco a Castilla y León y a Asturias la estrechísima relación que tienen Galicia y el norte de Portugal, que es mucho mayor que la que pueda haber en cualquier otra zona de la frontera.

¿Qué proyectos concretos cree que se deberían acelerar con Portugal y que beneficiarían al Noroeste?

Diría tres. Primero, las infraestructuras. La gran oportunidad que supone para Galicia que Portugal haya decidido hacer su alta velocidad conectada por el norte y no conectando Madrid con Lisboa. Segundo, todo el tema de los trabajadores y el estatuto del trabajador transfronterizo. No puede ser que siga habiendo tanta gente que cruza diariamente la frontera y luego se encuentra con un montón de trabas burocráticas cuando quiere hacer trámites. Habría que normalizar lo que ya es normal en la vida real. Y tercero, compartir servicios. Sigue siendo dificilísimo compartir servicios cuando a veces es mucho más fácil que un servicio cerca de la frontera pueda atender al otro lado. Eso debería ser algo mucho más natural y mucho más sencillo, y no encontrarte casi a veces con un problema diplomático.

"Hemos prometido 4.000 viviendas públicas esta legislatura, son inexcusables; si hay alguna que no dé tiempo a acabar, estará construyéndose"

Alfonso Rueda

— Presidente de la Xunta

Una de las principales demandas de la ciudadanía es vivienda a precios asequibles. Una de sus grandes promesas esta legislatura ha sido precisamente la construcción de vivienda pública, pero en los concellos más pequeños la mitad de las casas están vacías. ¿No sería también una opción apostar por la reforma de viviendas, sobre todo en ayuntamientos limítrofes a las grandes ciudades, para acelerar la solución a este problema?

Sí, de hecho lo estamos haciendo. Estamos construyendo vivienda donde hay mayor demanda. Ojalá pudiéramos hacerla toda a la vez, pero precisamente esas propuestas de hacerlo todo a la vez han llevado durante mucho tiempo a que no se haga nada. Hay que hacer algo racional. Donde más demanda hay es donde hay más población, que es en las ciudades. Estamos empezando en las ciudades. Después iremos a las llamadas zonas dormitorio, las zonas aledañas a las ciudades, donde también se puede actuar. Y después intentaremos llegar a ayuntamientos más pequeños. De hecho, ya estamos facilitando que se puedan hacer pequeñas rehabilitaciones, pero la construcción en gran número hay que empezar haciéndola donde hay más demanda. Esta legislatura nos hemos comprometido a hacer 4.000 viviendas y a intentar que promotores y cooperativas hagan otras 20.000 más. La siguiente legislatura, si tengo la oportunidad, me gustaría ir extendiendo esa necesidad de vivienda a otros lugares. En todas partes piden vivienda, pero donde la reclaman con más intensidad es en las ciudades.

¿Ve factible que al final de la legislatura estén las 4.000 viviendas públicas ya construidas?

Hemos empezado ya las 4.000. Yo siempre digo que las 4.000 son inexcusables porque dependen de nosotros. Si hay alguna que no dé tiempo a acabar por determinadas circunstancias, estará ya construyéndose. Eso es lo que depende de nosotros y, por lo tanto, no hay otro argumento que decir: las hicimos o no las hicimos. En cuanto a las viviendas de los promotores privados, les estamos ayudando. Acabamos de aprobar medidas para rebajar los impuestos de la construcción para los promotores privados de vivienda pública, hemos dado luz verde a estímulos a las cooperativas, ayudas para cubrir una parte de lo que cuesta construir y evitar que levanten exclusivamente vivienda privada. Queremos que también hagan vivienda en régimen público. Por nosotros mismos no podemos hacer más que esas 4.000 viviendas; no hay capacidad para hacer más. Pero los promotores privados tienen mucha más capacidad, y por eso estamos desarrollando suelo en colaboración con muchos concellos. Es un trámite complejo, pero lo vamos a conseguir. Hemos puesto el horizonte de 2030 para tener alrededor de 20.000 viviendas en colaboración público-privada, de las cuales la mayoría serán con protección social. Creo que lo vamos a conseguir, sinceramente. Estamos dando pasos en estos dos o tres años que no se habían dado en muchísimo tiempo. Algunos dicen: «Ahora se han acordado del problema». Es que hoy es cuando es un problema de verdad y, por lo tanto, tenemos que acelerar.

Galicia, Asturias y Castilla y León tienen patrimonio, naturaleza, costa y el Camino de Santiago. ¿Tendría sentido una marca turística conjunta del Noroeste?

