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CORRUBEDO COMO EPICENTRO

Cinco días para invadir las rías: la ruta de los pellets del Toconao hasta Galicia

Un estudio estima que el 80% acabó entre Sálvora y O Pindo, con concentraciones superiores a 500 pellets por metro cuadrado en el entorno del faro de Corrubedo

Determina que el riesgo ecológico inmediato fue bajo, aunque advierte de su posible fragmentación y contribución a la contaminación por microplásticos

Imagen de la recogida de pellets, en A Coruña.

Imagen de la recogida de pellets, en A Coruña. / Casteleiro/Roller Agencia

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Noela Vázquez Dosil

Santiago

A finales de 2023, las costas gallegas volvieron a los titulares: millones de pequeñas bolitas de plástico blanco empezaron a aparecer en las playas, desde Corrubedo hasta el norte de la comunidad, y las imágenes de voluntarios recogiendo pellets a puñados se multiplicaron en redes y telediarios. El origen era el carguero Toconao, que la madrugada del 8 de diciembre había perdido seis contenedores a unos 80 kilómetros de la costa portuguesa de Viana do Castelo. Al menos uno llevaba pellets. Mil bolsas de 25 kilos. Mil millones de bolitas de polietileno blanco sueltas en el océano. Ahora, dos años y medio después, un equipo de investigadores del CIIMAR de la Universidad de Oporto, en un trabajo aceptado en el Journal of Marine Systems, ha conseguido recrear su ruta.

El problema, cuando los científicos quisieron reconstruirlo, era que nadie sabía con exactitud dónde ni cuándo los pellets habían escapado de verdad. ¿Se abrieron los contenedores al caer? ¿Derivaron cerrados durante horas? Algunas bolsas llegaron a la costa aún intactas, lo que añadía más preguntas. Para deshacer esa incertidumbre, el equipo del CIIMAR portugués recurrió a algo poco habitual: corrió el modelo matemático hacia atrás, trazando la trayectoria de los pellets en sentido inverso desde las primeras playas gallegas afectadas.

El modelo habló claro: más allá de la cercanía — Viana do Castelo está a unos 20 kilómetros de la frontera con Galicia—, fueron el viento del sur y las corrientes hacia el norte las que hicieron el trabajo. En menos de cinco días, los pellets cruzaron desde aguas portuguesas hasta la costa gallega. Más del 60% varó durante la primera semana. Y casi todos —el 99,98% de los que tocaron tierra en esos primeros días— lo hicieron en el mismo tramo: entre la isla de Sálvora y la playa de O Pindo, con Corrubedo como epicentro. En esa franja de unos diez kilómetros en torno al faro de Corrubedo, la densidad estimada superó los 500 pellets por metro cuadrado. En el conjunto de la simulación, alrededor del 80% de los pellets que acabaron varados se concentró entre Sálvora y O Pindo.

Lo que siguió tuvo dos tiempos. Tras la llegada masiva inicial, durante las dos semanas siguientes casi no vararon más partículas: el porcentaje apenas subió de 63,80% al final de la primera semana a 63,89% al final de la tercera. Los pellets que quedaban en el agua se dispersaron mar adentro, empujados por vientos variables. Luego, en las semanas cuarta y quinta, llegó el segundo gran salto: cerca del 87% había varado ya, y el frente alcanzó casi toda la costa gallega hacia el norte. Los que resistieron en suspensión siguieron viajando hacia el Cantábrico y el Golfo de Vizcaya.

Más allá de su ruta, el estudio también ha analizado otra cuestión: ¿cuánto daño causaron? Los resultados apuntan a un riesgo ecológico inmediato bajo: las concentraciones simuladas, tanto en el agua como en la arena, quedaron por debajo de los umbrales de efecto sobre los organismos marinos. La principal cautela apunta al futuro: expuestos al sol y a la abrasión, los pellets varados se fragmentarán con el tiempo en microplásticos. El trabajo no concluye que el vertido fuera inocuo, sino que no alcanzó niveles de riesgo ecológico agudo en las condiciones modelizadas. La marea blanca llegó a Galicia en apenas cinco días; saber qué ocurre con los restos que permanecen en el medio exigirá más tiempo.

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