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Los edificios de Galicia suspenden en accesibilidad: «No es justo que no pueda ni entrar en mi casa sin ayuda»

Un estudio revela que el 96% de las viviendas gallegas presentan barreras arquitectónicas, dificultando el acceso a personas con movilidad reducida

Más de un cuarto de inmuebles de la comunidad no tiene ascensor

Una mujer que denunció la escasa accesibilidad en las termas de Ourense.

Una mujer que denunció la escasa accesibilidad en las termas de Ourense. / Brais Lorenzo

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Iria D. Pombo

Iria D. Pombo

«Te complica la existencia. Dependes de otra persona sí o sí, y si nadie te ayuda, directamente no entras». Con esta crudeza describe Diego Adrián Mallo, portavoz de la plataforma ‘Compostela Accesible Xa!’ e individuo con movilidad reducida, el día a día de cientos de miles de gallegos con algún impedimento físico a los que no se les facilita la entrada a la mayor parte de las construcciones del país. No tienen el acceso vetado por derecho de admisión, ni nada por el estilo, pero les resulta muy difícil poder entrar hasta en su propia casa.

De los más de 790.000 edificios residenciales de Galicia, —según los últimos datos del Censo de Poboación e Vivendas del Instituto Galego de Estatística (IGE), que datan de 2011—el 96% tienen, al menos, alguna traba. Es decir, solo el 4% de las construcciones destinadas a vivienda en la comunidad están pensadas, también, para personas con discapacidad. Así se desprende la primera edición del Barómetro de la Accesibilidad de la Fundación Mutua de Propietarios.

«Creo que ese 96% hasta se queda corto», asevera Mallo. «No es una cuestión técnica, estamos hablando de dignidad humana. No es justo que no pueda ni entrar en mi casa sin ayuda solo porque la comunidad de vecinos no ponga un ascensor o una rampa en el portal», critica. Y es que en buena parte de los casos, los obstáculos empiezan antes de meter la llave en la puerta del portal, ya que un 62% de los edificios no son accesibles desde la calle. «Muchos cuentan con escalones y tampoco tienen rampa, y en Galicia es muy común que los portales no estén a ras de la acera», explica Mallo. Además, el 40% de las rampas son ineficaces, bien porque están demasiado inclinadas, o bien porque carecen de un pasamanos que facilite el trayecto.

Escaleras, ascensores y estrechez

Una vez dentro del edificio, el 'tetris' no ha hecho más que empezar. Según este estudio, aunque el 89% de los portales son anchos, en casi la mitad de los casos las puertas se cierran al momento y pesan demasiado, lo que implica que alguien tenga que sujetarla mientras se atraviesa el umbral. Otro de los obstáculos son los timbres: más de la mitad de los porteros automáticos están a una altura a la que una persona en silla de ruedas no llega. Algo similar ocurre con los buzones, ya que uno de cada cinco está muy alto para estos usuarios.

Más de un cuarto de los edificios de Galicia carece de ascensor, esa es la principal traba. Pero en caso de haberlo, ni siquiera el acceso a la puerta de casa está plenamente garantizado, pues el informe indica que un 43% de los ascensores tiene un desnivel en el que es fácil tropezar o quedar atrapado. El estudio recoge otras limitaciones compartidas por personas con movilidad reducida, como que los ascensores se cierran demasiado rápido (83%), los botones están muy altos (85%) o que las puertas pesan bastante (87%). Por no hablar del espacio, puesto que en la mayoría de ellos (78%) no cabe una silla de ruedas y tampoco se cumplen los criterios de accesibilidad requeridos para estos dispositivos de movilidad (64%).

Una mujer paseando con un hombre en silla de ruedas.

Una mujer paseando con un hombre en silla de ruedas. / Carlos Castro - Europa Press

Una misma limitación que Diego Adrián Mallo percibe dentro de la propia vivienda. «Los pasillos o las estancias son demasiado estrechos, y no hay apenas espacio para una silla de ruedas u otros aparejos», denuncia. «Aunque cada vez se están construyendo fincas más accesibles, conforme a la normativa, es necesario rehabilitar las que son más antiguas», indica. En ese sentido, cree que los propios vecinos «están más concienciados que las Administraciones o las constructoras» y que en muchas casas, sobre todo en el rural, donde viven más personas mayores, «se están adaptando las estancias pensando en si en un futuro se perderá movilidad o será dependiente».

El barómetro señala que el 86% de los edificios no ha acometido mejoras en los últimos dos años, y el 65% no prevé hacerlo. Los principales frenos, indica, son la reticencia de la comunidad de vecinos y el elevado coste económico. «Deberían impulsarse más ayudas públicas para arreglar las edificaciones y hacerlas más accesibles», considera el portavoz de Compostela Accesible Xa!.

Más allá de las viviendas, los edificios públicos también excluyen a las personas con movilidad reducida. A la espera de que concluyan las obras en el Pazo de Raxoi impulsadas para este cometido, el colectivo compostelano insta a hacer lo mismo en el padrón municipal de Santiago, «donde una silla de ruedas no puede entrar».

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