Sí, probablemente, pero promocionando cada territorio. Nosotros tenemos la enorme oportunidad, y no vamos a dejarla pasar, de aprovechar todo lo que supone el Xacobeo 2027, que además también beneficia a Asturias y a Castilla y León, porque tenemos caminos que atraviesan esas comunidades y llegan aquí. Nos vamos a centrar en el Xacobeo. Después ya iremos a objetivos más amplios. El mundo es muy grande y necesita lugares turísticos que se puedan identificar; a veces es algo más que una comunidad autónoma. Pero todo el mundo entenderá que en 2026 y 2027 Galicia va a promocionar el Xacobeo y, con eso, vamos a ayudar mucho a Asturias y Castilla y León, porque es un producto que va más allá de nuestras fronteras.

"Lo que menos me interesa es tener más visitantes; me interesan turistas con poder adquisitivo, que vengan todo el año y descubran nuevos sitios"

Qué turismo quiere para Galicia? ¿Quiere más visitantes, más gasto por visitante o una mayor distribución temporal y territorial?

Quiero las tres cosas. Y si tengo que priorizar, lo que menos me interesa es tener más visitantes, pero no renuncio a tener más visitantes. Digo que es lo que menos me interesa porque ya estamos en un número muy considerable: nueve millones de turistas. Hace cuatro o cinco años estábamos en cinco millones y ahora estamos ya en nueve. Pero decir que ya no queremos más es peligroso. Hay discursos que llevan a la turismofobia, que dicen: «Sobra gente, ya no queremos que venga nadie más». Eso es un error. Lanzar ese mensaje a gente que tiene muchísimas posibilidades en el mundo para elegir puede hacer que descarte un destino si le llega la idea de que aquí ya molesta tanta gente. Eso no nos interesa. Dicho esto, brazos abiertos. Nos interesa un turista con poder adquisitivo, es lógico: cuanto más deje aquí, mejor. Sin despreciar a nadie, pero cuanto más poder adquisitivo tenga, más moverá la economía. Y después nos interesa muchísimo que vengan durante todo el año, y no solo a los sitios turísticos que todo el mundo identifica como maduros. Galicia tiene muchos sitios por descubrir y también hay que llevar turistas allí, los doce meses del año. Tenemos un clima que permite turismo durante los doce meses. Por lo tanto, una combinación de las tres cosas. No me obsesiona el número, pero no le digo a nadie que no venga aquí. A mí no me sobra nadie como turista.

¿Qué línea roja fija Galicia en la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica? ¿Cree que el Gobierno de Pedro Sánchez va a sentarse a negociar ese modelo?

Empiezo por la segunda pregunta: ojalá. Nos lo lleva prometiendo ya no sé cuántos años. Desde luego, desde que yo soy presidente, y no lo ha hecho nunca. Cuando me entrevisté con él me dijo que reunirnos para no ponernos de acuerdo era mejor no reunirnos. Bueno, con ese sistema jamás habría ningún intento. Yo creo que es un error. Hay que sentarse. Yo estoy dispuesto a renunciar a algunas de las cosas a las que creo que tiene derecho Galicia, siempre y cuando el resto haga lo mismo. Esa es la base de una negociación: no salir todos al cien por cien contentos, pero tampoco que nadie salga descontento. Pero claro, si no te convocan, es muy difícil. Mi línea roja es que, si nos creemos que España es un país compuesto por comunidades autónomas con una gran identidad, como es el caso de Galicia, pero parte de un país, los servicios públicos básicos tienen que ser iguales en todo el país. Si empezamos a decir que el que más recauda se lo tiene que quedar para él y no distribuirlo con los demás, sería como decir que en una ciudad los barrios más ricos se quedan con lo que producen y los demás tienen que arreglarse con lo que puedan. Eso haría una ciudad de dos, tres o cuatro velocidades, desequilibrada. Nosotros necesitamos que se reparta todo en conjunto. Por lo tanto, mi línea roja es que hay servicios básicos que tienen que prestarse igual en todas partes y que lo que se recauda en el conjunto del país hay que distribuirlo en torno a unos criterios que nos valgan a todos. No se puede quedar cada uno con lo que recauda y decir: «Tú reparte como puedas». Eso, el principio de ordinalidad, a Galicia no le viene bien. Queda muy bonito y muy demagógico decir que Galicia es autosuficiente. No lo es. Somos parte de un país y nos beneficiamos de la solidaridad del resto de comunidades, algunas más ricas que nosotros. Por tanto, mi línea roja es no romper eso. Quien defienda lo contrario, y aquí hay discursos nacionalistas que lo defienden, le está haciendo a Galicia un flaquísimo favor. Con eso vamos a perder. Ahora mismo estamos entre la tercera y la cuarta comunidad autónoma que más recibe del sistema de financiación. Con el sistema que defienden aquí, por ejemplo, los nacionalistas, y que pretende Cataluña, pasaríamos al penúltimo lugar. No tiene ningún sentido. Que no se tenga en cuenta que aquí la población está más envejecida, que está más dispersa y que no somos regiones tan industrializadas como otras sería un error enorme. Esa es mi línea roja.

