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Augusto Pérez Alberti, el catedrático jubilado de la USC que a los 78 años defendió su segunda tesis doctoral para seguir aprendiendo: "Investigar es mi hobby"

Tras jubilarse de la docencia, volvió a la universidad como estudiante más de tres décadas después de su primera tesis para investigar los suelos de O Courel, demostrando que nunca es tarde para nuevos retos

Especialista en Geografía Física y Geomorfología, dedicó más de cuatro décadas a la docencia y la investigación, desarrollando proyectos científicos en lugares la Antártida, los Andes o Canadá

Augusto Pérez Alberti junto a un glaciar en la Antártida

Augusto Pérez Alberti junto a un glaciar en la Antártida / Cedida

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Santiago

Dicen que la edad es solo un número y Augusto Pérez Alberti es un buen ejemplo de ello. Este geógrafo y geomorfólogo, que fue catedrático de Geografía Física de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) durante casi 20 años y desarrolló investigaciones por todo el mundo, desde Canadá a la Antártida, acaba de defender, a sus 78 años, su segunda tesis doctoral. Ya se había jubilado como docente —o, mejor dicho, lo jubilaron— cuando decidió embarcarse en una nueva aventura: realizar una segunda tesis doctoral, esta vez en el campo de la Edafología. ¿Por qué, en lugar de entregarse a un retiro convencional tras cuarenta años de intensa trayectoria profesional, decidió sumergirse en el estudio de los suelos de O Courel? Por una razón tan sencilla como poderosa: "Seguir aprendiendo" y disfrutando de aquello que lo llena. "Investigar siempre ha sido un hobby para mí", cuenta este investigador independiente de mente inquieta, dispuesto a continuar sumando conocimiento y a compartirlo con el mundo hasta el fin de sus días.

Su ejemplo es la prueba de que la edad, si la salud física y mental lo permiten, no tiene por qué marcar el fin de nada. "La jubilación llega y hay que dejar paso a la gente más joven, está claro, pero eso no impide seguir investigando sobre temas que uno controla y en los que tiene experiencia o, como es mi caso, explorar nuevos campos. Si tengo capacidad de aprender, los años no son un obstáculo. Esa fue la razón por la que hice esta segunda tesis", comparte. También para reivindicar el papel de los investigadores cuando llegan a cierta edad: "Estamos jubilados, pero morimos siendo investigadores". De hecho, asegura que su retiro de la vida académica llegó cuando estaba en la cumbre de su actividad investigadora. Era 2018 y tenía 71 años. "Estaba perfectamente en forma. Ese año fui a la Antártida para estudiar la evolución glaciar y publiqué con otros colegas de Edafología en la revista Nature", reivindica Augusto, que nació en Tortosa (Tarragona) porque sus padres trabajaban allí y cuando él tenía tres años regresaron a O Ribeiro.

Imagen de Augusto Pérez Alberti en la Antártida

Imagen de Augusto Pérez Alberti en la Antártida / Cedida

La suya es la historia de un educador que nunca dejó de estudiar, aunque no siempre fuera sentado en los pupitres de un aula. Superó cuatro oposiciones y dos tesis. "Siempre he tenido esa mentalidad; disfruto investigando, escribiendo, conociendo cosas nuevas". Ese deseo inagotable de aprender lo llevó a recorrer buena parte del mundo, colaborar con investigadores de distintos países y a guiar e inspirar a varias generaciones de geógrafos, geólogos, arqueólogos y geomorfólogos, tanto dentro como fuera de España.

De los inicios como docente a una jubilación sin retiro

Su carrera profesional empezó en 1978 como docente de instituto en la comarca de Ferrol, primero como profesor agregado y después como catedrático. Fue en esa etapa cuando empezó a preparar la primera tesis, que versó sobre la geomorfología de la Galicia sudoriental. En 1991 dio el salto a la universidad tras sacar plaza como profesor de Geografía Física de la USC. Ese mismo año presentó la tesis que lo convirtió en doctor. Y en 1999 ya era catedrático de Geografía Física en la facultad de Geografía e Historia de Santiago. Cuenta que la universidad le abrió un mundo de oportunidades para investigar. Trabajó en los Andes, la Antártida, Canadá o Nueva Zelanda; participó en congresos internacionales y conoció a investigadores de diferentes partes del mundo con los que compartir experiencias. "Me abrió un universo nuevo que no tenía la secundaria, aunque también disfrutaba enseñando en el instituto de Ferrol. Pero la universidad fue y sigue siendo un lugar maravilloso para enseñar y para aprender", señala.

