Verbeneando con Los Satélites
Los Satélites: el rugido de los instrumentos
Los Satélites es casi una institución en Galicia. Con más de 80 años de trayectoria, la orquesta coruñesa se reivindica como una «rareza» en las verbenas actuales: música en directo con una sección de metales de las que ya no quedan. Javier Saavedra, su director y líder, nos desvela el sacrificio físico de un músico y por qué la mayoría de los gallegos no pueden vivir sin una fiesta

Los integrantes de la orquesta Los Satélites / Cedida

Al frente de Los Satélites y con un trombón entre las manos está Javier Saavedra (Rianxo, 1967). Es el líder y director de la orquesta coruñesa desde hace casi 30 años. Aquella orquesta que nació en 1939 y que hoy sigue vigente en los escenarios de todas las verbenas gallegas, sigue teniendo el mismo ímpetu que en sus inicios.
Liderar una formación con semejante peso histórico no es tarea fácil; es, en palabras de Saavedra, «un trabajo constante de evolución, dedicación, de adaptarse a los tiempos y al público».
Mientras el mundo de la música gira hacia lo digital, Los Satélites se mantienen fieles a una formación que es pura potencia acústica: tres trompetas, dos trombones y tres saxos. Un despliegue que, según Saavedra, les da un «puntito de exclusividad» porque hoy en día «ninguno de los temas que te ponen en la radio lleva una sección de metal».
La excusa para volver a casa
Para el público joven, la verbena puede ser sinónimo de noche y baile, pero para Los Satélites es el motor que evita que muchos pueblos desaparezcan del mapa, aunque sea por un día, para festejar el día del patrón de las aldeas. Javier relata con emoción cómo visitan aldeas, especialmente en Ourense, como lo es O Bolo, donde habitualmente viven apenas 17 personas, pero el día de la función se juntan más de 300. «Hay familias que no se ven en todo el año y la única excusa que tienen para regresar a su pueblo y poder verse es porque es la fiesta del pueblo», explica Javier Saavedra.
En este contexto, las orquestas no son un simple espectáculo, se convierten en el epicentro de una cultura que, según un estudio de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) titulado Do palco ó escenario, coordinado por el profesor Xaime Fandiño, atrae al 80% de los gallegos al menos una vez al año. «Si el 80% de los gallegos van a ver una orquesta es porque les gusta», sentencia Saavedra.
Aitana con sabor a cumbia: el reto de gustar a todos
¿Cómo se consigue que un fan del trap y un matrimonio que busca bailar pasodoble convivan frente al mismo escenario? La receta de Los Satélites es un repertorio de cinco horas que se adapta según el reloj. «A las diez de la noche hay un público distinto del que hay a las tres de la madrugada», explica Saavedra, y ese es el gran dilema, adaptarse a todo el público.
Para enganchar a los más jóvenes, Saavedra señala que versionan los éxitos de la radiofórmula pero con el sello de la casa: «Si es un tema pop, pues lo encajamos, lo adaptamos o a cumbia o por ahí... así contentas a la juventud que le gusta escuchar sus canciones de actualidad», explica Saavedra.
Es la modernización sin perder la «calidad musical y el sonido característico» que los ha mantenido en el candelero décadas.
El «miedo» al silencio de tres días
Detrás de los trajes y la iluminación de última generación –un salto abismal respecto a las verbenas de antaño donde solo había fiesta y baile– se esconde un régimen de entrenamiento casi de deportista de élite. Javier Saavedra es transparente sobre la dureza del oficio: «Yo dejo de tocar tres días el trombón y cuando vuelvo, a la media hora, el labio se resiente», señala Saavedra.
Ese esfuerzo físico se suma al sacrificio personal de trabajar cuando los demás celebran. «Cuando hay una boda, un bautizo o un evento familiar, nosotros normalmente tenemos que ir a trabajar», señala el líder de Los Satélites.
Es una vida concentrada en los meses de verano, desde San Juan al 15 de septiembre, donde se juegan el sueldo de todo el año.
«Aquí si no gustas, no te contratan y no tienes dinero», admite con crudeza, recordando que son una empresa de 25 personas que debe «llenar la nevera» noche tras noche.
Un futuro de resistencia
Tras la pandemia, que dejó a la profesión herida –el 80% de los músicos buscaron otros empleos y muchos no regresaron–, Javier Saavedra mira al futuro con cautela. Teme que los costes laborales hagan desaparecer a las grandes formaciones en favor de grupos más pequeños.
Sin embargo, mientras el telón se siga abriendo, él seguirá buscando esa conexión única con la gente. Para el director de Los Satélites, el trabajo no termina al apagar las luces, sino que se disfruta en cada respuesta del público: «Intentas adaptarte a lo que es, ver la sensación que te transmite el público y disfrutar ese momento», comenta Saavedra.
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