Un problema compartido con las comunidades del Noroeste y, realmente, con todo el país es el de las bajas laborales. En el último Debate del Estado de la Autonomía usted esbozó un plan y dijo que pronto quería empezar a negociarlo con sindicatos y empresarios. ¿Cuándo empezarán las negociaciones? ¿Ve posible el acuerdo, después de que los sindicatos le hayan acusado de demonizar al trabajador enfermo?

Me han acusado sin ni siquiera dejarme explicar en qué consiste el plan. Aquí ya hay planteamientos políticos e ideológicos. Hay gente que me dice: «¿Por qué os metisteis en este lío?». Pues porque creo que es un problema y un Gobierno está para solucionar problemas. Quiero dejar claras dos cosas. Primero, a cualquier persona que esté enferma, que tenga objetivamente una situación de baja laboral, se le va a respetar absolutamente. Pero creo que cualquier persona que está enferma lo que quiere es curarse para llevar una vida normal, y la vida normal también es volver a trabajar. Por lo tanto, respeto absoluto a las personas que necesitan estar de baja e intolerancia absoluta con aquellos que estén de baja sin tener que estarlo. Al mismo tiempo, hay que hacer mejoras en el sistema. Hay pruebas que tardan demasiado y diagnósticos que se retrasan. Todo eso hay que mejorarlo. Yo no digo que todo sea perfecto, ni mucho menos, en la administración competente para dar las bajas, que es la administración autonómica. Por lo tanto, es una mejora conjunta. Decir que esto no es un problema es obviar la realidad. Esto supone casi dos puntos de nuestro producto interior bruto en bajas que se pierden. Pensamos en grandes empresas: una empresa que tenga 3.000 trabajadores, si tiene un 10% de absentismo, tiene a 300 personas que no van a trabajar. Pero pensemos también en un autónomo que tenga tres personas contratadas: si tiene dos de baja, tiene a dos terceras partes de su plantilla sin trabajar. Esto va en contra de su productividad y hace que mucha gente ya no quiera contratar. Decir que no es un problema y que no hay nada que hacer, o que con esto se quiere demonizar a los trabajadores, creo que es un error. Es una cuestión que se puede mejorar mucho, también internamente, y lo vamos a hacer. Aquí hay que plantearlo, en primer lugar, en el diálogo social, con los sindicatos y los empresarios, que al final son los actores en todo esto. Acabamos de aprobar el decreto que establece el diálogo social y durante este mes de mayo ya irán las primeras medidas. Creo que en este tema hay que actuar con rapidez. Es demagogia decir que no hay ningún problema y que lo que queremos es meternos con los trabajadores. No es así. Es un problema en Galicia, en España y en Europa. Hay que atajarlo y la administración está para actuar.

¿Cuáles serían las primeras medidas que se pondrían en marcha?

Primero, agilizar los procesos internos. Hay retrasos que se pueden agilizar mucho. A veces se está esperando demasiado tiempo por una prueba diagnóstica. También hay que dar más capacidad a las mutuas para que hagan valoraciones, sin quitar autoridad a los médicos de la sanidad pública. Y, al mismo tiempo, vigilar estrictamente que tanto la gente que está de baja como la gente que recibe un alta lo haga por motivos objetivos. Hay que analizar el proceso, ver dónde están los fallos y actuar. Estoy seguro de que con eso bajarán las cifras, escuchando a todo el mundo, porque todo el mundo tiene su punto de vista: los sindicatos, las empresas… Pero que hay margen de mejora no me cabe ninguna duda. Cuando oigo decir que se van a oponer a esto, insisto: todavía no hemos explicado el plan. Este mes de mayo explicaremos cuál es nuestro planteamiento y a partir de ahí se podrá opinar. Pero opinar que se va a impugnar, como ha hecho la vicepresidenta Yolanda Díaz, sin ni siquiera saber de qué va, demuestra una actitud política y no entender el problema. Yo siempre digo: vayan a hablar no con las grandes empresas, sino con un señor que tiene un bar con tres empleados y dos de baja. Se siente impotente.

