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“No recuerdo un año igual”: la sequía puede reducir a la mitad la cosecha de maíz de algunas granjas gallegas

La falta de lluvia se ceba con el cultivo de este cereal fundamental en la alimentación de las vacas al suponer hasta la mitad de cada ración. Dificulta la formación del grano y seca las hojas, lo que merma la producción de forraje propio de las ganaderías de leche gallegas y aboca a muchas a gastar más dinero en comida

El ganadero Nilo Costoya en una de sus fincas sembradas con maíz en Melide

El ganadero Nilo Costoya en una de sus fincas sembradas con maíz en Melide / Cedida

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Santiago

A estas alturas del año, el paisaje de cualquier zona de la Galicia rural con vocación láctea está salpicado de grandes extensiones de terreno repletas de plantaciones de maíz. Este cereal es una de las principales bases de la alimentación de las vacas en la primera potencia lechera de España y la novena región productora de Europa. La gran mayoría de las granjas gallegas siembran decenas de hectáreas para elaborar forraje propio, y también hay quienes lo cultivan para su venta a otras explotaciones.

Cada año, los ganaderos se encomiendan a la meteorología esperando una buena campaña tras invertir miles de euros en estas plantaciones en busca de un ingrediente con mucho peso en lo que comen cada día sus reses, pues el silo de maíz supone entre el 40 y el 50% de la ración en las zonas más productoras de Galicia. Pero en esta ocasión sus plegarias no han sido escuchadas. «É un ano malo par o millo», coinciden quienes llevan años sembrando y recogiendo. Basta con acercarse a las fincas para encontrar, en muchas de ellas, plantas con las hojas quemadas y con mazorcas más pequeñas de lo normal en la recta final de esta campaña, o directamente sin espiga en los casos más extremos. El grano, componente esencial en el menú de las vacas como fuente de energía para la producción de leche, escasea, mermando una cosecha cuya cantidad y calidad juegan un papel determinante en los costes de producción de las granjas.

Finca sembrada con maíz en el concello de Santa Comba

Finca sembrada con maíz en el concello de Santa Comba / Cedida

El estrés hídrico complica la formación del grano

La sequía es la principal culpable. A las plantas no les gusta el calor sofocante, pero lo que más echan en falta este verano es el agua: unos días de lluvia en condiciones para poder recuperarse, al menos parcialmente, del estrés hídrico al que están sometidas y que dificulta la formación de la mazorca. Esa es la fase en la que se encuentra ahora el cultivo y resulta clave, pues lo que se busca con el maíz es obtener la mayor cantidad y calidad de grano posible. Por otro lado, las hojas secas no tienen el mismo valor nutricional que las verdes.

No es un problema menor para las ganaderías. El coste por hectárea de maíz puede superar los 2.000 euros, una inversión que merece la pena, pues la forma más económica de alimentar al ganado es producir forrajes propios, siempre que se haga bien, para tener que recurrir lo mínimo posible al mercado. En esto Galicia tiene una ventaja competitiva. Pero en años malos, en los que se obtienen menos kilos de maíz, las ganaderías se ven abocadas a completar la alimentación de las vacas por otras vías: comprando otras plantaciones de maíz, adquiriendo harina de maíz o paja de zonas como Castilla. Recurrir al mercado ya es de por sí más caro y, como la sequía no solo está pasando factura al campo en Galicia, los precios se disparan aún más. La conclusión es que alimentar a las vacas saldrá más caro para muchas granjas por los efectos del cambio climático.

Es cierto que el escenario puede cambiar considerablemente de unas ganaderías a otras. Una de las razones es que la sequía no castiga por igual a todas las comarcas lácteas de Galicia, e incluso en una misma zona puede haber diferencias sustanciales entre unas fincas y otras, dependiendo de las características del terreno (si retiene más o menos agua), o de si la siembra es más temprana o tardía.

«No recuerdo un año igual»

Algunas de las granjas más castigadas de Galicia se encuentran en la provincia de Lugo. Es el caso de SAT Seixas, en Taboada. «Desde que siembro maíz no recuerdo nada igual. Hay plantas que parece que las han quemado con un soplete de arriba abajo, incluso en fincas pesadas. Hemos tenido años malos, pero es la primera vez que veo algo así, y llevo muchos años sembrando maíz», comparte Manuel Arias, uno de los propietarios de esta ganadería, que transforma parte de la leche que produce en helados bajo la marca Xeou.

