Las vacas gallegas también sufren estrés por calor: baja su producción, la calidad de la leche y los niveles de fertilidad
La investigación de un equipo del Campus Terra de la USC demostró que el estrés térmico no afecta solo a la cabaña ganadera de regiones con climas mucho más cálidos sino que amenaza la rentabilidad de las explotaciones lácteas en Galicia
Muchas ganaderías cuentan con sistemas de refrigeración para bajar la temperatura corporal de las vacas con ventiladores y aspersores de agua, una inversión que ven necesaria para cuidar la salud animal y la economía de la granja

Una ganadería de leche en Trazo / Antonio Hernández
Problemas para descansar, malestar, pérdida de apetito y otras repercusiones sobre la salud. Todas estas consecuencias que los episodios de calor cada vez más frecuentes e intensos en Galicia tienen sobre las personas también las sufren los animales. Y muchas otras. Si analizamos el caso de las vacas de leche, motor económico en el rural gallego, el impacto puede ser especialmente intenso y mermar la rentabilidad de las granjas. Verse sometidas a condiciones de temperatura y humedad ambiental fuera de lo normal activa en ellas el llamado estrés por calor.
La repercusión más inmediata es una bajada en la producción, en parte porque disminuyen la ingesta de alimento y su confort se ve mermado, dos aspectos clave para tener vacas más productivas, pero también por las alteraciones que genera en su metabolismo. Además, una meteorología perjudicial les pasa factura a nivel reproductivo, pues el calor baja la tasa de fertilidad de la cabaña ganadera: las vacas pueden tener mayor dificultades para quedarse preñadas y aumenta el riesgo de pérdidas embrionarias tempranas.
Equipos con ventiladores y aspersores de agua
Para las granjas resulta crucial cuidar el bienestar y la salud de sus reses, por una cuestión económica, pues los efectos de la pérdida de producción por estrés térmico enseguida se notan en la cuenta de resultados, pero también porque muchos ganaderos lo pasan mal si sus animales sufren. La gran mayoría de ganaderías medianas y grandes cuentan ya con medidas y sistemas que contribuyen a reducir los golpes del calor en las vacas. Van desde favorecer la ventilación natural a la instalación de equipos integrados por ventiladores y aspersores de agua, con el objetivo de bajar la temperatura corporal del animal y minimizar ese estrés al que se ven expuestas en olas de calor como la vivida la semana pasada en Galicia o la que se aproxima.
Y, aun dotándose de las últimas innovaciones en este campo, el ordeño se resiente. La piel gruesa y el sistema digestivo de las vacas dificultan la disipación del calor, una tarea que absorbe una parte considerable de la energía del animal e impide que puedan dedicarla a funciones productivas o de reproducción.
Un problema "relevante" también en Galicia
Hasta hace unos años no existían estudios que analizaran y midieran el impacto de este fenómeno en Galicia. Un equipo de la Facultad de Veterinaria del Campus Terra de la USC fue pionero en desarrollar una línea de investigación centrada en comprender cómo afecta el estrés por calor a las vacas de leche en condiciones específicas de Galicia. «Hasta ese momento, la mayor parte del conocimiento procedía de regiones con climas mucho más cálidos, por lo que existía la percepción de que este problema tenía poca relevancia en nuestro territorio», cuenta uno de los integrantes del equipo, Rodrigo Muiño Otero, profesor del departamento de Patología Animal.
Pero nada más lejos de la realidad: "Conseguimos demostrar que el estrés por calor también es un problema relevante en Galicia". Explica que no es necesario que los termómetros alcancen niveles extremos para que aparezcan efectos negativos. "La combinación de temperatura y elevada humedad característica de nuestro clima dificulta que la vaca elimine el calor corporal y eso repercute en la producción, en la fertilidad, en la salud y, en definitiva, en la rentabilidad de las explotaciones".

Rodrigo Muiño Otero, profesor de la Facultad de Veterinaria de la USC / USC
¿A partir de qué condiciones hay estrés por calor en el animal?
Rodrigo Muiño explica que, más que tomar una temperatura concreta, se debe tener en cuenta la carga térmica, esto es, la combinación entre temperatura y humedad, que se expresa mediante el índice THI. "Tradicionalmente se consideraba que el estrés por calor aparecía a partir de un THI de 72, pero los estudios más recientes indican que las vacas de alta producción pueden empezar a verse afectadas ya con valores en el entorno de de 68-70, especialmente cuando esa situación se mantiene durante varias horas o las noches no permiten recuperar la temperatura corporal», señala este docente.
¿Cuáles son las señales para detectar estrés por calor en las vacas? Aumento de la frecuencia respiratoria, jadeo, incremento del consumo de agua, disminución de la ingesta de alimento, más tiempo de pie buscando zonas ventiladas y menos tiempo descansando. "Son cambios de comportamiento que preceden a las pérdidas productivas y que permiten actuar antes de que aparezcan problemas más graves", señala Rodrigo Muiño.
¿Hasta qué punto puede bajar la producción de leche en Galicia?