¿Es un problema de difícil solución porque una de las patas que falla es la sanidad y con la falta de médicos que hay será posible acelerar altas y otras cuestiones?

No es solo la falta de médicos, que es una falta general que hemos denunciado muchas veces y que no depende solo de la administración autonómica. No es la única causa ni siquiera la principal del problema de las bajas laborales. Es un proceso mucho más complejo. Lo hemos analizado y, si yo pensara que no podemos hacer nada, no me habría metido en esto. Solucionarlo absolutamente va a ser muy complicado; nadie lo ha conseguido. Pero si no pensara que podemos mejorarlo, no me habría metido. Cuando ves un problema delante, crees que puedes hacer algo para solucionarlo y no haces nada, yo no estoy en política para eso. No me quedaría tranquilo.

¿El Corredor Atlántico del Noroeste es la gran asignatura pendiente en materia de infraestructuras?

Probablemente sí, porque vemos cómo avanza en otros lugares y aquí no se está haciendo prácticamente nada. Recuerdo que la primera vez que hicimos una reunión formal de la alianza del Noroeste, el Gobierno reaccionó diciendo que iba a nombrar un comisionado. Yo no he conseguido reunirme con ese comisionado, y creo que ya lleva casi cuatro años en el cargo. No ha hecho más que presentar PowerPoint y papeles, meter inversiones que ya estaban previstas. Además, el Corredor Atlántico nos vertebra. Creo cada vez más en el transporte por ferrocarril. Pero no es la única cuestión. Tenemos muchísimas cosas en las que coordinarnos. Sin ir más lejos, el pasado fin de semana he ido y vuelto en coche a Madrid y he visto cómo están las infraestructuras estatales que nos comunican a nosotros y a Castilla y León con la Meseta. Es impresentable. No puede estar así. Dudo mucho que en otras regiones de España se permitiera que estuviesen así.

El Noroeste aporta industria, energía, agroalimentación, automoción, naval, ... ¿Por qué, aun así, pesa menos de lo que debería en las grandes decisiones económicas del Estado?

Es una buena pregunta que no tiene una respuesta fácil. Probablemente porque no nos hemos movilizado lo suficiente, como sí se han movilizado durante muchísimo tiempo otros territorios. Por eso estas alianzas y por eso veo su utilidad. Es verdad que las grandes concentraciones industriales están en otros lugares, y los grandes centros que tradicionalmente han influido políticamente en nuestro país también están en otros lugares. Pero ya es el momento de decir: «Oiga, estamos aquí. Somos una parte importante de la población y de la producción económica, y queremos que se nos trate como tal». Sin pisar a nadie y sin pretender pasar por encima de nadie, pero tampoco puede pasar nadie por encima de nosotros.

"El Noroeste no ha sido tan reivindicativo como otros lugares, pero no debe ser solo un acuerdo de políticos, debemos implicar a los empresarios, la sociedad civil"

Alfonso Rueda

— Presidente de la Xunta

¿Ha sido hasta ahora demasiado paciente el Noroeste a la hora de reivindicar estas infraestructuras?

No hemos sido tan reivindicativos como otros lugares. Pero tampoco es fácil, porque cada uno tiene su forma de ser. Y esto, para ser efectivo, no puede ser solo un acuerdo de políticos. Creo que lo que estamos consiguiendo es lo que ya están haciendo en otros sitios: implicar al resto de la sociedad civil, asociaciones empresariales, entidades de todo tipo y medios de comunicación. Esto es muy importante. Hay que reconocer que en otros territorios nos llevan la delantera. Por lo tanto, lo que hay que hacer es acelerar y recuperar el tiempo perdido.

¿El Noroeste podría ser una gran plataforma logística atlántica o aún le faltan conexiones básicas para poder serlo, como por ejemplo el corredor del Noroeste?

Sí a las dos cosas. Primero, tenemos una situación geográfica privilegiada. Durante mucho tiempo se decía que estábamos en la esquina de España y en la esquina de Europa, pero ahora el transporte marítimo, y lo he visto en mis últimos viajes, es algo fundamental y cada vez adquiere más valor. Tenemos puertos en Asturias, tenemos puertos en Galicia y tenemos un traslado hacia el interior, hacia Castilla y León, que desde el punto de vista estratégico es muy ventajoso para todo lo que llega por mar. Necesitamos infraestructuras que hagan todo esto competitivo. Por eso insistimos en tener cuanto antes un transporte ferroviario en condiciones. Hay que aprovechar esa ventaja de tener tantos kilómetros de costa con puertos muy bien preparados. Ahora lo que hay que hacer es meter toda esa mercancía hacia el interior.

