Verbeneando con la Capitol
La historia de Pablo Agrafojo Pedrosa, cantante de la Orquesta Capitol que cambió el taller por la verbena
Lo que comenzó como una prueba temporal de un año se convirtió en una trayectoria de casi tres décadas. Pablo Agrafojo Pedrosa , una de las voces fundamentales de la Orquesta Capitol, repasa cómo han cambiado las verbenas gallegas, el papel de las redes sociales y el esfuerzo de subir al escenario incluso en los peores momentos personales.

Algunos de los integrantes de la orquesta Capitol sobre el escenario en un ‘show’. / Cedida

En el mundo de la verbena, las historias de permanencia suelen ser la excepción, pero para Pablo Agrafojo Pedrosa, una de las voces principales de la Orquesta Capitol, no es solo un trabajo. Para él, es su casa desde hace 26 años. Su llegada a la formación fue casi accidental; tras haber pasado por otras agrupaciones como Los Gemelos, su plan era abandonar definitivamente los escenarios para dedicarse de lleno a su profesión original: la mecánica. Sin embargo, Capitol le llamó para una prueba de una sola temporada y lo que iba a ser un paréntesis laboral se convirtió en una vida entera dedicada a la música. «¿Quién se lo hubiera creído?», reflexiona ahora con el orgullo de quien ha hecho de su pasión su medio de vida.
Una orquesta ‘de baile’ en tiempos de espectáculo
A diferencia de las grandes producciones que hoy dominan las verbenas gallegas, con efectos visuales masivos y escenarios de grandes dimensiones, la Capitol se mantiene fiel a su esencia: ser una orquesta de baile. Para él y sus compañeros, la prioridad absoluta es que la gente «lo pase bien con nosotros» y, sobre todo, que no deje de moverse. Su dinámica de trabajo es reactiva y flexible; no imponen un guion cerrado, sino que observan constantemente la plaza: «Salimos a tocar y, si la gente no baila, hay que cambiar e ir jugando», comenta el cantante de la orquesta Capitol.
Esta filosofía requiere una preparación técnica y un repertorio inmenso para poder competir y adaptarse a cualquier situación. Aunque incorporan coreografías, estas son sencillas para facilitar que el público participe.
Agrafojo Pedrosa destaca que haber estado cerca de casa y sentirse a gusto en la formación le ha permitido ver pasar a muchísimas generaciones de músicos y público, manteniendo siempre esa conexión especial con el matrimonio que va a bailar y, progresivamente, adaptándose también a los gustos de la juventud.
El choque generacional
Con la perspectiva que le dan al cantante de la formación 26 temporadas encima del escenario, observa con cierta nostalgia cómo ha cambiado la valoración de los artistas que se dedican a las verbenas. Recuerda con admiración a los cantantes legendarios de antes, cuyo talento vocal era el centro del espectáculo. «Ya no se valora tanto la musicalidad y el nivel como el que había antes», comenta. «Se valoraba más el trabajo nuestro», confiesa, al comparar esa época con la actual, donde percibe que la juventud no siempre aprecia el nivel técnico de los temas.
Para Agrafojo Pedrosa existe un contraste evidente en el campo de la fiesta. Mientras el público de las sesiones vermú o de tardeo sigue aplaudiendo y valorando el esfuerzo de los músicos, una parte de la juventud actual acude a la fiesta atraída por la multitud pero se queda en el botellón, sin prestar verdadera atención a lo que sucede sobre el escenario. «Veo en la verbena mucha gente joven, sí, van a donde hay muchísima gente, pero están con su botellón, no te hacen ni mucho caso. En cambio sí que habrá en el público un matrimonio, que va a bailar y sí te aplaude», explica.
Incluso nota un cambio en los ritmos: temas con menos nivel musical triunfan rápidamente frente a composiciones más complejas que antes eran el estándar de la verbena.
El escenario como ‘máscara’ emocional
Estar sobre un escenario y frente al público supone un esfuerzo invisible, que del otro lado no se ve. La gente acude a la fiesta para olvidar sus problemas, lo que obliga al artista a gestionar los suyos en estricta intimidad. Pablo Agrafojo relata la dureza de tener que transmitir energía y alegría incluso en los días más oscuros de sus vidas privadas: «Hay momentos en los que te fallece un familiar o tienes un problema personal, pero tienes que resolverlo».
Ya sea un fallecimiento o un problema de cualquier otra índole, los cantantes tienen la responsabilidad de «tirar del público para adelante», una tarea mucho más expuesta que la del músico, que puede quedar algo más resguardado tras su instrumento. Esta profesionalidad es la que permite que el show continúe, manteniendo una sonrisa que el espectador nunca sospecha que es forzada.
El juego de las redes sociales
Pablo Agrafojo Pedrosa comenzó en una época donde los cantantes apenas bailaban; se les llamaba «animadores» y su función era meramente vocal y de conducción del show. Hoy, el sector ha mejorado en aspectos de montaje, sonido y exigencia física, obligando a los artistas a estar en constante avance.
Este cambio también ha llegado a la vida privada a través de las redes sociales. Agrafojo Pedrosa reconoce que Instagram o TikTok son una herramienta de publicidad «brutal» que ayuda a compartir los cinco discos de la orquesta y vídeos de actuaciones. Sin embargo, también lamenta la pérdida de privacidad: «Te controla la vida. Opinan o te graban fuera del escenario», explica. A pesar de los inconvenientes, entiende que es el precio de estar de cara al público en la que considera la «cuna y madre de las verbenas»: Galicia.
Mientras haya gente dispuesta a bailar, Pablo Agrafojo seguirá subiendo al escenario convencido de que la esencia de la verbena sigue viva. Porque, pese a todos los cambios, todavía hay noches en las que una plaza entera se convierte en una pista de baile.
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