Manuel Arias, de SAT Seixas en Taboada

Manuel Arias, de SAT Seixas en Taboada / Cedida

Ya han tenido que ensilar una parte del maíz sembrado sin apenas mazorca: «Estaba quemado, era paja, no llegó a espigar». Manuel señala que, incluso en fincas que retienen más humedad, en ensilado se adelantará unos 20 o 25 días: «No se llegará a formar ni el 20% de la espiga», lamenta. Con ese telón de fondo, estima que obtendrán unas 15 o 20 toneladas por hectárea de media, frente a las entre 35 y 40 de un año medianamente bueno. Esto significa que tendrán que encajar una caída de la producción prácticamente del 50%. «Es tremendo», lamenta este ganadero.

Reconoce que la producción de forraje en la zona donde se ubica SAT Seixas es compleja, pues las temperaturas alcanzan valores extremos. Es habitual sembrar el maíz temprano, en torno a mediados de abril, y recogerlo también temprano. Manuel incide en que el impacto que este año está teniendo la sequía en sus plantaciones es inédito: «No solo se pierde dinero gastado en sembrarlo sino que hay que comprar maíz donde lo haya».

Plantas secas y mazorcas en formación

Plantas secas y mazorcas en formación / Cedida

Zonas menos castigadas

A unos 80 kilómetros de distancia, en el concello coruñés de Frades, Finca Fonteboa SAT también acusa los efectos de la ausencia de lluvia en el cultivo, aunque con menor intensidad. Esta ganadería, con unas 350 vacas en ordeño y un total de 730 cabezas de ganado, destina toda su base territorial a sembrar maíz, unas 140 hectáreas. Dentro de esa amplia superficie hay fincas que aguantan más la humedad y otras donde las plantas están estresadas, por lo que ya dan por hecho que la producción bajará con respecto a las campañas pasadas. «Es temprano para calcular cuántos kilos perderemos, pero serán bastantes menos», indica Daniel Mella, segunda generación en Finca Fonteboa SAT. Cuenta que, allí donde el terreno es más seco, la apariencia de la planta es «bastante mala» en plena formación de la mazorca. «Lo más preocupante es la calidad, nos faltará grano», señala.

Destaca, con todo, que vienen de unos años «exageradamente buenos» de producción, con rendimientos de más de 60.000 kilos por hectárea, un resultado «atípico» que hace que la merma de este año se note más. Daniel explica que si la lluvia hiciera acto de presencia ahora todavía llegaría a tiempo para ayudar a la formación de la mazorca, pero las previsiones no apuntan a un giro meteorológico. Conscientes de que el tiempo puede jugar malas pasadas, en esa ganadería optan por hacer colchón y guardar un poco de maíz de años buenos para capear los malos. «Siempre sembramos hectáreas de más para garantizar que no nos falte maíz de forraje», cuenta Daniel. Si sobra, una parte de la siembra suelen destinarla a grano húmedo.

En esta ganadería pesan todos los años los kilos que obtienen por hectárea, por lo que llevan un buen control del rendimiento. Daniel explica que a veces las apariencias engañan y ocurre que una campaña acaba siendo mejor o peor de lo esperado. A la espera de tener los datos de este año, optan por analizar el comportamiento del cultivo durante más de un año para sacar conclusiones: «Si cogemos los últimos cinco años, los rendimientos fueron buenos», señala.

Daniel Mella, de Finca Fonteboa SAT

Daniel Mella, de Finca Fonteboa SAT / Cedida

Desde Melide, el ganadero Nilo Costoya prevé una caída de la producción de maíz de entre el 25 y 30% con respecto a la campaña pasada. Aun así, considera que será una cosecha «aceptable» teniendo en cuenta que la de 2025 fue muy buena. En su caso tiene fincas de monte muy perjudicadas y otras con más fondo donde el cultivo avanza razonablemente bien.

¿Del secano al regadío?

En cualquier caso, los nuevos patrones meteorológicos plantean una pregunta: ¿se verán las granjas abocadas a implantar en un futuro sistemas de riego como en otras partes de España para blindar las cosechas de maíz contra la sequía? La propia estructura de la tierra en Galicia, con fincas pequeñas y dispersas, dificulta el salto al regadío, que solo se usa en una pequeña zona de Lugo, pero si las primaveras y veranos secos se convierten en la tónica habitual los ganaderos tendrán que tomar medidas.

Finca de maíz en Frades

Finca de maíz en Frades / Cedida

José Manuel Pedreira, que trabajó durante años en casas de semillas de maíz y ahora es técnico en la Oficina Agraria de Carballo, apunta a opciones como adelantar la siembra, siempre que la meteorología lo permita, o el cultivo de maíz en franjas mediante un sistema de mínimo laboreo. Con este modelo, usado en algunas zonas de Galicia, solo se ara la tierra que se planta y con una pasada también se siembra y abona, lo que reduce el movimiento del terreno y disminuye la pérdida de humedad.

Galicia concentra más del 60% de la superficie dedicada al cultivo de maíz forrajero en toda España, superando las 70.000 hectáreas.

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