¿El Noroeste puede liderar la reindustrialización verde de España o corre el riesgo de limitarse a producir energía para que sean otros los que fabriquen?

Eso sería un error. Quienes se oponen por sistema a cualquier cosa normalmente son los mismos que dicen que hay que hacer fuentes de energía verde y luego, cuando las quieres hacer, se oponen radicalmente. Dicen que eso no vale de nada porque es producir energía para que otros territorios la aprovechen. Eso es no entender la industria moderna, que quiere que cada vez más los centros de producción estén muy cerca, y si puede ser pegados a las fuentes de producción de energía para ganar competitividad. Cuando me empeño en que Galicia no pierda oportunidades, es porque eso es nuestro petróleo. Nosotros tenemos agua, tenemos viento y eso produce energía. Antes no, pero ahora sí. Cada vez va a tener menos peso el petróleo tradicional y más este tipo de energías. Si las tenemos aquí, las industrias que necesitan esa energía se van a acercar a las fuentes de producción. Eso es lo que algunos no entienden. Y si las ponen en otros sitios, las industrias irán a esos sitios. Por lo tanto, tiene muchísimo sentido producir aquí la energía, porque la fábrica que la necesita se va a instalar pegada a las fuentes de producción.

"Los grande inversores para instalarse en Galicia piden más que subvenciones acortar plazos, seguridad y estabilidad"

Alfonso Rueda

— Presidente de la Xunta

Cayó el proyecto de Altri. ¿Habrá otro gran proyecto industrial que se pueda vincular al Gobierno de Alfonso Rueda?

Mi objetivo no es vincular proyectos a mi Gobierno. No hemos parado de trabajar. Los grandes proyectos industriales y las grandes inversiones son muy complejos. Primero hay que captar un inversor, después demostrarle que aquí tiene una oportunidad. Los inversores que han pasado por mi despacho, o con los que hemos ido a hablar, nunca tienen a Galicia como única opción. A veces tienen muchísimas opciones, porque el mundo cada vez es más global. Hay que convencerlos de que aquí tienen una oportunidad y de que somos una buena opción. Influyen muchísimas cosas. Tenemos cosas potentes que pueden fructificar. Por eso me fascina tanto cuando alguien pretende hacer algo, enseguida sale una plataforma que se opone, a veces sin saber muy bien qué se va a hacer. Creo que la imagen de un Gobierno serio, respetuoso con la normativa, pero firme cuando alguien cumple, es muy importante. Ya me gustaría que los inversores que consideran Galicia solo nos consideraran a nosotros, pero tienen varias opciones y funcionan por descarte. Por eso es tan importante dar las máximas facilidades siempre que cumplan. Hay muchos inversores que han hecho fábricas y proyectos en otros lugares del mundo y que han cumplido siempre. A veces llegan aquí y se encuentran con una oposición radical y sin sentido que puede hacer que nos descarten. Mi trabajo es intentar que eso no sea así.

¿Qué mensaje lanza a esos empresarios que vienen aquí y piden más suelo industrial, energía competitiva, menos burocracia y pagar menos impuestos?

Que aquí estamos intentando hacerlo posible. Intentamos demostrarles que lo que buscan en todas partes aquí lo van a tener seguro. Por eso insisto mucho en que somos un Gobierno estable, que no depende de otros condicionantes, que puede acelerar plazos. La Oficina Económica está acelerando plazos en muchas cosas. Galicia es un territorio seguro para invertir. Muchas veces se piensa que lo que más les interesa a los empresarios que vienen es saber qué subvenciones van a tener. Lógicamente, eso también les interesa. Pero les interesa muchísimo más la seguridad en los plazos, la certeza de que desde que deciden instalarse hasta que puedan estar produciendo no va a pasar más tiempo del previsto. Todo eso viene de mano de la estabilidad institucional y política. Al final, lo que Galicia ofrece, mucho más allá de apoyos económicos, porque quizás no podemos competir con los apoyos económicos de otras comunidades autónomas, sí podemos ofrecer estabilidad y seguridad. Por eso me sorprende tanto que algunos intenten desestabilizar todo esto y decir que aquí cualquier proyecto va a tener siempre una pancarta, una oposición por sistema y una manifestación, quieran hacer lo que quieran hacer.

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