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Cortafuegos de carne y hueso en los montes de Galicia: "Podemos evitar incendios abriendo pistas y eliminando matorral"

Los efectivos que integran el dispositivo de lucha contra los incendios de la Xunta no solo actúan para frenar el avance de las llamas desde la primera línea de combate durante el verano. Antes de que llegue la temporada de mayor riesgo se afanan en limpiar y preparar el monte para que haya menos fuegos y se puedan extinguir más rápido y desde más frentes

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Santiago

En la batalla de David contra Goliat que todos los veranos libran los efectivos antiincendios contra los fuegos que se declaran en los montes de Galicia hay diversas armas que dan poder a los bomberos, agentes forestales y demás medios dedicados a la extinción. Y no son solo las mangueras o los hidroaviones, sino que hay escudos que se preparan antes de que comiencen los meses de mayor riesgo y toque poner todos los sentidos en sofocar las llamas. Son los trabajos de prevención. Contar con pistas abiertas y limpias desde las que atacar un potencial incendio; desbrozar la maleza y podar árboles para tratar de debilitar el fuego y frenar su expansión; plantar especies capaces de parar los pies a las llamas; o contar con puntos de agua preparados son factores que pueden marcar la diferencia a la hora de ganarle el pulso al fuego. E incluso permiten evitar alguno.

Con la temporada de alto riesgo de incendios ya iniciada, las brigadas que forman parte cada uno de los 19 distritos forestales que integran el dispositivo de la Xunta en las cuatro provincias gallegas combinan estos días las labores preventivas que realizan a lo largo de todo el año con la máxima atención a las alarmas que puedan activarse si se declara un incendio. Uno de esos distritos es el de Betanzos, que cubre desde el límite de esta comarca con Lugo hasta Laxe. Engloba así todo el área de Bergantiños, donde conforman el equipo en estos momentos cinco brigadas con 26 bomberos en total, dos motobombas con cuatro conductores cada una, seis agentes, un técnico, un tractor y una persona para funciones administrativas. Llevan 15 montes que suman 2.000 hectáreas, la mayor parte superficie arbolada, entre los concellos de Carballo, Coristanco, Cabana, Laxe, Malpica y Ponteceso. Se organizan en turnos para tener medios trabajando o disponibles los 365 días del año, siete días a la semana y las 24 horas del día.

Así es un día de trabajo de una brigada de prevención de incendios forestales en un monte de Bergantiños

Martín García Piñeiro

Eliminar combustible

En una mañana de monte realizando tareas de prevención con una de estas cuadrillas es posible comprobar sobre el terreno cómo eliminan combustible a través de desbroces, podas o quemas controladas y buscan maneras de cerrarle el paso al fuego si se declara un incendio. También ponen a punto las pistas existentes para facilitar el acceso de los medios de extinción y tratan de abrir nuevos caminos desde los que defender el monte si se activan las llamas. Otra de las prioridades es tener los puntos de agua artificiales llenos y con accesos libres de maleza para poder cargar las motobombas.

Los integrantes del equipo que luchan desde la primera línea contra el fuego en la comarca de Bergantiños, algunos de ellos con tres décadas o más de trayectoria, suman cada año pruebas de que la prevención ayuda a frenar e incluso a impedir incendios. "Es primordial. Allí donde hay accesos al monte, vegetación más controlada y puntos de agua podemos atacar el fuego. De otra manera sería inviable", señala Pablo Vidal, ingeniero técnico forestal del distrito, con 28 campañas a sus espaldas. A su lado, el agente territorial Antonio García Casabella, que este año sumará su campaña número 36, comparte la satisfacción que supone ver que los trabajos realizados durante el invierno permiten doblegar incendios en verano: "Se nos llena el pecho en esas situaciones".

Motosierra en mano, el jefe de la brigada que acompañamos en una jornada de trabajo, Alberto, va más allá y destaca que eliminar combustible del bosque no solo ayuda a frenar un potencial fuego sino que directamente puede evitar que se produzca. "A veces los incendios se evitan simplemente con abrir una pista". Este bombero con más de 30 años de experiencia se refiere a que en Galicia hay personas que prenden fuego movidos por el objetivo de limpiar el monte y abrir accesos. "Si en esos lugares hacemos pistas y eliminamos matorral es probable que ya no quemen", señala.