Un estudio realizado en explotaciones gallegas cuantificó las pérdidas en hasta 0,249 kilos de leche por vaca y día por cada unidad de THI por encima del umbral crítico. Pero no solo está en juego la cantidad de 'oro blanco' que las ganaderías ponen en el mercado y del que viven, sino la calidad, otro factor determinante en los precios que cobra el productor. Y es que el estrés térmico reduce el contenido de grasa y proteína de la leche. Además, produce un aumento del recuento de células somáticas, pues debilita el sistema inmune de las vacas. "Durante muchos años se pensó que estás pérdidas se debían simplemente a que las vacas comían menos. Hoy sabemos que esa explicación es incompleta. El estrés por calor produce una auténtica reprogramación del metabolismo", relata el profesor. Explica que el organismo de la vaca prioriza mantener la temperatura corporal antes que producir leche.
Aunque no es sencillo establecer una cifra única de impacto económico para las granjas de leche en Galicia, pues depende de la intensidad del episodio, su duración y las medidas de prevención implementadas en cada ganadería, los datos obtenidos de los estudios realizados en la comunidad indican que una semana de estrés térmico puede suponer pérdidas de entre 2 y 5 euros por vaca solo por la caída en la producción. En una explotación con 100 vacas representaría entre 200 y 500 euros en una semana, sin tener en cuenta la merma en la calidad de la materia prima o la disminución de la fertilidad, otras de las consecuencias relevantes.
Y es que la reproducción es "una de las funciones más sensibles" a ese estrés. Se reduce la detección de celo y se ve comprometida "tanto la fecundación como la supervivencia del embrión en las primeras fases de la gestación". En este campo, Rodrigo Muiño explica que las investigaciones realizadas permitieron comprobar que "las vacas sometidas a protocolos de inseminación artificial a tiempo fijo, como el Doble-Ovsynch, consiguieron mantener tasas de gestación muy similares entre invierno y verano, lo que demuestra que una parte importante de los efectos del calor pueden mitigarse mediante un manejo reproductivo adecuado".
Finca La Asunción de Touro invierte en el Cow Cooling
En un escenario en el que el cambio climático hace que episodios que antes eran excepcionales sean cada vez más frecuentes y prolongados, muchas granjas han realizado importantes esfuerzos inversores para mejorar las instalaciones, incorporando ventiladores, sistemas de refrigeración y cambios en el manejo.
Un ejemplo es Finca La Asunción, de Touro, que se dotó de uno de los sistemas más avanzados del mercado. Es el Cow Cooling (enfriamiento de vacas). ¿Cómo funciona? Las vacas son rociadas intermitentemente con agua mediante aspersores de gran caudal para que penetre en el pelaje del animal hasta mojar su piel. Justo después se encienden los ventiladores, para que el aire acelere la evaporación de agua superficial, absorbiendo el calor corporal de la vaca y disipándolo. Su instalación requiere inversiones importantes, de unos 30.000 o 40.000 euros para 100 vacas. El propietario de esta ganadería, Santiago García, señala que el dinero destinado a dotarse de este sistema compensa. "Siempre es rentable, las vacas son muy agradecidas".
El objetivo es reducir lo máximo posible el riesgo de estrés por calor en las reses. "La producción y la reproducción se ven muy afectadas", constata este ganadero, que señala que incluso con los sistemas más punteros es imposible evitar los efectos negativos del calor en las vacas si la temperatura y el porcentaje de humedad son demasiado elevados.
Otras medidas para minimizar el riesgo de golpes de calor
Mejorar el microclima de las granjas con una ventilación adecuada y, en caso necesario, con sistemas de refrigeración con ventiladores y difusores de gota gorda como el que tienen en Finca La Asunción es una de las medidas a adoptar para reducir riesgos, pero Rodrigo Muiño recomienda actuar también desde otros frentes. Considera importante adaptar el manejo de la alimentación para "favorecer la ingesta de materia seca", por ejemplo aportando la ración en las horas más frescas del día, arrimando la comida con frecuencia y garantizando un acceso continuo a agua limpia y fresca. Señala que en algunos casos también puede ser necesario "reformular la ración para aumentar su densidad energética sin comprometer la salud rumial.
Otra de las pautas es "reducir situaciones de estrés innecesario", evitar concentraciones excesivas de aminales y prestar más atención a las vacas recientemente paridas, pues "son más vulnerables desde el punto de vista metabólico".
El profesor también apunta a la importancia cada vez mayor de monitorizar indicadores como la frecuencia respiratoria, el comportamiento de los animales o el propio THI dentro de las instalaciones "para actuar antes de que aparezcan pérdidas productivas".
Las investigaciones de este equipo dieron lugar a varias publicaciones científicas internacionales sobre el estrés por calor y ofrecieron una visión global de cómo afecta a las explotaciones lácteas gallegas, lo que permite "proponer medidas prácticas para minimizar sus efectos". Tras demostrar el impacto sobre la producción, la fertilidad, la calidad de la leche y la salud del animal, ahora están inmersos en un proyecto europeo en el participa la Consellería do Medio Rural para estudiar cómo "modifica también las emisiones de metano entérico de las vacas". El objetivo es "comprender cómo los cambios metabólicos inducidos por el calor afectan a la eficiencia alimentaria, a las emisiones y a la sostenibilidad de las explotaciones".
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