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El cooperativismo agrario en Galicia mantiene su músculo entre desafíos: de la PAC y la agenda verde a las plagas o la falta de trabajadores

El centenar de cooperativas agroalimentarias integradas en Agaca cerraron 2025 con más de 6.000 empleos y un facturación conjunta de 2.330 millones de euros

Granja de la cooperativa láctea Clun

Granja de la cooperativa láctea Clun / Cedida

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Santiago

En un 2025 en el que soplaron para el campo algunos vientos de cola pero también muchos en contra, el cooperativismo agroalimentario en Galicia logró mantener su músculo en dimensión, puestos de trabajo y volumen de negocio. Las 97 cooperativas integradas en Agaca, que agrupan a más 28.000 personas socias, alcanzaron una facturación conjunta de 2.330 millones de euros (incluidas las sociedades participadas) y consolidaron la cifra de puestos de trabajo que sostienen por encima de los 6.000. Detrás de estas cifras hay actividad económica y vida en el medio rural.

El balance de la asociación apunta a la "estabilidad" en la actividad, la ocupación y los resultados de este modelo socioeconómico en un contexto marcado por la incertidumbre de los mercados, la creciente presión normativa, las enfermedades animales y vegetales o la transformación ambiental del sector.

El ecosistema cooperativo es muy diverso en una comunidad donde el agro está conformado por un abanico amplio de actividades que van desde el lácteo y el vacuno de carne a la viticultura, la huerta o la avicultura. La mayoría de estos sectores obtuvieron, en general, resultados favorables el año pasado, si bien ninguno está exento de desafíos.

Precios y demanda jugaron a favor

En el caso del lácteo, que sigue siendo uno de los principales motores del cooperativismo agroalimentario gallego, en 2025 mejoró su rentabilidad por la subida de los precios de la leche, una evolución al alza que se revirtió a partir del pasado mes de abril. Además de la incertidumbre del mercado, esta rama afronta retos como la falta de relevo generacional. El año pasado abandonaron la actividad 314 granjas.

"Precisamos cooperativas cada vez máis fortes con capacidade para valorizar mellor o que producimos e garantizar un futuro viable para as próximas xeracións", afirma la presidenta de Agaca, Carmen Rodríguez, en la memoria anual de la entidad.

Al respecto, el año pasado el sector lácteo gallego asistió a la alianza de Clun y Leche Celta para tratar de ganar peso y encarar los desafíos de un mercado donde la competencia es fuerte. Los socios erigieron la unión en "el gran grupo lácteo de Galicia", un viejo sueño malogrado en anteriores intentos para la novena región productora de leche de la UE y la primera de España.

El ejercicio también fue positivo para el vacuno de carne con los precios históricos alcanzados, lo que contribuyó a espolear la facturación de las cooperativas con actividad en este ámbito. Para el porcino, en cambio, fue un año complejo por el impacto de la peste porcina africana, que provocó un descenso de precios de la carne de cerdo en España y una caída de la facturación del 17%.

En lo que respecta a la huerta, el comportamiento fue "aceptable", con los precios y la demanda de los consumidores como catalizadores.

Otro sector con peso en el ecosistema cooperativo es el vitivinícola. El posicionamiento de los vinos gallegos en el exterior y la apuesta del mercado por los blancos juegan a su favor. Con ese telón de fondo, Galicia es de las pocas regiones que sigue aumentando la superficie dedicada a la producción de uva.

El balance de 2025 también refleja el peso creciente de los servicios de maquinaria compartida y los servicios técnicos a explotaciones.

Retos y amenazas

El cooperativismo agroalimentario gallego enfrenta una serie de amenazas y desafíos que ponen y pondrán a prueba esa capacidad de resistencia que está mostrando el sector. Uno de ellos se decide en Bruselas y tiene que ver con el futuro de la Política Agraria Común (PAC) más allá de 2027. La propuesta inicial que la Comisión Europea puso sobre la mesa apunta a un recorte considerable del presupuesto y una reestructuración que conllevaría la fusión de los dos pilares de la PAC en un único fondo que también incluiría políticas de cohesión, pesca o defensa. "Estamos muy preocupados por el modelo de gobernanza que nos va a traer", señala el director gerente de Agaca, Carlos Ares, que a inicios de año relevó a Higinio Mougán en el cargo.

Además del futuro de este instrumento que canaliza ayudas e inversiones hacia el rural, las crecientes exigencias de Bruselas en materia medioambiental también presionan al sector. Por ejemplo, la normativa en materia de fitosanitarios es cada vez más estricta. "Nos preocupa la reducción de materias activas que propone la Unión Europea. Cada vez los agricultores se ven con menos herramientas para sacar adelante sus cosechas", advierte Carlos Ares, que apunta a la dificultad para producir cebolla o lechuga. "La UE prohíbe y no da alternativas", lamenta.

Y es que las plagas son actualmente un importante quebradero de cabeza para los agricultores de huerta o viñedos. Lo mismo ocurre en las producciones animales, pues acechan enfermedades como la dermatosis nodular bovina, la enfermedad hemorrágica epizoótica, la lengua azul o la peste porcina africana.

Son cuestiones que ensombrecen el porvenir de un sector necesitado, en su conjunto, de relevo generacional y mano de obra. "Poder incorporar a más gente a la actividad es el gran reto que tenemos para los años venideros", reconoce el director gerente de Agaca, que confirma las serias dificultades que tiene el campo para encontrar trabajadores.

Ante la máxima de que la unión hace la fuerza, Ares afirma que agruparse en cooperativas ayuda a encarar esos desafíos: "No sé si mejor, pero sí podremos enfrentarlos con más fuerza a través de esta fórmula". Señala que cada vez hay más concentración en el mundo cooperativo agrario e integración de empresas más pequeñas en otras más grandes.

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