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Manuel Horjales, mejor vendedor de la ONCE en Galicia: "Mi trabajo es pura alegría, me encanta el trato con los clientes"

Este vecino de Valdoviño de 45 años reparte suerte desde un quiosco en Ferrol, con compradores habituales que ya considera familia

Entregó premios de hasta 100.000 euros, pero más allá de los importes lo que le satisface es inyectar ilusión y sacar sonrisas en la gente

Manuel Horjales junto a Ángel Sánchez, director general de la ONCE

Manuel Horjales junto a Ángel Sánchez, director general de la ONCE / Cedida

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Santiago

Manuel Horjales es uno de los vendedores de la ONCE que cada día reparte ilusión entre quienes prueban suerte con los cupones o las tarjetas rasca y gana. Desde su punto de venta fijo en Ferrol, disfruta cada vez que entrega un premio a sus clientes por pequeño que sea, pero en esta ocasión el premiado ha sido él. La ONCE lo ha elegido mejor vendedor de 2025 en la delegación de Galicia, no por cantidad de ventas sino por calidad: la actitud en el puesto de trabajo, la dedicación, la implicación con los clientes o el compromiso con la labor social de la organización son los aspectos valorados a la hora de seleccionar a los ganadores.

Recibió este reconocimiento junto a otros 21 compañeros de diferentes puntos de España en una gala celebrada el viernes en Madrid, con gratitud pero también con modestia. "No me considero el mejor vendedor de la ONCE, sino un compañero más", cuenta Manuel. La clave está en su carácter afable y en la pasión con la que vive esta profesión, en la que lleva ya casi veinte años: "Mi trabajo es pura alegría, me encanta el trato con los clientes".

Su historia

Este vecino de Meirás, Valdoviño, de 45 años sufre retinosis pigmentaria, una enfermedad ocular que afecta a la retina causando la pérdida de la visión. Estudió Administración de Sistemas Informáticos, pero encontrar trabajo se puso cuesta arriba. La ONCE le abrió puertas y lo animó a ser vendedor, y a esto se dedica desde diciembre de 2006, siempre ligado a la agencia de Ferrol. Durante un par de años cubrió las vacaciones de otros compañeros. Después, durante cinco años, entre 2008 y 2013, atendió en un punto fijo en Neda. Y desde entonces tiene su puesto en el quiosco situado en la Plaza Camilo José Cela de Ferrol, donde está todas las mañanas de lunes a viernes.

Al tratarse de un lugar de mucho tránsito, paran a comprar personas que están de paso para hacer gestiones o turistas, pero también tiene muchos clientes habituales, gente del barrio que considera ya familia. Intercambian risas, anécdotas y hasta se preocupan los unos por los otros. El viernes abandonó su puesto por un día para viajar a Madrid y asistir a la cena de gala en la que recibió el reconocimiento al mejor vendedor de Galicia. Este lunes, en cuanto llegó, ya le estaban preguntando si le había ocurrido algo. "Generamos un vínculo muy especial, tenemos clientes maravillosos y se les coge cariño", destaca.

La satisfacción de da premios

A lo largo de su trayectoria en la ONCE ha repartido varios premios. El de mayor importe fue un Cuponazo de 100.000 euros. También dio varios de 35.000 euros y un Super 11 de 10.000 euros. Más allá de la cuantía, lo que más llena de satisfacción a Manuel es inyectar alegría en la gente y ayudar, aunque sea con un pellizco. Recuerda con especial emoción el premio de 10.000 euros. El agraciado se acercó a darle las gracias y le contó que lo había ayudado a hacer frente a una deuda. Por eso Manuel no se olvida: "Estas cosas te marcan", dice. Recientemente, una mujer ganó 500 euros un rasca. No solo le pidió un abrazo al vendedor sino que también un baile delante del quiosco. "Con un simple premio de 50 euros ya puedes cambiarle el día a una persona", destaca Manuel.

Manuel, en un momento de la gala celebrada el viernes en Madrid

Manuel, en un momento de la gala celebrada el viernes en Madrid / Cedida

Una década de anécdotas

En esta década de labor con la ONCE ha ido sumando muchas anécdotas. Recuerda, por ejemplo, que en los primeros días como vendedor salió de un establecimiento al que había ido a entregar unos cupones y se subió al primer coche que encontró. Pensaba que al volante lo esperaba su mujer pero, sorpresa, aquel vehículo no era el suyo sino el de un completo desconocido. Todavía hoy sonríe al contar aquella aventura.

Afortunadamente, nunca le tocó vivir un episodio muy desagradable, como por ejemplo enfrentarse a un robo. "Por suerte no pasé por ningún gran susto", cuenta. Sí hubo quien intentó colarle algún billete falso, pero él juega con ventaja: "Como no me puedo fiar de la vista toco el dinero, y si noto algo raro lo paso por el detector de billetes", explica.

Manuel dice que lo que más le gusta de su trabajo es, por un lado, "devolver a la ONCE lo mucho que me ha dado y me da" y, por otro, el trato con la gente y con sus compañeros. Por eso, sus planes pasan por seguir dedicándose a vender los productos de lotería de la organización. Porque para él ir a trabajar "es un placer".

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