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Adiós a Pinta, Linda, Chula y Beyoncé: la tradición de poner nombre a las vacas se extingue en Galicia

Ahora las ganaderías identifican a sus animales con códigos alfanuméricos, dejando atrás un bautismo que fue costumbre durante años en el rural

Las granjas que aún llaman a sus redes como antaño son una especie en extinción en un sector con explotaciones cada vez más grandes y digitalizadas

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Santiago

Pinta, Chula, Parrula, Pastora, Paloma, Blanca, Marquesa, Chenoa, Beyoncé... Hasta hace unos años, cada vaca de cada granja de leche en Galicia tenía su propio nombre. El ganadero no solo conocía y diferenciaba a la perfección todas sus reses, sino que sabía como se llamaban y se dirigía a ellas por su nombre. Los había clásicos, ingeniosos e inspirados en personas famosas e ídolos (como en el caso del toro Mbappé). Ese 'bautismo' formaba parte de la tradición de las ganaderías. Hoy en día, en cambio, la gran mayoría de las explotaciones lácteas identifican a los animales con códigos alfanuméricos, como los del crotal que llevan en sus orejas y que funciona a modo de DNI o los que portan los collares que miden la actividad de la vaca.

Encontrar hoy una granja que siga poniendo a sus vacas nombres a la antigua usanza es casi misión imposible. Son una especie en extinción. Incluso entre las explotaciones ganaderas pequeñas resulta difícil dar con algún ejemplo. La pérdida de esta costumbre es un indicativo más de lo mucho que ha cambiado el sector en los últimos tiempos. Las ganaderías que siguen adelante son más grandes y están más profesionalizadas. Ya no es solo que al tener más animales se complique eso de poner nombre a cada res y recordarlo, sino que los avances en los sistemas de identificación y la propia tecnología que hoy en día emplean las granjas para controlar cuestiones como la producción, la salud o la reproducción de las vacas aportan otros métodos para reconocer a la cabaña ganadera.

Vacas con collares de actividad

Vacas con collares de actividad / Cedida

El toro Paquiño: la granja de Negreira que conserva la tradición

Pero aún hai algún caso aislado de granjas en las que parece que el tiempo no ha pasado, o al menos no tan deprisa. En Couso de Arriba, una aldea del concello de Negreira, se encuentra una de esas ganaderías familiares (reconvertida de la leche a la carne) que todavía tienen nombre a sus vacas, como en tiempos pasados. Rubia, Parda, Blanca o Negra son algunas de las 25 rubias gallegas que tienen en la actualidad, en clara alusión al tono de su pelaje. También está Asturiana, bautizada así por la raza a la que pertenece; Cabezona, nombre que le pusieron porque su madre tenía la cabeza grande; y el toro Paquiño. "Chamámoslle así porque lle quedaba ben, todo empezou polo chiste", cuenta Javier Otero. Escuchar alguno de estos nombres cuando las vacas salen al prado o vuelven al establo hace viajar unos cuantos años atrás, cuando eso era lo más común en las aldeas.

Hoy en día las vacas también deben tener un nombre que las identifique, pero los que se usan suelen ser una mezcla entre la denominación de la ganadería, una cifra (que puede ser el número que le corresponde dentro del rebaño) y el nombre del toro. Un ejemplo, sacado de entre las mejores vacas productoras distinguidas por la Federación Frisona Galega en 2025, es Grille Milktime 1245 ET (estas últimas letras son las siglas de Embryo Transfer, lo que indica que el animal fue gestado utilizando esa técnica de reproducción asistida).

Nada que ver con antaño, cuando era costumbre ese gesto más que simbólico de bautizar al animal en cuanto nacía o llegaba a la granja. Hace unos años dio la vuelta al mundo un estudio de la Universidad de Newcastle que concluyó que las vacas producen más leche si tienen nombre propio porque ese trato más cercano reduce sus niveles de estrés. Pero lo cierto es que, independientemente de cómo se llamen, el rendimiento de las reses ha aumentado, fruto de las mejoras en el manejo, la alimentación, la genética o el bienestar animal que han incorporado las granjas de leche en Galicia.

Un ternero con los crotales en sus orejas

Un ternero con los crotales en sus orejas / Cedida

El 35% de las ganaderías de leche superan las 100 cabezas

Más allá de la anécdota de los nombres, datos sobre el tamaño de las granjas en Galicia dan buena cuenta de la transformación del sector productor. A cierre del año pasado se contaban 1.730 explotaciones lácteas con más de 100 bovinos, que suponen el 35% del total. Su peso ha crecido con fuerza en los últimos tiempos: en 2015 representaban el 17%. De ellas, 617 superaban las 200 cabezas, representando el 12,4% de todas las granjas. Una década atrás solo eran el 3,6%.

La realidad hoy es que hay menos granjas, pero de mayor dimensión. Esto explica que más del 30% de las explotaciones produzcan ya cerca del 80% de la leche en Galicia. Además, en apenas cuatro años el número de ganaderías con entregas superiores a las 1.000 toneladas anuales se duplicó. La producción media se sitúa en 773 toneladas al año.

Estas son algunas de las cifras que explican que Galicia sea líder del sector en España, tanto en volumen de litros como en número de granjas, aunque sigue a la cola en precios. Además, es la novena región productora de Europa. Una posición que solo el relevo generacional permitirá mantener con el paso de los años. En el futuro incierto del sector, ¿volverá algún día la moda de poner nombre a las vacas como si de un miembro más de la familia se tratase?

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