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Incendios forestales

Los brigadistas gallegos vuelven del infierno de León: "Había momentos en los que el fuego ya estaba fuera de nuestra capacidad"

Mientras Galicia logra estabilizar los incendios de Ourol, Monfero y Taboada, los ochenta profesionales gallegos que ayudaron en Castilla y León regresan convencidos de que el peor enemigo del verano puede llegar en cuestión de horas

Carlos Sanmiguel (izquierda) y Jorge Ballesteros (derecha).

Carlos Sanmiguel (izquierda) y Jorge Ballesteros (derecha). / IDP

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Iria D. Pombo

Iria D. Pombo

Santiago

Hay frases que solo adquieren todo su significado cuando las pronuncia alguien que acaba de pasar tres semanas rodeado de llamas. "El fuego se puso fuera de nuestra capacidad de extinción". El bombero forestal Jorge Ballesteros no recurre a la épica ni dramatiza. Describe, con la serenidad de quien está acostumbrado a medir las palabras, lo que vivió en los incendios de León. Un escenario de grandes masas de pinar, viento cambiante y kilómetros de frente activo que, por momentos, dejó de ser un incendio para convertirse en un fenómeno imposible de dominar.

Galicia recibe a los ochenta profesionales gallegos que la Xunta desplazó para colaborar en la extinción de los incendios de León y Ávila cuando el calendario entra en la fase más delicada del verano. Agosto asoma después de un julio relativamente tranquilo en la comunidad, pero con media Península Ibérica pendiente de los grandes incendios que han obligado a movilizar cientos de efectivos en Castilla y León, Extremadura o la Comunitat Valenciana. El recuerdo de los fuegos del verano pasado, especialmente en Ourense y Lugo, sigue demasiado reciente como para bajar la guardia.

Ballesteros formó parte del contingente gallego desplazado para colaborar en la extinción en León, y lo que encontró al otro lado de la comunidad no le resultó tan ajeno como podría parecer. "Había mucho pinar, mucha carballeira, un fuego muy voraz y mucho viento", explica en declaraciones a este medio en la explanada del Centro de Coordinación Central de Defensa contra os Incendios Forestais, en Santiago, unidad visitada este jueves por el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, con motivo de la llegada de los efectivos. "Encontré muchas similitudes con los fuegos que hubo en Galicia el año pasado, en Ourense", recuerda Ballesteros.

Un grupo de bomberos forestales y agentes ambientales en la explanada de la Dirección Xeral de Defensa do Monte, este jueves, antes del encuentro con Alfonso Rueda.

Un grupo de bomberos forestales y agentes ambientales en la explanada de la Dirección Xeral de Defensa do Monte, este jueves, antes del encuentro con Alfonso Rueda. / IDP

Uno de sus destinos fue una aldea situada a 1.400 metros de altitud, uno de los puntos más elevados de la provincia leonesa. Allí comprobó cómo los factores que más temen los equipos de extinción —combustible, viento y relieve— pueden convertir un incendio en un monstruo difícil de contener. "Había momentos en los que el fuego ya estaba fuera del poder de extinción, de nuestra capacidad", resume.

Al fin y al cabo, los llamados megaincendios o llamaradas de sexta generación, son la nueva norma. Sin embargo, su rasgo más distintivo no es el número de hectáreas arrasadas, sino ese comportamiento incontrolable, agresivo e impredecible. Diversos estudios científicos publicados en los últimos años advertían de estos fuegos capaces de liberar semejante cantidad de energía que modifican las condiciones atmosféricas a su alrededor, generan columnas convectivas de humo y calor e, incluso, pueden formar nubes pirocúmulos, creando vientos erráticos y proyectando focos secundarios a cientos de metros de distancia. Está claro que ante esas circunstancias, el incendio se halla fuera de la capacidad de extinción humana temporalmente, por lo que la prioridad de los operarios pasa a centrarse en proteger a la población, a las viviendas y a las infraestructuras hasta que las condiciones permitan volver a combatirlo con seguridad.

Por eso mismo, cuando escucha que Galicia encara un agosto crucial después de unos días relativamente tranquilos —en comparación con el año pasado—, Ballesteros prefiere evitar cualquier exceso de confianza. "El viento lo cambia todo", advierte.

"Sin comunicación no hay extinción"

Mientras Jorge Ballesteros pone el foco en el comportamiento del fuego en Castilla y León, donde se contabilizan más de 60.000 hectáreas arrasadas, el agente ambiental de la Unidad de Directores de Extinción da Xunta (UDEX), Carlos Sanmiguel, señala la coordinación dentre administraciones y operativos. Sanmiguel lideró un contingente formado por once bomberos y tres operarios de maquinaria pesada desplazados durante tres semanas desde Galicia al incendio de Murias de Paredes (León).

"Lo fundamental en estos casos es la comunicación", advierte. "Es una máxima que dice que sin comunicación no hay extinción", defiende, en referencia a un problema que surgió al principio. Ambas comunidades, Galicia y Castilla y León, trabajan con sistemas diferentes.

"Lo solucionamos con los equipos que nos facilitaron ellos —los leoneses— y con nuestros equipos en canales directos", indica Sanmiguel. Cuando algún grupo perdía cobertura en una zona de montaña, era él mismo quien se desplazaba hasta un punto con señal para mantener el enlace permanente con el puesto de mando. Saber dónde está cada brigada, hacia dónde cambia el viento o cuándo hay que ordenar una retirada puede marcar la diferencia.

La Xunta refuerza el operativo para el mes de mayor riesgo

Así pues, tal y como anunció este jueves Alfonso Rueda, la Xunta afronta el mes de mayor riesgo de incendios con un dispositivo reforzado que suma 3.000 profesionales propios, 175 más que el pasado año, además de más de 7.000 efectivos si se contabiliza, también, el personal de otras administraciones. A ello se suma un refuerzo de los medios aéreos. De forma escalonada se incorporarán cuatro nuevas aeronaves: dos aviones de carga en tierra, un helicóptero pesado y un avión de coordinación, el primero de estas características con el que contará Galicia y que complementará a los dos helicópteros de coordinación ya existentes. El día 1 de agosto la comunidad contará con ese avión de coordinación y vigilancia, "la tecera de las cuatro incorporaciones", según fuentes de la Consellería do Medio Rural. Para la cuarta, habrá que esperar hasta septiembre.

El Gobierno gallego también confía en la tecnología para reducir los tiempos de respuesta. El presidente recordó que el objetivo sigue siendo el mismo: "detectar, llegar y apagar" cuanto antes. Para ello, el operativo dispone ya de 240 cámaras repartidas por los montes gallegos capaces de detectar actividades potencialmente incendiarias y de un nuevo sistema de avisos que agiliza la movilización de las brigadas.

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