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Verbeneando

Crisis en las orquestas gallegas, denuncian desamparo administrativo y fuga de talento: «A este sector le queda muy poco tiempo»

Desde la Asociación de Orquestas Galegas Tradicionalistas ao Vivo (OTAVI) denuncian que las orquestas no tienen respaldo cultural, no hay músicos suficientes y que el sector necesita ayuda para no desaparecer en los próximos cinco años

Asistentes a una verbena en Burgos.

Asistentes a una verbena en Burgos. / S. V.

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Belén Bertonasco

Belén Bertonasco

Santiago

Mientras Galicia se prepara para el estallido de luz y sonido que define sus verbenas estivales, tras los escenarios móviles se gesta una crisis sin precedentes. La Asociación de Orquestas Tradicionalistas ao Vivo (OTAVI) ha alzado la voz para denunciar una situación que califican de «crónica de una muerte anunciada» para el modelo de orquesta clásica que ha sido, durante décadas, seña de identidad de nuestra comunidad.

Desde la sección de TV&Espectáculos de EL CORREO GALLEGO, analizamos las graves advertencias de un sector que se siente desamparado y que vaticina un «cataclismo» para el año 2027.

Un sector sin red de seguridad

La denuncia principal de OTAVI radica en la absoluta falta de protección cultural. A diferencia de otras expresiones artísticas en Galicia, las orquestas gallegas no gozan de ningún marco de apoyo por parte de las administraciones. «Somos bandas culturales con músicos profesionales, pero nos tratan como una empresa privada más, con todas las obligaciones fiscales y ninguna de las ayudas que recibe el sector cultural subvencionado», señalan desde la asociación.

Esta falta de reconocimiento administrativo está empujando a las formaciones hacia un abismo financiero. Al no ser consideradas «cultura», las programaciones municipales están empezando a restringir sus espacios tradicionales en favor de otras propuestas más económicas.

Desde Orquestas Galegas Tradicionalistas ao Vivo demandan a la Administración el establecimiento de canales de diálogo para acordar medidas que permitan garantizar la preservación de una parte muy destacada del patrimonio inmaterial de Galicia.

La fuga de talento

Otro de los grandes problemas que ven desde la asociación es la escasez de músicos. Al ser «una actividad totalmente estacional», agravada por un clima que hace «imposible» trabajar en exteriores durante más de cinco meses al año, ha provocado que los profesionales de la música abandonen el sector y busquen trabajos anuales.

«Los músicos acaban escapando del sector. Nadie puede mantener una familia trabajando solo cuatro o cinco meses al año. Los músicos se están yendo a otros sectores o al extranjero, para poder pagar sus hipotecas», denuncian desde OTAVI.

«Nosotros propusimos un estudio que hicimos donde había que intentar hacer un convenio con los conservatorios para potenciar a los estudiantes, es decir, buscar que se plasmara el ámbito educacional, incluso de las autoscuelas para chóferes de camión, de las escuelas audiovisuales para técnicos de Sonido, y todo eso llevarlo luego a un sector profesional, es decir, lo que se hace en cualquier sector», explican desde la asociación.

Esta escasez ha derivado en una «competencia irreverente» entre las orquestas supervivientes, que llegan a disputarse a los músicos a mitad de temporada ante cualquier baja. «Lo que pasa es que entre las orquestas nos comemos los músicos unos a otros», explican desde la asociación.

A la crisis de personal se suma lo que OTAVI describe como un «desamparo tremendo» ante la administración. Denuncian que muchos ayuntamientos están interpretando la Ley de Espectáculos de la Xunta de forma arbitraria, imponiendo trabas constantes a las comisiones de fiestas y a los ingenieros de los escenarios móviles. «Nos exigen requisitos como si fuéramos los Rolling Stones, pero solo servimos para pagar impuestos y tasas de seguridad social», lamentan.

El cambio generacional

El diagnóstico social de OTAVI es igualmente sombrío. El despoblamiento rural está pasando una factura «gravísima», reduciendo drásticamente el número de fechas disponibles en las aldeas, que antes eran el corazón de la verbena. «A este sector le queda muy poco tiempo», señalan desde la asociación.

Además, se observa una desconexión creciente con la juventud. Los adolescentes actuales, inmersos en redes sociales como TikTok o Instagram y los videojuegos, no muestran el mismo interés por la orquesta tradicional. «Hay una ruptura. Esta generación, que va ahora entre los 15 y los 20 años, prefiere el trap o las discotecas móviles antes que el espectáculo de palco de siempre», explican.

2027: el año del posible cataclismo

Aunque 2026 se perfila como un año de «burbuja de facturación» debido al impulso de los presupuestos preelectorales en los ayuntamientos, OTAVI advierte que el futuro a corto plazo es negro. La asociación prevé que, tras el año post-electoral y el año Xacobeo de 2027, la mayoría de las orquestas medias desaparecerán, quedando únicamente las grandes formaciones de renombre nacional y propuestas de bajo coste como los «karaokes cantantes».

«Una orquesta es un mal negocio que solo se mantiene porque la música tira, pero cuando los empresarios actuales se jubilen, nadie va a querer heredar esta presión», concluyen desde la asociación.

El patrimonio de la verbena gallega, referente en toda España, se enfrenta a sus últimos cinco años de vida si no hay un cambio radical en la política cultural de Galicia.

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