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José Castiñeiras: "La escultura tiene que hablar por sí misma", el escultor que dejó su huella en A Coruña será homenajeado en Val do Dubra

El escultor gallego regresa a la tierra donde nació para recibir un homenaje que reconoce una trayectoria marcada por la emigración, el mar y el paisaje de A Coruña

José Castiñeiras en su taller.

José Castiñeiras en su taller. / Cedida

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Pablo Vázquez

Santiago

José Castiñeiras, uno de los escultores gallegos con más presencia en el espacio público, será homenajeado en Val do Dubra, su localidad natal, durante la 42ª Festa do Emigrante. El artista dejó su firma en A Coruña con obras como la estatua de María Pita, los Surfistas de Orzán y las Gaviotas de Plaza Portugal, piezas que ya forman parte del paisaje de la ciudad.

Coincidiendo con la celebración de la Festa do Emigrante, el Concello quiere condecorar la trayectoria del autor de uno de los símbolos más representativos del municipio, el monumento al Emigrante, protagonista de estas fiestas. Una escultura que, además de marcar un punto de inflexión en su carrera, se ha convertido en un homenaje a los gallegos que tuvieron que abandonar su tierra en busca de un mejor futuro.

Con motivo de este reconocimiento, conversamos con él sobre sus orígenes, la influencia que el Val do Dubra ha tenido en su vida y en su obra, el significado de este homenaje y el legado de una trayectoria que ha dejado su huella tanto en el municipio que lo vio nacer como en A Coruña.

El escultor gallego que dejó su huella en A Coruña

Aunque lleva muchos años vinculado a A Coruña, sus raíces están en Val do Dubra. ¿Hasta qué punto cree que haber crecido allí ha marcado su forma de entender el arte y la escultura?

No creo que el lugar en sí hiciera nada para que uno fuera escultor, pero de allí salí siéndolo. Fue la afición que tenía, más que las circunstancias.

¿Qué siente cuando el concello en el que nació le homenajea por la Festa do Emigrante?

Bueno, aunque llevo muchísimos años aquí en A Coruña, Val do Dubra me marcó. Mi infancia se desarrolló allí. Que me hagan un homenaje en el concello de mi tierra es un gran regalo.

Que me hagan un homenaje en el concello de mi tierra es un gran regalo

José Castiñeiras

— Escultor

Sus esculturas forman parte del paisaje y de la memoria colectiva de A Coruña. ¿Cómo se consigue que una obra deje de ser una escultura y se acabe convirtiendo en un símbolo para toda una ciudad?

Cuando se hace una escultura, esta tiene que hablar por sí misma y contarte cosas. Si es buena, habla por sí sola; si no, pues no. Siempre he intentado que mis obras tuvieran algo que decir. En algunas quizá no lo conseguí —es parte del oficio—, pero ahí reside mi inquietud.

Cuando se hace una escultura, esta tiene que hablar por sí misma y contarte cosas

José Castiñeiras

— Escultor

Estatua de María Pita en A Coruña.

Estatua de María Pita en A Coruña. / CEDIDA

¿Cómo decide cuál es el instante, el gesto o la emoción que quiere representar?

Con el monumento al emigrante, por ejemplo, intenté reflejar la realidad de la emigración, los que se van y los que se quedan. Ahí están esas dos figuras: el hombre que se marcha sin saber qué le espera y la familia que permanece, representada por las mujeres. Para mí, poder plasmar eso es un regalo. En otras obras me gusta buscar el movimiento y el tema del mar; por más que trabaje otros motivos, el mar siempre es una idea que está presente.

José Castiñeiras trabajando en el monumento al emigrante.

José Castiñeiras trabajando en el monumento al emigrante. / Concello

Hace unas semanas recibió un homenaje de sus vecinos en la primera edición de Letras nos Mallos. ¿Emociona más que llegue de la gente que le conoce de cerca?

Me emociona profundamente. Nunca dejo de aceptar un reconocimiento, porque te recuerda lo que has construido y que a la gente le gusta lo que haces. Me quedo con ese recuerdo, pero la persona que soy, mi pensamiento y mi forma de vivir, no cambian en absoluto.

¿Recuerda algún reto o enseñanza de su trayectoria?

He hecho mucha escultura. Mi primera obra pública fue el busto de Luís Seoane. Creo que la primera que realicé en piedra fue la del Emigrante, antes trabajaba principalmente la madera. Al empezar con la piedra, parecía que no era lo mío, pero no tuve miedo.

Siempre realizo un pequeño boceto y le doy muchas vueltas hasta conseguir lo que busco. El barro me permite poner y quitar. Una vez que tengo ese modelo a pequeña escala, ya no hay problemas. Si el boceto funciona, pasar al tamaño grande es puro oficio. La obra tiene que nacer ahí, modelando con las manos.

¿Hubo alguna obra, personaje o proyecto con el que soñó y que no pudo hacer realidad?

Pues la verdad es que no. Al venir a A Coruña, nunca imaginé que haría tantas obras aquí. Han sido muchas y en todas he puesto mi cariño y mi sentir. Algunos trabajos son temas libres, que son los más bonitos porque dan mayor satisfacción. Otros han sido encargos, como bustos para personalidades, pero en todos he puesto el mismo empeño.

Si tuviese que quedarse con un momento de su trayectoria, ¿cuál sería?

Hay muchos momentos, no podría quedarme con uno solo. Me alegro por todo el camino recorrido porque siempre pongo afecto en lo que hago. Cuando termino una pieza, guardo ese cariño, pero afronto el siguiente proyecto con las mismas ganas. Ese sentimiento se va transmitiendo de una obra a otra.

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