Antonio García Casabella, el agente ambiental que lleva 36 años en la lucha contra el fuego en Galicia: "Distingo una quema de un incendio por el olor"
Este bergantiñano asegura tener la misma vocación que el primer día y no quiere oír hablar de la jubilación
Vivió olas de incendios, sustos y alguna muerte, pero también todos los avances del dispositivo antiincendios

Antonio García Casabella con el uniforme de agente ambiental en Carballo / ECG
Pasión por su trabajo y mucha experiencia a sus espaldas. Es lo que irradia Antonio García Casabella, uno de los veteranos del dispositivo de lucha contra los incendios forestales de Galicia. Este agente ambiental cumple este año nada menos que 36 campañas en primera línea de defensa frente al fuego. Y no tiene prisa por colgar el uniforme: "El día que me jubile lo echaré mucho de menos", dice, bromeando con que tendrán que sacarlo a la fuerza
Este bergantiñano asegura sentir la misma vocación que el primer día. "Es el trabajo que me gusta", comparte. Se formó como electricista pero su destino era el monte, concretamente la prevención y extinción de incendios. Comenzó a inicios de los años 90, cuando los medios para combatir las llamas distaban mucho de los actuales. "Cuando empecé íbamos con batefuegos y solo había una motobomba para toda la provincia de A Coruña", rememora.
Décadas de avances
Cuenta que en sus inicios en la profesión tuvo que enfrentar un verano negro en Corme. Un compañero le preguntó desesperado en qué momento lograrían frenar el fuego y él respondió: "Parará cuando llegue a la playa de Valarés". Casabella, como le llaman sus compañeros de las brigadas de la comarca de Bergantiños, relata que lo que hacían entonces era trabajar en el entorno de las casas para salvarlas. "No había camiones, ni helicópteros, ni hidroaviones, ni pistas forestales...", señala.
Ahora, móvil en mano, muestra la app que ayuda al dispositivo en la coordinación y respuesta efectiva ante los incendios como muestra de cuánto ha avanzado el servicio. Y asegura que lo primero que hace nada más levantarse en época de peligro de incendios por la meteorología es consultar el Índice de riesgo diario de incendio forestal (IRDI). "Nuestro trabajo depende mucho del tiempo que haga", constata. Por eso, en cuanto se acerca julio, "empezamos todos a bailar la danza de la lluvia para pedir que llueva todo el verano", cuenta.
Aprendizajes
Camino ya de las cuatro décadas de bagaje en el mundo de los incendios, este agente territorial atesora muchos conocimientos. Asegura, por ejemplo, que es capaz de "distinguir entre una quema y un incendio" solo con el olor del humo. Pero también acumula lecciones aprendidas y una de ellas es que del fuego nunca hay que fiarse, por más años de servicio que pasen. "Incluso en el mismo lugar, dos incendios nunca son iguales", comenta. Por eso, siempre trata de trasladar a aquellos que empiezan en la profesión algo que él aprendió: "El fuego tiene vida propia y está esperando para fastidiarnos. Si vas con esa idea al monte ya tienes algo ganado". Dice que no hay que tenerle miedo porque, al fin y al cabo, es su trabajo, pero sí "mucho respeto".
Vivencias
Con una trayectoria tan extensa en la batalla contra el fuego, no solo le tocó afrontar diferentes olas de incendios sino también pasar por varios sustos. Recuerda verse cercado por las llamas en más de una ocasión. "Lo primero que hay que buscar cuando llegas a un incendio es una vía de escape y una zona de seguridad", señala. También vivió episodios dramáticos. Se acuerda de la muerte de un hombre en Oca, Coristanco, tras una quema que se le descontroló. Destaca que, en la lucha contra el fuego, "lo primero son las personas y las casas, pues una vida humana vale más que todo el monte que hay en Galicia".
Antonio García Casabella no solo participó en labores de extinción en la comarca de Bergantiños, sino en diferentes puntos de Galicia y de otras comunidades como Castilla y León. Recuerda el verano de 2022: "Empecé el 15 de junio en la Sierra de la Culebra en Zamora y terminé a finales de agosto en el Barbanza, pasando por Quiroga y O Courel".
Templanza
Aunque el trabajo es duro en época de incendios, los años lo han curtido. Asegura que ahora va más tranquilo. "Uno consigue tener más sangre fría, y también gestiono mejor las emociones". Además, le da tranquilidad el hecho de trabajar en brigadas "veteranas", con amplia experiencia.
A la pregunta de qué es lo que más le gusta de su trabajo, responde sin necesidad de pensarlo mucho: "La extinción". En la otra cara de la moneda, lo que más le incomoda es el turismo de incendios. Y le preocupan especialmente los escenarios donde se dan varios fuegos a la vez.
Dispuesto a echarse al monte para ayudar en un incendio incluso cuando está fuera de servicio, Casabella lleva la profesión en la sangre.
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