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Galicia creará un comité de expertos del ámbito forestal para reforzar la prevención frente al fuego

Los técnicos advierten en las jornadas USE4FOREST del cambio de comportamiento del fuego y de la creciente afección sobre aldeas

La conselleira María José Gómez durante la inauguración de las jornadas.

La conselleira María José Gómez durante la inauguración de las jornadas. / Cedida

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Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

La Xunta pondrá en marcha un comité de expertos del ámbito forestal para reforzar las políticas de prevención, defensa y ordenación del monte frente a los incendios. Así lo anunció este jueves en Santiago la conselleira do Medio Rural, María José Gómez, durante la inauguración de las jornadas USE4FOREST, un encuentro organizado en el marco del programa europeo Interreg Sudoe centrado en la gestión y prevención de grandes incendios forestales.

Según explicó la titular de Medio Rural, el nuevo órgano estará integrado por científicos, profesores y personal técnico especializado y tendrá como objetivo «sumar conocimiento y transferirlo a la toma de decisiones». Gómez vinculó la iniciativa a la necesidad de incorporar nuevas visiones y herramientas ante un escenario de incendios cada vez más complejo, marcado por grandes fuegos simultáneos, cambios extremos de comportamiento y una creciente afección sobre núcleos habitados.

La conselleira defendió además la importancia de proyectos europeos como USE4FOREST para mejorar la defensa del monte «desde una óptica multidisciplinar y centrada en el rigor técnico». Su inauguración de las jornadas dio paso después a varias mesas técnicas centradas en el análisis de la ola de incendios de 2025 y en los cambios detectados por los equipos de prevención y extinción ante los nuevos patrones de comportamiento del fuego.

«Antes jugábamos al tenis y ahora al fútbol americano»

A las doce de la noche, en mitad de uno de los grandes incendios del verano pasado, una brigada gallega vio cómo el fuego cambiaba de comportamiento en cuestión de segundos. La radiación fue tan brusca que a varios efectivos se les levantó de golpe la pantalla de protección del casco y a uno de ellos el calor llegó incluso a arrancársela. Francisco Javier Losada, jefe de área del Servizo de Prevención e Defensa contra os Incendios Forestais, utilizó este jueves esa escena para ejemplificar el salto de intensidad detectado durante la ola de incendios de 2025, marcada —más allá del récord de hectáreas calcinadas— por fuegos más imprevisibles y capaces de generar niveles de radiación nunca antes vistos en la comunidad.

Losada vinculó esa mayor virulencia de las llamas con el elevado número de lesiones registradas entre los brigadistas durante la campaña del pasado año, muchas de ellas producidas no por contacto directo con las llamas, sino por la propia radiación del fuego. Según explicó, los grandes incendios de 2025 obligaron a replantear parte de las tácticas tradicionales de extinción ante situaciones en las que los cambios bruscos de comportamiento convertían en inseguras distancias que hasta ahora se consideraban asumibles. «Nos llegamos a enfrentar a llamas de decenas de metros de alto, en las que el agua de las mangueras se evaporaba antes de tocar el suelo», ejemplificó.

Un nuevo escenario que obliga a los medios de extinción a trabajar con «ventanas de oportunidad», es decir, aprovechar momentos concretos que brindan la orografía o la meteorología para frenar el avance de las llamas. Una tarea en la que es fundamental, más allá del trabajo en el terreno, el de aquellos técnicos que monitorizan el avance del incendio y coordinan tácticamente el trabajo. «Antes jugábamos partidos de tenis, individual o dobles, y ahora jugamos grandes partidos de fútbol americano», resumió Losada.

El jefe de área del SPIF, Francisco Losada.

El jefe de área del SPIF, Francisco Losada. / M.G.T.

Pavesas y viviendas

Más allá de la mayor intensidad, Losada situó otra de las grandes diferencias de 2025 en la afección directa sobre viviendas y conjuntos de viviendas, una situación que calificó como «prácticamente inédita en Galicia». El técnico recordó que solo el incendio de Larouco llegó a rodear 33 poblaciones y defendió que la existencia de trabajos de prevención no suponen una garantía frente a incendios capaces de lanzar lluvias de pavesas a gran distancia: «Solo tener gestionadas las fajas perimetrales a los núcleos no es suficiente».

«El enemigo ya no solo cruza la muralla; ahora es paracaidista», resumió gráficamente durante una intervención en la que alertó del peligro que suponen esas pavesas en parcelas interiores abandonadas, viviendas sin mantenimiento o huertos cubiertos de combustible en el interior de las propias aldeas. Losada insistió en que las personas que perdieron sus casas son «víctimas», pero sostuvo que la autoprotección y la prevención dentro de los núcleos empiezan ya a ser determinantes.

Parte de ese diagnóstico coincidió con las reflexiones expuestas por Emanuel de Oliveira, investigador del Laboratorio Rural de Paredes de Coura, que vinculó el aumento de los grandes incendios en el norte de Portugal al abandono progresivo del territorio y a la desaparición de usos tradicionales como el pastoreo o las quemas prescritas.

Profesionalidad

Pese al nuevo escenario, marcado por una meteorología adversa, despoblamiento rural y el consiguiente incremento del combustible en las parcelas rurales, Losada quiso ser optimista, fundamentalmente por la profesionalidad de los brigadistas gallegos. «El servicio fue capaz de estabilizar este año 1.200 quilómetros en el incendio de Larouco antes de que llegase la lluvia. Eso es una distancia como de aquí a Cádiz. Esa es una medalla que os tenéis que poner», sentenció.

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