De capitán de pesca a vender carne de Rubia Gallega por toda España sin intermediarios: así es Gandería Os Bravos
Hugo Martínez puso en marcha esta granja en Tomiño tras retirarse del mar y apostó por la comercialización directa a familias y restaurantes para escapar de las condiciones que marca la industria
Con clientes en comunidades autónomas como Andalucía y pedidos también desde Portugal y Francia, esta ganadería busca incorporar personal, pero no encuentra candidatos

Hugo Martínez, fundador de Gandería Os Bravos en Tomiño / Cedida
Desde verdes prados situados en el corazón del Baixo Miño hasta las cocinas de hogares y restaurantes en diferentes puntos de España y de países vecinos como Portugal y Francia. Es el viaje que realiza, sin ningún tipo de intermediario por el camino, la carne de ternera Rubia Gallega que produce en Tomiño Gandería Os Bravos, el proyecto que Hugo Martínez emprendió desde cero en esta zona sin tradición ganadera y que, 18 años después, cuenta con una cartera de clientes fieles que han encontrado en esta granja un proveedor de confianza. Tanto venden la canal entera como mitad, un cuarto, una octava parte, lotes que combinan varias piezas y que se pueden personalizar en función de la disponibilidad y preferencias del cliente, o piezas sueltas. A gusto del consumidor. El denominador común es la calidad de la carne de animales que se crían fundamentalmente a base de leche materna y pasto.
Detrás de Os Bravos hay una historia personal digna de ser contada. Hugo era capitán de pesca pero tuvo que retirarse forzosamente. Fue a raíz de esa situación cuando dio un giro de 180 grados a su profesión y cambió el mar por el campo. “Peleé para que no me dieran el retiro total y poder así trabajar en otra cosa. Decidí, en vez de quedarme en casa, montar una ganadería”. Era un mundo que siempre había llamado su atención. Ya había tenido caballos, y las vacas le gustaban. Recuerda de los años navegando que, durante el tiempo que había pasado en tierra entre mareas, había tenido contacto con las vacas en Montevideo y con las ovejas en Irlanda. Dispuesto a convertir la ganadería en su nuevo medio de vida, se pasó el tiempo de baja médica formándose para dar el salto a un sector que era un gran desconocido para él. Y así nació Gandería Os Bravos, primero solo con ovejas, a las que después sumó las cinco primeras vacas. Hoy cuentan con unas 30 rubias gallegas para la producción de carne, en torno a cien ejemplares de Ovella Galega para la venta de corderos, y gallinas de Mos. En la aventura le acompaña su hija, Katelyn Martínez, una joven enamorada del campo.

Katelyn Martínez, la hija de Hugo, le ayuda en la granja / Cedida
La apuesta por la venta directa a familias y algún restaurante
Empezaron poco a poco, vendiendo fundamentalmente a vecinos, familiares y amigos, con el boca a boca como principal canal de promoción y una apuesta cada vez mayor por la carne de Rubia Gallega. “Crecimos mucho, hasta el punto de tener que parar de recriar todas las hembras. La oferta de carne era muy superior a la demanda que lográbamos con el boca a boca”, cuenta Hugo. Fue entonces cuando crearon la página web para llegar a más clientes, y la red de redes pronto los catapultó: “Conseguimos que se dispararan las ventas”.
Esa comercialización directa fue desde el inicio un rasgo diferencial de esta ganadería, que hoy cuenta con una cartera de clientes “muy diversa”, lo que les permite dar salida a “prácticamente” todas las partes de cada canal. La gran mayoría son familias que, o bien compran un ternero entero para repartir, o una parte o se decantan por los lotes, que llevan desde chuletas, filetes o piezas para guisar a solomillo, entrecot o chuletón. “Al principio temía que solo se demandaran las piezas más nobles, pero no fue así. Tenemos desde gente que quiere carne para callos a familias que buscan ahorrar y cogen entre varios medio canal o un cuarto”, explica Hugo. Para cada ternero pueden tener desde 10 a 90 clientes.
También proveen a restaurantes, aunque no tienen intención de centrarse en este segmento: “No queremos vender solo chuleteros a la hostelería. Para nosotros sería facilísimo, y más con la calidad con la que trabajamos, pero perderíamos el resto de la ternera. En cambio, con los lotes o los cuartos conseguimos vender todo, que es nuestro objetivo”. Dentro de la hostelería surten, por ejemplo, a un restaurante famoso en Orihuela (Alicante) que compra la canal entera. También envían su carne “selecta” a un negocio cerca de la estación de esquí de Baqueira Beret (Lérida): “Se lleva todas las milanesas que le podamos suministrar”, cuenta el propietario de Os Bravos. La hostelería sí es el principal cliente cuando se trata de carne de vaca vieja o buey, pues las familias no suelen buscar este producto “gourmet”.

