Las grandes plantaciones de árboles en las cabeceras de los ríos de Galicia agravan la sequía
El experto en suelos de la USC Augusto Pérez Alberti señala que la Galicia "mal forestada" consume el agua superficial y subterránea de los terrenos húmedos

Río Bazar, en la cabecera del Xallas: a la derecha en 2005 y a la izquierda hoy / ECG

Detrás de los periodos de sequía cada vez más recurrentes y extremos que sufre Galicia está, principalmente, el cambio climático. La tendencia consolidada de menos lluvia, peor repartida a lo largo del año y una mayor evaporación por el aumento de las temperaturas es un cóctel que merma los recursos hídricos. Pero hay más: el impacto de la dinámica humana. En concreto, la transformación que sufre el rural gallego en las últimas décadas y que, entre otras consecuencias, ha rediseñado el paisaje agrario, impulsando grandes plantaciones de árboles, especialmente eucalipto y pino, y por desgracia no siempre ajustadas a la legalidad. Porque cuando estas se concentran cerca de manantiales, cabeceras de ríos o pequeños humedales, exprimen el agua del terreno y agravan la sequía.
El problema no es nuevo, pero tan solo asoma al debate público en años especialmente secos como el actual. Diversos colectivos y particulares denunciaron en las redes esta situación, que ya llegó también alguna vez a la agenda política. Estos días no hay que alejarse mucho de Santiago para comprobarlo, porque en la vecina Santa Comba alertan de la situación extrema que vive el Xallas, uno de los grandes ríos de Galicia y que hoy agoniza en su tramo alto.

Río Xallas en la cabecera, en Castriz, casi seco / Cedida
"Tenemos un problema enorme con la gestión del territorio porque drenamos humedales durante los últimos 20 años para plantar eucaliptos", denuncian. Riachuelos como el Bazar o el Boaña, que son la cabecera del Xallas, llevan semanas totalmente secos. Las fotos satélite de hace dos décadas (2005) mostraban entonces unos cauces rodeados de brañas (como se denominan los humedales en Galicia) y terrenos de cultivo. Hoy, su lugar está ocupado por enormes masas forestales. "Cada eucalipto pude consumir hasta 100 litros al día; las matemáticas con sencillas", lamentan algunos vecinos.
Y dejan claro que no es un debate de eucalipto sí o eucalipto no, ya que reconocen y respetan la riqueza que genera el sector forestal. Se trata, añaden, de la necesidad de alguna protección de esos pequeños tesoros naturales que son las brañas y las cabeceras de ríos, especialmente sensibles al cambio climático y la acción del hombre y que son la base que surte de agua la Galicia de los mil ríos.

Otro ejemplo de la cabecera del Xallas es el riachuelo Mira: a la derecha en 2005 y a la izquierda en 2026 / Cedida
"Pasamos de una Galicia deforestada en los 60 a una Galicia muy forestada y, sobre todo, mal forestada"
La ciencia corrobora demás su queja. "Uno de los problemas es que pasamos de una Galicia deforestada en los años 50 y 60 a una Galicia muy forestada y, sobre todo, muy mal forestada". Lo dice Augusto Pérez Alberti, catedrático de Geografía Física de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), experto en geomorfología y en suelos, que constata que esa dinámica humana agrava o acelera el efecto del cambio climático en la sequía.
"Las brañas y humedales son habitualmente suelos de muy mala calidad, deprimidos y muy encharcados, a menudo arcillosos, lo que dificulta la circulación del agua, por eso se acumula en ellos", explica. Esa acumulación de agua es la que "poco a poco" se va liberando para formar los riachuelos que, entre varios, conforman los grandes ríos.
Como terrenos malos que son, en agricultura siempre se les dio poco valor, de ahí su abandono o su venta a coste muy bajo. Eso provocó que muchos de sus propietarios optasen por plantar árboles en ellos y despreocuparse, más allá de sacar una corta de madera para ingresar dinero cada cierto tiempo.
"Al eucalipto, por ejemplo, le encantan eso terrenos", añade Pérez Alberti. Pero advierte que, "si se plantan árboles ahí, por un lado absorben el agua que hay, de modo que ya no llega jamás a los regatos; y por el otro impiden que el agua de la lluvia escurra hacia esas brañas para seguir alimentándolas". Al final, el bosque se impone y el acuífero colapsa. Por eso los regatos que surten al Xallas van hoy completamente secos ya que nadie los nutre a ellos.

Ejemplo contrario: el río das Dornas no sufrió alteración de paisaje y hoy lleva agua / Cedida
"Hay un problema porque llueve menos, que es innegable", apunta el geógrafo. "Pero también hay una dinámica humana de plantación en lugares donde no se debería". De hecho, el impacto es mayor del que se cree, sea un eucalipto, un pino, un ameneiro, una acacia o un salgueiro. "Hay un agua superficial, la que encharca e suelo, y otra subterránea que está metida en los huecos del subsuelo, la habitual de los pozos y que también se libera poco a poco hacia los ríos", detalla Pérez Alberti. "Pero si hay árboles, cuando acaban una después tambien absorben la otra".
Los pequeños riachuelos gallegos quedan fuera de las grandes normativas de protección
La legislación gallega no tiene un apartado concreto para la protección de estos espacios en materia foresetal. Es decir, no hay una ley que diga literalmente que no se plante en una braña, a diferencia de lo que ocurre con los grandes humedales protegidos, donde a través un decreto de 2008 y una ley de 2019, sí se veta la introducción de especies de flora no autóctonas y las acciones que causen alteraciones hídricas. Pero las brañas no son grandes humedales así que muchas veces ni siquiera están bien localizadas en los mapas.

El pequeño Dornas, afluente del Xallas que conserva su caudal / Cedida
Y la ley de montes de Galicia de 2012 fija distancias mínimas de los árboles a los ríos, que son de 5 metros para las especies autóctonas y 15 para el eucalipto. Pero legalmente solo se aplica a cauces de al menos dos metros de ancho, lo que en muchas cabeceras de ríos no se alcanza ya que son riachuelos entre prados. Además, igual que ocurre con las distancias de los árboles a las carreteras, existen normas pero a la Administración le resulta casi imposible de controlar, y más en la Galicia de los mil ríos. Lo que desemboca en cierta barra libre, como ocurrió en su día en materia de urbanismo, que durante años se rigió por el "deixa facer".
La pregunta que surge ahora que aprietan las sequías es si realmente la situación es reversible. A nivel legislativo, evidentemente sí. Y a nivel científico parece que también. Según Augusto Pérez Alberti, los terrenos húmedos de Galicia lo son por sus condiciones y siempre van a tender hacia ello. "Son terrenos que podrían recuperarse arrancando los árboles".
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