Augusto llevaba 27 años ligado a la USC cuando le tocó jubilarse. No llegaba, por muy poco, a los 30 años que se exigen para ser nombrado profesor emérito, una figura honoraria que permite, entre otras cuestiones, continuar con trabajos de investigación desde la propia institución académica. Sí lo reconocieron catedrático Ad Honorem, pero las posibilidades de seguir ligado a la Universidad eran mucho más limitadas y debía dejar físicamente la que fuera su casa durante casi tres décadas. A este explorador se le cerraba una puerta para seguir haciendo lo que más le gusta, pero él abrió otra, concretamente en la facultad de Biología. Y se convirtió en estudiante de doctorado, lo que le daba más derechos que ser profesor jubilado de la USC.

Augusto Pérez Alberti en Nepal

Augusto Pérez Alberti en Nepal / Cedida

Romper con el edadismo

Así comenzó su segunda tesis, en la que se matriculó en la antesala de la pandemia. Su idea inicial fue estudiar los suelos del Parque Nacional das Illas Atlánticas, pero desplazarse hasta ese paraje en barco en pleno covid era complicado. Así que cambió el plan y optó por centrarse en los suelos del geoparque Montañas do Courel. La zona no le era desconocida, pues ya había trabajado en temas relacionados con su geomorfología, ciencia que estudia las formas de la superficie de la Tierra y los cambios en el relieve. Pero había muchas cosas que debía aprender: "Yo no tenía formación geoquímica, sabía algo de suelo porque llevaba tiempo colaborando con equipos de Edafología, pero tenía que resetearme en ciertos ámbitos y aprender en otros", cuenta. Nada de eso supuso un obstáculo para él, que el pasado 23 de julio presentó su tesis. Con 78 años.

"Puede ser algo excepcional, pero también la demostración del edadismo que a veces existe. Parece que los mayores solo pueden estar cuidando nietos, pero pueden hacer muchas más cosas. Podemos seguir activos sin perturbar la carrera profesional de nadie", defiende, dejando claro que respeta a los compañeros que abandonan la investigación al jubilarse.

Explorador por todo el mundo

Pero para él es una parte importante de la gasolina de la vida, que además lo llevó a conocer mundo y a mucha gente. "La investigación me permitió trabajar casi del Polo Norte al Polo Sur", dice. Aunque es difícil sintetizar 40 años de trayectoria, Augusto ha desarrollado investigaciones en España, Portugal, Argentina, Uruguay, Marruecos, Brasil, Chile, Canadá y en la Antártida. A lo largo de su carrera también ha redactado informes técnicos para diferentes empresas e instituciones. El año pasado, por ejemplo, colaboró en la elaboración de una guía de seguimiento del estado de hábitats para la Comisión Europea. Participó en más de 350 libros y artículos publicados en distintas revistas; participó como relator en más de 60 cursos; dirigió numerosas tesis, proyectos de investigación de doctorado y trabajos de fin de grado; y presidió la Sociedad Española de Geomorfología.

Augusto Pérez Alberti en Nepal

Augusto Pérez Alberti en Nepal / Cedida

Su trayectoria está ligada fundamentalmente a dos grandes líneas de investigación: una de ellas es la evolución de las costas y los cambios en el nivel del mar, y la otra tiene que ver con la importancia de los glaciares, tanto en la Galicia del pasado como en las montañas andinas. Pero también colaboró en temas de arqueología o paisaje. Y fue de los primeros a nivel mundial en trabajar con drones en el estudio de la dinámica costera hace unos 15 años.

Camino de los 79 años, no piensa en colgar las botas: "El ritmo irá decreciendo, pero seguiré haciendo cosas mientras tenga salud, porque me apetece". Aún tiene artículos y libros pendientes de escribir con el material recopilado durante estos años. También continuará dando conferencias y colaborando en lo que pueda. "Quieto no estaré", dice Augusto. Si hay otra vida, él seguirá siendo explorador.

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