Análisis
De la fragmentación del voto a la falta de aliados ¿Por qué es tan difícil para el PP de Galicia conquistar las alcaldías de las ciudades?
El PPdeG pone a punto su todopoderosa maquinaria electoral para reforzar en 2027 su poder urbano, que le resiste ya desde tiempos de Fraga

Los candidatos del PP a las siete ciudades, con Rueda y Feijóo en Santiago / Xoán Álvarez

El Partido Popular cocina en Galicia algunas de las recetas más efectivas que existen para ir a las urnas, como demuestra su larga trayectoria de poder en la Xunta (uno de os últimos reductos de mayorías absolutas autonómicas de España) o su extenso poder municipal, muy enraizado además a la tierra. Pero a la vez, es un territorio que saca a relucir algunas de las carencias más preocupantes, especialmente la dificultad para conquistar el poder urbano. De hecho, las ciudades llevan años siendo el gran agujero electoral del PP en Galicia sin que ni Feijóo ni Rueda, ni siquiera antes Fraga, hayan dado por ahora con el ingrediente que le falta a una receta que, sin embargo, sí conquista la Galicia rural y las villas medias y grandes cabeceras de comarca.
Basta echar la vista atrás para vincular grandes urbes gallegas con alcades de izquierdas, como A Coruña de Paco Vázquez, el Lugo de Orozco, la Pontevedra de Lores, el Vigo de Caballero o el Santiago de Estévez y Bugallo. En Ferrol funciona el péndulo que impide la continuidad de proyectos de derecha e izquierda y Ourense siempre fue, directamente, una jungla política indescifrable.
Las últimas elecciones municipales de 2023, las primeras con Rueda al frente del partido y la Xunta, no le fueron del todo mal al PP con la reconquista de la Diputación de Pontevedra y alcaldías medias relevantes, pero volvió a pinchar en las ciudades. En algunas por un puñado de votos. Ganó Ferrol, la única de siete que gobernó hasta hace unos meses, cuando una moción de censura le permitió hacerse también con Lugo.
Hay que remontarse a 2011 para encontrar una alegría urbana contundente de los populares. Rey Varela fue alcalde de Ferrol, Carlos Negreira de A Coruña y Conde Roa de Santiago, un triplete que le brindó además la Diputación. El PP recogió entonces el descontento de la crisis económica de la era Zapatero y lo canalizó en mayorías absolutas urbanas. Era el mes de mayo y a finales de ese año, Mariano Rajoy conquistaba Moncloa con una mayoría absoluta histórica.

Acto de presentación de los candidatos urbanos del PP / Xoán Álvarez
El agujero electoral del PP en las ciudades gallegas: gana pero no gobierna
Eso es, precisamente, lo que trata de replicar Alberto Núñez Feijóo en 2027: conquistar poder urbano en las municipales de mayo para ter un trampolín en el que impulsarse para ser presidente del Gobierno cuando toquen generales.
El problema es que el escenario no es exactamente mimético, por muchos paralelismos que existan.
Primero, porque la crisis de 2011 era económica y la actual es de corrupción. Y tanto los manuales de política como la experiencia dicen que a nivel electoral lo que penaliza es el bolsillo (como ya aventuró Carville con su célebre "es la economía, estúpido"), mientras que los pecados éticos o morales son más amnistiables.
Segundo, porque la extrema polarización no ayuda al PP, que antes podía intentar formar mayorías sólidas o al menos alianzas de investidura con el PSOE, pero hoy la distancia sideral entre ambos deja a los populares sin ninguna muleta en la que apoyarse a nivel municipal. El ejemplo más claro de esta realidad se dio en Ourense, donde Jácome llegó a ser alcalde con solo tres concejales de 27 por la incapacidad del resto de llegar a un acuerdo. En Galicia, el PP ni siquiera tiene a Vox, ya que es el único territorio donde los de Abascal no consiguen entrar. Lo hicieron en 2023 con un simbólico edil en un ayuntamiento, Avión, de menos de 2.000 vecinos. No deja de resultar curioso que el gran triunfo del PP en Galicia, desactivando a Vox, sea a la vez un castigo a nivel municipal al no poder sumar sus votos ni disponer de aliados.
Y tercero, que las mayorías absolutas eran más asequibles hace 15 años que ahora. Desde la revolución social de los indignados de 2015 y la irrupción de las siglas acuñadas como nueva política el escenario electoral se fragmentó mucho más, ahora también por la derecha con Vox. Muchas papeletas que complican esas mayorías que, en el caso de las ciudades, están especialmente caras, ya que hay que llegar a 13 o 15 concejales. El PP lleva años sufriendo esta realidad en algunas ciudades gallegas, donde gana con holgura pero no gobierna.
Transformar las victorias en poder es, con diferencia, el gran reto que tiene por delante el PP. El Galicia, donde siempre fue un partido más de corredoira que de asfalto, pero también en otras capitales de España. Feijóo arrancó su precampaña con el foco puesto en esta conquista del poder municipal urbano. Porque él sabe que son las ciudades las que concentran el grueso de la población. Y cuanta más población se gobierna a nivel local, más opciones hay de fidelizarla a nivel electoral cada vez que toque ir a las urnas.
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