Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Verbeneando con Marbella

Víctor Antón Rodríguez revela la estrategia de la Orquesta Marbella para liderar la verbena gallega

De cantante a dueño, Víctor Antón Rodríguez ha pilotado la transformación de Marbella basándose en el sacrificio y la inversión tecnológica

Con un pie en la tradición de las verbenas de Pontevedra y otro en la innovación, reivindica un modelo donde el repertorio es el «bálsamo» que cura los males

Los integrantes de la orquesta Marbella en el cartel del ‘tour’ del 2026, ‘La llave’

Los integrantes de la orquesta Marbella en el cartel del ‘tour’ del 2026, ‘La llave’ / Cedida

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Belén Bertonasco

Belén Bertonasco

Víctor Antón Rodríguez, dueño y exvocalista de la formación, repasa la metamorfosis de una de las marcas más queridas de la verbena gallega. De la apuesta arriesgada por un escenario de vanguardia a la defensa de un repertorio comercial capaz de «leer» a cada público que se le presenta. Marbella se reivindica como una familia que ofrece «una llave» simbólica a sus seguidores para entrar en su mundo de alegría y tradición.

El nacimiento de un gigante

El éxito actual de la Orquesta Marbella no es fruto del azar, sino de una decisión clave que marcó un antes y un después en su trayectoria. Víctor Antón relata que la piedra angular fue la unión con su socio: mientras este último se encargaba de toda la complejidad técnica, Antón asumía la dirección artística y su papel como cantante.

Juntos, y bajo una premisa de sacrificio constante, apostaron por ir siempre «a más», invirtiendo en los mejores músicos y vocalistas para posicionarse entre la élite del espectáculo en Galicia. «Siempre apostamos por ir a más: por traer a los mejores músicos, a los mejores cantantes, e invertir en un mejor escenario, dentro de nuestras posibilidades», comenta Antón Rodríguez.

«Siempre apostamos por ir a más: por traer a los mejores músicos, a los mejores cantantes, e invertir en un mejor escenario, dentro de nuestras posibilidades»

La evolución que tuvo la orquesta Marbella coincidió con un cambio estructural en el sector de las verbenas gallegas. Antiguamente, las orquestas solían pertenecer a grandes grupos empresariales, pero hoy en día, el modelo ha virado hacia la propiedad individual: «Ahora cada orquesta es de una persona, de un dueño», explica el dueño de la orquesta Marbella, lo que obliga a cada responsable a «buscarse la vida», invirtiendo personalmente en innovación tecnológica y medios técnicos para no quedarse atrás en un mercado cada vez más exigente.

La dictadura del escenario frente al «olvido» del músico

Uno de los cambios más sustanciales que Antón Rodríguez observa en las últimas décadas de historia de las orquestas es la importancia capital que ha cobrado la infraestructura visual en el escenario.

«Los escenarios, las pantallas, los medios técnicos, son importantes. Para poder trabajar tienes que tener un buen escenario. Para mí, es el cambio más sustancial», explica el dueño de la orquesta Marbella.

Los efectos técnicos son determinantes para poder trabajar: «Si no tienes un escenario grande, no cuentas», señala Antón. Sin embargo, este despliegue tecnológico ha traído consigo una consecuencia que Víctor Antón Rodríguez lamenta: la pérdida de relevancia del músico instrumentista frente al impacto visual de la «delantera».

Para el director de la Marbella, se ha optado por apostar casi exclusivamente por los cantantes y los cuerpos de baile, dejando de lado la esencia de lo que debería ser una orquesta: un conjunto sólido de músicos. «Ya no es determinante que lleves un componente de músicos instrumental, más o menos grande, ese es el cambio sustancial que veo en las orquestas de hoy en día», comenta Rodríguez.

«Ya no es determinante que lleves un componente de músicos instrumental, más o menos grande, ese es el cambio sustancial que veo en las orquestas de hoy en día»

Aunque Marbella se ha adaptado a esta tendencia para ser competitiva, Antón Rodríguez echa de menos la época en la que el sentido musical y la cantidad de instrumentistas eran el factor determinante para valorar la calidad de una formación sobre el escenario.

Un repertorio para todos

A pesar de las modas en las orquestas, la clave del éxito de Marbella sigue siendo su personalidad y su capacidad camaleónica de «hacer bailar a todos». Rodríguez comenta que no concibe la orquesta por temporadas cerradas, sino por un concepto de adaptabilidad total.

La estrategia es clara: mantener un repertorio extremadamente extenso que permita a la formación «leer» qué tipo de público tienen delante en cada momento y tocar para satisfacer a la gran mayoría. «Tienes que salir de la fiesta gustándole a todos, o a casi todos», asevera.

Este espíritu se hace especialmente evidente en las verbenas de la provincia de Pontevedra, que según el dueño de Marbella, siguen representando la esencia de la fiesta de siempre. «Me quedo con las fiestas de aquí, que hacemos todos los años y a las que este año también volveremos, como las de San Juan de Poio, el Carmen de Marín o la de O Grove, con Sanxenxo en septiembre. Verbenas de siempre con mucha gente, con todo tipo de público y que mantienen un poco la historia y la tradición desde hace 30, 40 o 50 años», explica Antón.

El aspecto innegociable de la orquesta Marbella es conseguir que en la primera parte todo el mundo se anime a bailar –que suelen ser desde personas mayores hasta matrimonios con niños pequeños–, para luego centrarse en un segundo pase con un espíritu más animado para los más jóvenes.

La familia Marbella

Más allá de lo musical, la orquesta Marbella se distingue por un trato basado en el cariño y la humildad hacia sus fans y seguidores. «Marbella siempre fue de dar mucho cariño, mucha humildad y mucha atención a nuestros fans y nuestro público. Todos los años siempre dedicamos un apartado especial a ellos y tratamos de, en cada fiesta, atenderlos como debidamente se merecen», apostilla Rodríguez.

Bajo el lema de esta temporada, ‘Tenemos una llave para ti’, la orquesta simboliza esa apertura total hacia sus seguidores, invitándolos a entrar en su círculo íntimo. Rodríguez recuerda con emoción sus años como cantante y cómo el público los veía como un «bálsamo» que aportaba felicidad y alegría. Su mayor deseo para el futuro es que, dentro de veinte años, Marbella sea recordada como algo entrañable y familiar, una formación que trabajó incansablemente para hacer el mundo un poco más agradable a través de la música.

Tracking Pixel Contents