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Verbeneando con París de Noia

París de Noia: el gigante de los macroescenarios que conquistó el ‘streaming’ real

Fundada en 1957, la orquesta de Noia ha pasado de los escenarios de cemento a desplazar cinco tráilers de puro espectáculo. José Antonio Blas Piñón, líder de la formación, nos cuenta cómo logran que los jóvenes de hoy coreen a Rosalía o Bad Bunny sin perder esa «cercanía» que los convierte en una familia para miles de gallegos

Afiche del tour de este año de la orquesta París de Noia, 'Voy por ti'

Afiche del tour de este año de la orquesta París de Noia, 'Voy por ti' / Cedida

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Belén Bertonasco

Belén Bertonasco

Santiago

Hay historias que parecen de película, y la de la París de Noia es una de ellas. En el rincón más interno de las rías de Muros y Noia, la más septentrional de las Rías Baixas, en un pueblo pequeño, nació en 1957 una formación que hoy es sinónimo de masas. Lo que empezó como un grupo de músicos locales es hoy una «bestia» escénica que despliega macroescenarios con cinco tráilers, una infraestructura que su líder, José Antonio Blas Piñón (Redondela, 1959), hoy retirado de los escenarios pero siempre detrás de la escena de todo lo que sucede en la orquesta, califica de «una burrada» comparada con sus inicios. Pero, ¿cómo se pasa de tocar en escenarios de cemento montados por comisiones de fiestas a ser una de las orquestas líderes del mercado del ocio en Galicia? La respuesta de Blas es sencilla: adaptación constante y, sobre todo, corazón.

Siempre nos fuimos adaptando a lo que el público nos mandaba... hacemos la música que a la juventud le gusta escuchar

José Antonio Blas Piñón

Uno de los cantantes de París de Noia en el escenario

Uno de los cantantes de París de Noia en el escenario / Cedida

Más que nerviosismo, es incertidumbre de lo que va a pasar, que no haya ningún fallo

José Antonio Blas Piñón

El secreto está en el «factor humano»

Aunque las luces, el vestuario, el láser, el humo y las pantallas de última generación son impresionantes, Blas tiene claro que eso no es lo que hace que la gente vuelva noche tras noche. «Lo más importante de todo es el factor humano», asegura.

Para él, el éxito reside en rodearse de músicos, cantantes y bailarines que tengan la capacidad de «interactuar con el público, con la gente y de ser cercanos». Esa proximidad ha creado una legión de seguidores y amigos que los escoltan por toda la geografía, convirtiendo cada actuación en un reencuentro familiar. «Es por eso, por la cercanía que les hacemos sentir», señala Blas.

El pulso de la calle

Para enganchar a una juventud que consume música de forma digital y ultra veloz, la París de Noia aplica una fórmula infalible: ser el reflejo de lo que suena en sus auriculares. «Siempre nos fuimos adaptando a lo que el público nos mandaba... hacemos la música que a la juventud le gusta escuchar», explica el líder de la orquesta.

Algunos de los músicos de la orquesta en tocando en vivo

Algunos de los músicos de la orquesta en tocando en vivo / Cedida

Por eso, en su repertorio nunca faltará «el último tema de Rosalía o lo último de Bad Bunny», señala Blas, mezclado con una variedad que busca contentar a todas las edades.

La carretera: el «peaje» de la familia

Pero no todo lo que brilla es oro. La vida de la orquesta, de ir en verbena en verbena, también tiene un lado B, que esta marcado por la ausencia en la vida familiar. Blas confiesa que lo más duro en la vida que llevan en plena temporada de veranos y en las carreteras que tienen que recorrer son las horas que se restan a la familia. «Prácticamente en la época de verano los que tenemos familia no hacemos vida familiar. Es lo más duro de llevar», admite con sinceridad.

A esto se suma la responsabilidad de manejar infraestructuras tan grandes, donde no puede haber fallos: «Más que nerviosismo, es incertidumbre de lo que va a pasar, que no haya ningún fallo».

Una «válvula de escape» necesaria

La esperanza es que todo, como en todos los sectores, es que la cosa mejore. Incluso que las instituciones a veces nos ayuden, nos echen una mano a hacer cosas

José Antonio Blas Piñón

En tiempos de incertidumbre económica, donde las comisiones de fiestas sufren para recaudar fondos casa por casa, y la continuidad de las orquestas muchas veces pende de un hilo «cada vez resulta más difícil la situación económica que estamos viviendo, nos afecta muchísimo y las orquestas lo sufrimos sobremanera, porque somos ocio», comenta el líder de la París de Noia.

«La esperanza es que todo, como en todos los sectores, es que la cosa mejore. Incluso que las instituciones a veces nos ayuden, nos echen una mano a hacer cosas», señala Blas.

A pesar de que hay incertidumbre económica, las orquestas se reivindican como un servicio esencial para el alma. El líder de la París de Noia define a la formación como una «válvula de escape». En el campo de la fiesta, los problemas se quedan fuera: «La gente viene a las verbenas a disfrutar, a pasarlo bien y a olvidarse de todo».

Algunos de los cantantes y bailarines de la París de Noia en el escenario

Algunos de los cantantes y bailarines de la París de Noia en el escenario / Cedida

Para José Antonio Blas Piñón, después de tantos años, la imagen que resume su vida es ver a la gente disfrutar con su trabajo. «Lo más grande que hay es estar trabajando y ver que tu gente disfruta con tu trabajo», asevera.

Esa es la energía que mantiene a la París de Noia en lo más alto del candelero desde hace más de medio siglo, demostrando que, por muchas pantallas que se pongan, la verdadera conexión sigue siendo piel con piel.

Cantantes y bailarines de la orquesta en el escenario

Cantantes y bailarines de la orquesta en el escenario / Cedida

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