Lo constata Pablo: "Hay una tendencia a que arda menos si existe la percepción de que el monte está cuidado". Para ahondar en lo determinantes que pueden ser las labores de prevención, este rianxeiro afincado en Carballo cuenta que el incendio que se declaró hace un par de meses en Monte Neme afectó a una zona que tenían previsto desbrozar, pero todavía no habían realizado esos trabajos. "Si estuviera limpio no ardía ni la cuarta parte", señala.

Apuesta por las frondosas

Eliminar combustible en el monte es un trabajo que nunca acaba, en buena medida porque la maleza rápido reaparece en Galicia. "Hubo años que tuvimos incendios en el mismo monte, para que veas el nivel de regeneración que hay", señala el agente Casabella. Además, en terrenos de particulares no tienen margen de acción.

Para hacer cortafuegos no solo retiran, también plantan. Por ejemplo, hay una zona de monte en el que sustituyeron pinos afectados por la banda marrón por frondosas como el castaño, el arce o el cerezo. Los pinares son más inflamables, mientras que bajo las frondosas la vegetación crece poco y generan una atmósfera húmeda.

A merced de la meteorología

La prevención ocupa jornadas de trabajo en los meses de otoño, invierno y primavera, dependiendo de la meteorología y de si hay incendios, pero en verano todos los esfuerzos se focalizan en la extinción. Por eso, los efectivos están en la base, localizada en el polígono de Carballo. La prioridad es poder actuar cuanto antes si salta la alarma por fuego en el monte. En ese caso, se activa el engranaje del dispositivo de extinción. "El tiempo para nosotros es oro", destaca Antonio García Casabella. Y la meteorología un gran condicionante en su trabajo. En la época estival, los grandes enemigos con la sequía, las altas temperaturas y el viento. Este agente ambiental natural de Carballo cuenta que lo primero que hace cada mañana al levantarse es mirar el IRDI (Índice de riesgo diario de incendio forestal) para saber cuál es la situación. Si hay riesgo alto o extremo, la consigna es dejar aparcados los trabajos en el monte y permanecer de retenes en la base por si fuera preciso salir de un momento a otro.

Cada verano cruzan los dedos para que el tiempo juegue en contra de los incendios. Tras un invierno muy lluvioso y la primavera más seca desde 1990, no se aventuran a presagiar qué pasará en los próximos meses. Es inevitable pensar en el agosto negro del año pasado. Aunque la comarca de Bergantiños no fue de las más castigadas, las brigadas de estas zonas ayudaron en otros puntos de Galicia pues, en caso de necesidad, en el dispositivo todos son uno. "El año pasado nos tocó mucho en la provincia de Ourense", recuerda Pablo, quien en temporada de alto riesgo se turna con otros dos técnicos del distrito para coordinar desde Betanzos todo el área, bajo la supervisión del jefe de distrito.

"Modestia" ante el fuego

Aun con años de bagaje en su mochila, estos profesionales expresan el respeto que le tienen al fuego, tantas veces imprevisible e indomable. "A veces tengo la sensación de que cuántos más incendios pasamos menos sabemos. Nunca te puedes fiar, algunos parecen previsibles y de repente cambian", reconoce Pablo, en un escenario en el que factores como el cambio climático (con más olas de calor y sequías) y la acumulación de materia orgánica y maleza en el monte hacen más frecuentes los llamados incendios de sexta generación.

Casabella añade que no es bueno confiarse por el hecho de tener años de experiencia: "Vemos incendios en la misma zona con condiciones similares que no se comportan igual". Por eso, Pablo considera que la "modestia" debe ser un elemento más en los equipos de protección que se enfundan los efectivos antiincendios. La prevención de riesgos es una pata fundamental en la formación que cada año reciben los integrantes del servicio de extinción. A medida que los meses de verano se acercan, los cursos van en aumento, y más allá de la seguridad.

Compañerismo

La unión y el compañerismo también son importantes para afrontar situaciones de tensión como las que generan los incendios. Lo pone de relieve María, una de las mujeres que están al mando de motobombas en Galicia. ¿Y qué consideran lo menor de la profesión los integrantes de las brigadas? Colaborar en la lucha contra la lacra de los incendios. Son auténticos cortafuegos de carne y hueso.

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