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El narcotráfico desplaza sus rutas hacia A Coruña para esquivar la presión policial en las Rías Baixas

Fernando Alonso, gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico, vincula el auge de las incautaciones en la provincia con la estrategia de las organizaciones para buscar zonas menos vigiladas

Proa del narcosubmarino hundido en enero de 2025 en la ría de Camariñas

Proa del narcosubmarino hundido en enero de 2025 en la ría de Camariñas / Gustavo de la Paz

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Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

Los narcotraficantes modifican sus rutas de entrada en Galicia en función de la presión policial. Así lo explica Fernando Alonso, gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico (FGCN), tras conocerse que la provincia de A Coruña concentró el pasado año casi siete de cada diez kilos de cocaína incautados en la comunidad.

Para Alonso, el fuerte incremento de la cocaína decomisada en A Coruña no permite hablar de un cambio estructural en las rutas del narcotráfico, si no de una decisión puntual en función de la vigilancia policial. «Se trata de un cambio de estrategia criminal. Cuando los narcotraficantes detectan una mayor vigilancia en determinados puntos, van hacia ese lugar, donde consideran que pueden introducir la droga con mayor facilidad», explica el responsable de la FGCN.

Fernando Alonso, Gerente de la Fundación Galega Contra o Narcotráfico

Fernando Alonso, Gerente de la Fundación Galega Contra o Narcotráfico / diego real garcía

Esta dinámica puede ayudar a explicar el creciente protagonismo de la Costa da Morte y las Rías Altas en las operaciones contra el tráfico de cocaína. Alonso recuerda que estas zonas no son nuevas para las organizaciones criminales. No obstante, reconoce que adquieren mayor relevancia cuando aumenta la presión sobre otros puntos de la costa.

Las Rías Baixas, señala, han estado históricamente «en el punto de mira» tanto de las organizaciones criminales como de los dispositivos policiales destinados a combatir el narcotráfico. En otras áreas, donde existe «menos foco» y, según apunta, «menos medios», los traficantes pueden encontrar oportunidades para introducir la droga.

Una costa imposible de vigilar por completo

El problema, según Alonso, es que la extensión del litoral dificulta mantener una vigilancia permanente sobre todos los posibles puntos de entrada. Galicia cuenta con miles de kilómetros de costa, pero el conjunto de la fachada atlántica de la península —con Portugal y las provincias andaluzas de Huelva y Cádiz— es un objetivo para los narcos. Ante ese escenario, las organizaciones van modificando sus rutas a medida que las fuerzas de seguridad refuerzan determinados enclaves.

«No se puede vigilar una zona de costa tan grande al milímetro», resume el gerente de la FGCN, que define esta dinámica como un «juego de acción reacción»: cuando se refuerza la vigilancia en un punto, los narcotraficantes intentan entrar por otro.

La organización considera que este fenómeno está estrechamente relacionado con los medios disponibles para controlar el litoral. Alonso recuerda la reivindicación histórica de los profesionales de la Guardia Civil y la Policía Nacional para disponer de más efectivos y medios materiales destinados a la vigilancia de las costas.

«Ellos, los narcotraficantes, mejor que nadie, saben dónde están los puntos débiles que tratan de aprovechar», sostiene.

La producción aumenta

Para el gerente de la FGCN, más allá de la comparación entre un año y otro, las cifras de incautaciones de cocaína reflejan la dimensión de un problema que sigue siendo de gran magnitud. «Nos movemos en números altísimos», advierte.

Según Alonso, el problema lejos de disminuir va a más ya que «la producción de cocaína no deja de aumentar y estas organizaciones criminales buscan el modo de introducirla en los mercados de consumo como pueden ser Europa o los Estados Unidos». Para el responsable de la Fundación Galega Contra o Narcotráfico, un ejemplo de la vasta producción de cocaína existente a día de hoy se ve en el precio: «Hace ocho años, un kilo de coca costaba 30.000 euros. En este momento, la mitad, 15.000»

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