Chuletas de ternera / Cedida
Gran demanda en comunidades como Andalucía
La mayor parte de la carne de esta ganadería viaja cientos de kilómetros hasta llegar a cocinas y mesas. Cuando empezaron a rebasar fronteras más allá del Baixo Miño y de Galicia, los destinos con mayor tirón fueron en un inicio Madrid, Cataluña y el País Vasco pero, en la actualidad, en torno a la mitad de las ventas se van para Andalucía. Para esos pedidos que no son de proximidad trabajan con una empresa de transporte, aunque Hugo cuenta que, en una ocasión, ante lo caro que resultaba enviar un elevado número de paquetes a diversas zonas de Andalucía, ellos mismos alquilaron una furgoneta isotérmica y realizaron el reparto puerta a puerta, todo entre particulares.
Calidad frente a cantidad sin intermediarios
Aunque esta apuesta por la venta directa conlleva mayor esfuerzo, es la vía que les ha permitido “escapar” de las condiciones que marca la industria cárnica. “Nosotros buscamos calidad frente a cantidad y no vendemos nada que no sea nuestro”, destaca Hugo. En la actualidad comercializan la carne a partir de 13 euros el kilo canal. En el caso de los lotes, el precio oscila en función de las cantidades y el tipo de piezas elegidas. "Lo único que hacemos es repercutir nuestros gastos y el margen de beneficio que tenemos", afirma Hugo, que asegura que esta granja familiar nunca da gato por liebre. Cuenta que al principio temía pedir por la carne "lo que realmente valía". Un estudio de mercado concluyó que "todo el mundo vendía mucho más caro" que ellos, incluso con producto "que no era ni de raza rubia ni gallego". "Cuando ves las animaladas que piden en páginas web de Madrid o Barcelona, que no tienen ni contacto y solo compran y venden, que no pueden garantizar la calidad que nosotros garantizamos, le vas perdiendo el miedo", señala Hugo.

Una Rubia Gallega con su ternero en Ganadería Os Bravos / Cedida
Este ganadero reconoce que, cuando en 2025 el precio de la ternera subió con fuerza para los productores (y también en los puntos de venta) llegaron a plantearse abandonar la comercialización directa y vender a mataderos, pues llegaron a obtener prácticamente los mismos precios que pagaba la industria con más trabajo. Pero finalmente optaron por continuar con el modelo por el que optaron desde el primer momento. "Decidimos mantener nuestros clientes, que son los que nos ayudaron mientras otras explotaciones cerraban, y volvimos a acertar". Y es que, desde hace unos meses, la tendencia se ha invertido y los precios que la industria paga al ganadero están cayendo. "Entre los mataderos y los supermercados están queriendo forzar otra vez una bajada sin justificación, pues a nivel mundial sigue habiendo escasez de carne", defiende Hugo. Con su actividad, Gandería Os Bravos factura entre 6.000 y 7.000 euros de media al mes.
Crianza con mucho pasto y apuesta por el pastoreo regenerativo
Los terneros se alimentan a base de leche y pastos durante unos 13 o 14 meses. A partir de ahí, en la recta final de su vida, ingieren también cereal producido en la propia granja. El resultado es una carne "suave pero con cuerpo, más blandita y con mejor infiltración de grasa". Otro de los aspectos diferenciales de esta ganadería es su apuesta por el pastoreo regenerativo, un sistema rotacional donde el ganado cambia de parcela a diario para imitar los movimientos de los herbívoros salvajes. Este modelo aporta un triple resultado: mejora del suelo, descanso de la hierba y contribución a la lucha contra los incendios forestales. "Nuestros principios pasan por producir la carne de la manera más sostenible posible, usando el mínimo grano que no produzcamos nosotros".

La granja tiene un centenar de ovejas de la raza Ovella Galega / Cedida
La difícil tarea de conseguir trabajadores
En la actualidad son Hugo y su hija quienes sacan adelante todo el trabajo de la granja, con el apoyo este verano de una chica que realiza prácticas en Os Bravos. Katelyn, de 17 años, se marchará para formarse en la rama agraria, por lo que están en busca de otra persona que quiera sumarse al equipo. Pero les está costando: "Es dificilísimo, pusimos algunos anuncios y la gente no te manda su currículum, te pregunta condiciones y algunos empiezan por decir que no están dispuestos a trabajar los fines de semana". Hugo señala que es un trabajo "solo para personas a las que realmente les guste". Su granja sí despierta interés entre los estudiantes para hacer prácticas, y una muestra de ello es la estancia de dos alumnas francesas, pero lo que necesitan es personal que pueda quedarse a trabajar. En estos momentos les vendría como anillo al dedo un perfil que controle de mecánica y le gusten los animales, aunque tengan que formarlo en lo que es la actividad ganadera en sí. La razón es que tienen problemas para reparar la maquinaria con cierta agilidad: "Los talles nos dan fechas muy largas", explica.
La pasión por el campo que irradia este ganadero es la que explica que, aunque el viento sople en contra, Gandería Os Bravos siga adelante y esté ya a un paso de cumplir las dos décadas de actividad.
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