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Galicia sigue pendiente de Bruselas para recibir ayudas por los incendios tras el visto bueno a los fondos para Valencia

La comunidad espera la aprobación definitiva del Parlamento Europeo y del Consejo para recibir 120,4 millones de euros destinados a paliar los efectos de los incendios de 2025

Una vecina entre las casas calcinadas de la aldea de San Vicente, en Vilamartín de Valdeorras (Ourense), el verano pasado.

Una vecina entre las casas calcinadas de la aldea de San Vicente, en Vilamartín de Valdeorras (Ourense), el verano pasado. / Brais Lorenzo

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Iria D. Pombo

Iria D. Pombo

Santiago

Mientras la Comunidad Valenciana comenzará a recibir en los próximos días 846 millones de euros de la Unión Europea (UE) para avanzar en la reconstrucción tras la dana que causó 237 muertos en octubre de 2024, Galicia sigue pendiente de que Bruselas dé los últimos pasos para desbloquear las ayudas solicitadas por los incendios forestales que el pasado verano arrasaron 118.966 hectáreas en la comunidad, según los datos oficiales. La Comisión Europea confirmó este miércoles el desembolso del grueso de los fondos destinados a Valencia, una partida que completa los 946 millones aprobados por el Fondo de Solidaridad de la UE para hacer frente a una tragedia que Bruselas define como una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente.

En paralelo, Galicia permanece a la espera de otra decisión europea. La Comisión propuso recientemente movilizar 120,4 millones de euros para paliar los efectos de los incendios que afectaron a las provincias gallegas, Castilla y León y Extremadura durante 2025, una ayuda que todavía debe recibir el visto bueno definitivo del Parlamento Europeo y del Consejo. La cifra dista de la aprobada para Valencia y responde a desastres de naturaleza y alcance distintos. Pero para Galicia supondría una inyección relevante después de un año especialmente duro, dado que los incendios de 2025 dejaron casi 119.000 hectáreas calcinadas en la comunidad, la peor campaña desde la gran ola de fuegos de 2017 y una de las más devastadoras de las últimas décadas.

Hace casi un año, las llamas avanzaron durante semanas por amplias zonas del interior gallego, especialmente en la provincia de Ourense y en el sur de la de Lugo, afectando a superficies forestales, explotaciones agrarias y espacios de alto valor ambiental. Meses después, la recuperación continúa abierta en numerosos puntos. La restauración de montes, la recuperación de terrenos productivos y las actuaciones para reducir el riesgo de nuevos incendios siguen marcando la agenda en muchos de los municipios afectados, así como la rehabilitación de las casas y edificaciones que quedaron derruidos.

Galicia ya se sirvió del Fondo de Solidaridad en 2003

La decisión anunciada este miércoles por Bruselas vuelve a situar en primer plano el Fondo de Solidaridad de la Unión Europea, el mecanismo creado para ayudar a los Estados miembros a afrontar las consecuencias de grandes catástrofes naturales. En el caso valenciano, los recursos servirán para financiar actuaciones ya ejecutadas desde los primeros días posteriores a la dana. Según detalló la Comisión, podrán cubrir gastos relacionados con la reparación de infraestructuras críticas, el alojamiento temporal de evacuados, las labores de limpieza o la mejora de sistemas de prevención frente a inundaciones.

«La financiación que acabamos de aprobar ayudará a reconstruir lo que el desastre destruyó», afirmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien calificó las inundaciones de Valencia como «una tragedia europea». La dirigente comunitaria defendió además que el desembolso constituye «una muestra concreta de solidaridad de la UE con nuestros amigos españoles, que aún cargan con el peso de la pérdida y el dolor». Ese mismo principio de solidaridad es el que ahora esperan los territorios incluidos en la propuesta para los incendios de 2025.

Galicia conoce bien este fondo. Tras la catástrofe del Prestige a finales de 2002, la comunidad fue una de las beneficiarias de las ayudas europeas destinadas a afrontar las consecuencias de la marea negra en los meses posteriores.

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