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Una investigación de la USC revela que algunas prácticas agrícolas «más sostenibles» no siempre son mejores para el medio ambiente

La investigación de Sara Lago Olveira analiza distintas alternativas agrícolas y destaca la importancia de estudiar sus efectos de forma integral y teniendo en cuenta las características de cada territorio

Detalle de un laboratorio de la USC

Detalle de un laboratorio de la USC / Santi Alvite

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Diego Mosteiro Riveiro

Una investigación de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) ha puesto de manifiesto que algunas prácticas agrícolas presentadas como alternativas más sostenibles no siempre ofrecen un mejor comportamiento ambiental cuando se analizan de forma integral.

El trabajo, desarrollado por la investigadora Sara Lago Olveira, se centra en la evaluación ambiental de diferentes prácticas agrícolas mediante el Análisis del Ciclo de Vida (ACV), una de las principales metodologías utilizadas para medir los impactos ambientales asociados a productos y actividades.

Analizar más allá de los beneficios aparentes

La investigación parte de una premisa: una alternativa considerada más sostenible no tiene por qué serlo en todos los aspectos. Según Lago, los sistemas agrarios dependen de servicios proporcionados por los ecosistemas, como la fertilidad del suelo, la regulación del agua o el almacenamiento de carbono, pero también pueden alterar la capacidad de estos ecosistemas para proporcionarlos.

Sin embargo, los métodos convencionales de evaluación ambiental no siempre tienen en cuenta estas interacciones ni las diferencias existentes entre unos territorios y otros. Por ello, la tesis busca desarrollar herramientas que permitan obtener una visión más completa y ajustada al contexto antes de determinar si una práctica supone realmente una mejora ambiental.

Del monocultivo a nuevas formas de gestión

Para ello, el estudio analizó diferentes alternativas agrícolas. Entre ellas se encuentran las rotaciones de cereal y leguminosa frente a los monocultivos, así como distintas estrategias de gestión en los viñedos. También se estudiaron prácticas como el uso de ozono para el control de plagas y la sustitución de fertilizantes minerales por vermicompost.

Los resultados muestran que algunas de estas alternativas no presentan una ventaja ambiental clara frente a las prácticas convencionales. Es el caso del uso de ozono para controlar plagas y del reemplazo de fertilizantes minerales por vermicompost. La investigadora destaca así la importancia de evaluar cada alternativa de manera rigurosa, teniendo en cuenta tanto sus posibles beneficios como las compensaciones o impactos que puedan generar.

Incorporar el territorio y los servicios de los ecosistemas

La tesis también introduce avances metodológicos destinados a mejorar el Análisis del Ciclo de Vida. En concreto, se desarrollaron factores de caracterización capaces de incorporar la dimensión espacial y valorar cómo las actividades agrícolas pueden afectar a servicios ecosistémicos como la purificación del agua, el control de la erosión del suelo y el secuestro de carbono.

Además, el trabajo desarrolló factores de emisión adaptados a diferentes contextos de cultivo del arroz, con el objetivo de que las evaluaciones ambientales tengan en cuenta las particularidades de cada zona productiva.

En conjunto, los resultados de esta investigación de la USC plantean que avanzar hacia una agricultura más sostenible requiere algo más que sustituir unas prácticas por otras consideradas, a priori, más ecológicas. La evaluación de sus efectos de forma global y teniendo en cuenta las características de cada territorio puede resultar clave para tomar mejores decisiones y avanzar hacia sistemas agrícolas más sostenibles y resilientes.

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