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Galicia, contra el abismo de la vivienda: «A nosa casa non é un negocio»

La plataforma Xuntanza Pola Vivenda ha convocado una manifestación este sábado en Santiago para denunciar el encarecimiento de los alquileres y la dificultad de acceso a un hogar

Las protestas también se concentran en A Coruña y Ourense, hoy, y en Vigo, ayer

Manifestación por la vivienda en Santiago, este sábado, frente al Parlamento de Galicia.

Manifestación por la vivienda en Santiago, este sábado, frente al Parlamento de Galicia. / EUROPA PRESS

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Iria D. Pombo

Iria D. Pombo

Las consignas anunciando el profundo malestar comenzaron a escucharse antes de que la manifestación avanzase este sábado por las calles del centro de Santiago. Entre pancartas, carteles y conversaciones que compartían una misma preocupación, más de un millar de personas se sumaron esta mañana a una nueva movilización por el derecho a la vivienda, convocada en Compostela por la plataforma Xuntanza Pola Vivenda.

«A nosa casa non é un negocio» y «barrios para vivir, non para especular» fueron algunos de los lemas que acompañaron una marcha marcada por la desazón creciente ante el encarecimiento de los alquileres y las dificultades para acceder a una vivienda digna en Galicia. Familias, jóvenes y colectivos sociales caminaron juntos en una protesta desde el Parque da Alameda, a las 12.00 horas, que volvió a situar la crisis residencial en el centro del debate público gallego. «Lonxe de recoñecerse estas barreiras, somos atacadas e culpabilizadas como as causantes da crise nun intento de eximir responsabilidade aos verdadeiros culpables: especuladores, bancos e institucións», expresaron los manifestantes.

Manifestación por la vivienda, este sábado, en Santiago.

Manifestación por la vivienda, este sábado, en Santiago. / EUROPA PRESS

A diferencia de otras movilizaciones que concentran su itinerario en el casco histórico compostelano, esta se concentró en la Estación Intermodal y en la Avenida de Romero Donallo frente a «dos monumentos de la especulación»: una agencia inmobiliaria y una finca en la que se está construyendo un bloque de edificios con precios millonarios, prohibitivos para la mayor parte de la población. Delante del esqueleto residencial se leyó el manifiesto que clausuró la marcha, denunciando las «promesas vacías y falsas ilusiones» de la Xunta, del Gobierno central y de las corporaciones municipales.

La convocatoria, bajo el lema 'Nin alugueres polas nubes, nin salarios polo chan' forma parte de una jornada de movilización coordinada en distintas ciudades de la comunidad. Mientras A Coruña celebraba otra manifestación por la mañana que partía desde la praza de Ourense hasta María Pita, la ciudad de las burgas prepara la suya para las 20.00 horas. Por su parte, en Vigo ya se han tomado las calles en el día anterior.

Manifestación por la crisis de la vivienda, este sábado, en A Coruña.

Manifestación por la crisis de la vivienda, este sábado, en A Coruña. / CASTELEIRO

«Los alquileres están subiendo estratosféricamente», denunciaba durante la marcha Daniel González, portavoz de la plataforma convocante, en declaraciones a la agencia Europa Press. Pero el problema, insistía, va más allá de las cifras. «La calidad de vida está reduciéndose enormemente», señaló. Los convocantes denuncian que el precio de la vivienda está expulsando a jóvenes y familias trabajadoras de las ciudades gallegas, dificultando la emancipación y agravando problemas como la pérdida de población en los centros urbanos y la transformación de barrios residenciales en zonas orientadas al turismo y al alquiler temporal.

A medida que la manifestación avanzaba, algunos integrantes de la organización repartían folletos entre quienes observaban el paso de la protesta. En ellos se recogían, de forma sencilla, algunos de los derechos básicos de las personas inquilinas: desde la duración mínima de los contratos hasta las prórrogas legales. Porque convertir la manifestación en un espacio de organización fue otra de las ideas que atravesó la jornada. Desde Xuntanza Pola Vivenda reivindican la necesidad de tejer redes vecinales capaces de responder a una problemática que consideran estructural. La apuesta pasa por fortalecer asambleas de barrio y espacios de apoyo mutuo que permitan, según defienden, hacer frente a la mercantilización de la vivienda.

La escena no es nueva en Santiago, pero sí refleja una preocupación cada vez más extendida. En una ciudad donde el alquiler se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para buena parte de la población, la protesta volvió a poner voz a quienes sienten que encontrar una vivienda asequible se ha transformado en una carrera cada vez más difícil de ganar. Con la marcha avanzando entre cánticos y pancartas, el mensaje volvió a repetirse una y otra vez durante la tarde compostelana. La vivienda, sostienen los manifestantes, no puede seguir tratándose como un negocio.

Huelga general por la vivienda

Como ya adelantó este diario, las plataformas convocantes —en Galicia, la santiaguesa Xuntanza Pola Vivenda Compostela, el coruñés Sindicato de Barrio da Falperra-Os Mallos y Sindicato de Inquilinas de Vigo— exigen medidas contra los grandes propietarios inmobiliarios, incluida la expropiación de viviendas en manos de fondos y grandes tenedores para crear un parque público de vivienda fuera del mercado especulativo y frenar los desahucios. En esa línea, otra de las principales reivindicaciones pasa por reformar la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y poner fin al alquiler de temporada y por habitacionesmodalidades que se estilan especialmente en Santiago, al tratarse de una ciudad universitaria y muy turística.

La jornada de protestas también se siente en otros puntos del Estado, como en Cataluña, Valencia, Alicante, Gijón, Segovia, Cantabria o Ávila. En el conjunto estatal, las manifestaciones comenzaron el 23 de mayo en Guadalajara y se extendieron por otras 24 ciudades, entre las que destacan Madrid, Zaragoza, Badajoz, Burgos, Murcia, Valladolid, Málaga, Cádiz o Gran Canaria. La Confederación de Sindicatos de Inquilinas considera que esta campaña debe servir como punto de partida para organizar una huelga general por la vivienda y los derechos sociales, y hace un llamamiento a sindicatos y colectivos sociales para impulsar una «gran alianza» que fuerce reformas profundas en materia de vivienda.

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