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El título gallego que llega después de la experiencia: "No tenía condiciones para seguir estudiando y trabajando a la vez"

El procedimiento de Avaliación, Recoñecemento e Acreditación de Competencias Profesionais (ARA) de la Xunta permite convertir años de trabajo y formación no reglada en una acreditación oficial. La historia de Paula Rodrigues pone rostro a un sistema pensado para reconocer el oficio aprendido fuera de las aulas

Las examinadoras revisan la ejecución de una manicura como parte de las pruebas del programa ARA, en Santiago.

Las examinadoras revisan la ejecución de una manicura como parte de las pruebas del programa ARA, en Santiago. / Iria D. Pombo

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Iria D. Pombo

Iria D. Pombo

Santiago

La primera pregunta llega cuando todavía no ha terminado de preparar la uña. Paula Rodrigues coloca los utensilios sobre la mesa, esteriliza el material y comienza la manicura. Mientras trabaja, sus examinadoras observan cada movimiento. No solo importa el resultado final, también qué hace, por qué lo hace y qué respondería si una clienta llegase con hongos en las uñas, una contraindicación para determinado tratamiento o pide la hoja de reclamaciones.

La conversación de pregunta-respuesta se alarga durante casi toda la prueba, unas dos horas. Salta de la manicura a la aparatología, de técnicas de maquillaje y colorimetría a los protocolos de higiene, de la gestión de residuos a los tratamientos faciales. Después, el examen continúa en la cabina de estética, donde explica cómo trabaja habitualmente y responde a nuevas cuestiones sobre los procedimientos que realiza cada día. No hay un examen escrito, lo que se evalúa es el oficio. Y de eso, Paula Rodrigues sabe.

Durante años, Paula aprendió el gremio sin pensar demasiado en los diplomas. Lo hizo entre cursos, horas de práctica, trabajo y la crianza de tres hijos. Primero en Brasil, su país natal, donde empezó a familiarizarse con la manicura, la pedicura y el maquillaje. Después en Galicia, donde llegó a trabajar como camarera antes de decidir que había llegado el momento de apostar por aquello que realmente le gustaba. Hoy, con 32 años, esa experiencia ya tiene un reconocimiento oficial.

"El mundo de la estética me gustaba ya desde que era niña", relata con emoción. La vocación estaba ahí mucho antes de que pudiera dedicarse a ella, pero también las circunstancias. "No tenía condiciones para seguir estudiando y trabajando a la vez, sobre todo porque tengo mis tres hijos y conciliar lleva mucho tiempo", explica. Su historia es precisamente el perfil al que se dirige el procedimiento de Avaliación, Recoñecemento e Acreditación de Competencias Profesionais (ARA), una iniciativa de la Consellería de Educación, Ciencia, Universidades e FP que permite validar la experiencia laboral y la formación no reglada "sin necesidad de seguir el itinerario formativo tradicional", según la Xunta. El procedimiento, gratuito y abierto durante todo el año, facilita además el acceso posterior a certificados profesionales o títulos oficiales de Formación Profesional.

El documento de acreditación de competencias del ARA durante el examen de Paula Rodrigues.

El documento de acreditación de competencias del ARA durante el examen de Paula Rodrigues. / Iria D. Pombo

"Al final, sirve para acreditar, o convalidar, por así decirlo, unos conocimientos que ya se han adquirido pero por los que no se ha podido obtener la titulación", indica Isabel, asesora de Paula, que la acompañaba este martes en el centro de estética y belleza Jardín Secreto, en Santiago, donde la joven trabaja con su madre desde hace un par de años. La brasileña, que no podía ocultar ni los nervios ni la sabiduría acerca de la cosmética, los cuidados, las uñas y los rituales de belleza, empezó hace un lustro el ciclo medio de Estética e Beleza en el IES Lamas de Abade animada por su marido, quien insistió en que se dedicase a "lo que más le gusta", aunque no lo acabó.

"Muchas cosas ya las sabía porque fui aprendiendo con la vida, cursitos y tal", confiesa. El resto lo encontró en las aulas. "Las profesoras son encantadoras y me ayudaron un montón a desarrollarme profesionalmente", destaca. Esas mismas docentes son las que se encargaron de examinarla para acreditar que su experiencia laboral es más que suficiente para justificar su conocimiento en el gremio.

Un examen entre limas, esmaltes y preguntas

No hubo pupitres, folios, test ni un examen al uso. La prueba consistió en demostrar que los conocimientos adquiridos durante años de trabajo estaban realmente ahí. Y hacerlo, además, mientras trabajaba.

Una de las pruebas del procedimiento ARA que, en este caso, consistía en la realización de una manicura.

Una de las pruebas del procedimiento ARA que, en este caso, consistía en la realización de una manicura. / Iria D. Pombo

Primero, Paula Rodrigues se colocó frente a una modelo, que en este caso también pertenecía a la comisión del ARA, para realizar una manicura. Mientras preparaba las uñas, escogía el material adecuado y debidamente esterilizado, y explicaba cada paso del proceso con total naturalidad, las examinadoras iban lanzándole preguntas sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con los tratamientos estéticos faciales y corporales, uñas artificiales, manicura y pedicura, cosmética, maquillaje, depilación, etcétera.

La evaluación continuó después en la cabina de tratamientos faciales y corporales. Allí, mientras mostraba el espacio de trabajo y describía los procedimientos que realiza habitualmente, como el funcionamiento de un equipo estético multifunción que utiliza una tecnología lumínica avanzada para tratamientos muy versátiles, las preguntas siguieron sucediéndose. "¿Qué alteraciones de las uñas deben identificarse antes de iniciar el servicio?", "¿Cuál es la diferencia entre depilación y epilación?", "¿Qué clientes mantienen una restricción parcial al uso de este tipo de procedimientos?", "¿De qué forma se debe arracancar el vello para no provocar heridas?". En definitiva, aparatología, tratamientos, organización del servicio, seguridad, salubridad o asesoramiento al cliente fueron algunos de los aspectos sobre los que Paula tuvo que demostrar sus competencias.

Las examinadoras preguntaron por el funcionamiento de un equipo estético multifunción empleado en tratamientos corporales.

Las examinadoras preguntaron por el funcionamiento de un equipo estético multifunción empleado en tratamientos corporales. / Iria D. Pombo

Y es que ese es, precisamente, el objetivo del ARA. De esta forma, la persona interesada en validar su conocimiento podrá "mejorar su currículum y su empleabilidad, acceder a certificados profesionales y ciclos formativos, y aportar valor a su carrera profesional", según explica una infografía divulgada por Educación.

Para acreditarse, es necesario presentar una incripción en el IES Lamas de Abade o en el CIFP Compostela. Una vez presentada, esa persona recibirá el asesoramiento de un profesional que analizará esa experiencia laboral y formación previa, de haberla. Después llega el examen y luego, por fin, la acreditación oficial.

Sin embargo, el recorrido de Paula no acaba ahí. "Me gustaría enseañar a otras personas, porque la estética es un oficio que me apasiona", reconoce. Su intención es continuar formándose en esta profesión que no deja de avanzar, cada vez más rápido, con más novedades y más modas de por medio, y para ello obtener la acreditación "ayuda muchísmo". "Quiero ser profesora en este área, enseñando a otras personas y seguir trabajando en ello", zanja.

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